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desaparecido el pasado 3 de abril

Dos niños de 8 y 6 años hallan el cadáver del franciscano desaparecido

Los pequeños, que paseaban a su perro, ponen fin a una búsqueda de 12 días
El cuerpo no tenía signos de violencia y yacía semioculto en una zona de difícil acceso

Mikel Mujika Ruben Plaza - Sábado, 16 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Momento del levantamiento del cadáver de Ildefonso Alustiza, ayer a las 17.40 horas, en una zona de caseríos de Azpeitia.

Momento del levantamiento del cadáver de Ildefonso Alustiza, ayer a las 17.40 horas, en una zona de caseríos de Azpeitia.

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Momento del levantamiento del cadáver de Ildefonso Alustiza, ayer a las 17.40 horas, en una zona de caseríos de Azpeitia.Ildefonso Alustiza, de 84 años.El cuerpo del religioso yace en el suelo junto a los arbustos.

azpeitia- Un niño de ocho años y una niña de seis, primos, encontraron ayer a 100 metros de su caserío de Azpeitia el cadáver del franciscano de 84 años desaparecido el pasado 3 de abril, Ildefonso Alustiza, tras doce días de infructuosa búsqueda por parte de la policía autonómica. Dieron con él en una zona de difícil acceso, alejada de los caminos que conducen a los caseríos situados en la zona del alto de San Migel de Azpeitia. Los pequeños se habían acercado allí por curiosidad mientras paseaban a su perro Lani.

Se acabó la incertidumbre para la familia del religioso. El cadáver de Ildefonso Alustiza fue hallado ayer semioculto, acurrucado entre unos arbustos que delimitan una propiedad privada de una casa a la que se accede desde la calle Arana Goikoa del casco urbano, por un camino particular de gran pendiente. A un kilómetro de la Basílica de Loiola. A la zona también se accede desde la iglesia de Las Esclavas.

El cadáver apareció en uno de los extremos de esta propiedad privada, en la delimitación con otro terreno particular por el que no pasa ningún camino;y hasta ese lugar solo se puede acceder por monte, bien bordeando la finca cerca de una alambrada, o bien atravesando la misma, protegida por una verja, lo que apunta a que el religioso pudiera haberse desorientado.

El cuerpo no registraba signos de violencia, según confirmaron fuentes oficiales de la Ertzaintza. Sin embargo, testigos oculares aseguraron a este periódico que el anciano tenía “varios rasguños en el rostro y tierra entre las uñas de los dedos”. Fueron los vecinos del caserío Otzaka Berri quienes dieron la voz de alarma a las 13.43 a la Guardia Municipal de Azpeitia. El cuerpo no fue levantado hasta las 17.40 horas, después de que miembros de la Ertzaintza inspeccionasen el lugar del fallecimiento.

en busca de un balónEl hallazgo fue cosa de niños. Dos primos de ocho y seis años del caserío Otzaka Berri de Azpeitia cogieron a su perro Lani y se adentraron por una ladera de monte hacia el caserío contiguo, Baiolegi Berri. Allí habían visto unos días antes cómo a los vecinos se les escapaba un balón hacia una zona de difícil acceso. Los familiares de los pequeños reconocían que “no solemos ir ahí para nada”, por lo que el cuerpo del religioso podría haber permanecido varios días más sin que nadie reparase en él. Pero esta vez los niños “querían ver si se podía acceder por algún lado a la zona donde se escapó el balón”, reconocieron.

Cuando los primitos se presentaron en casa diciendo que habían encontrado a un hombre tirado entre los arbustos, la madre del mayor de ellos no quería creérselo. Pero los niños fueron aportando “más detalles” sobre su postura y su ropa. “Decían que tenía el cuerpo a la vista y las piernas al otro lado de unos arbustos”, explicó a NOTICIAS DE GIPUZKOA una de las madres. “Al principio nos extrañó un poco, pero cuando empezaron a dar detalles y dijeron que llevaba ropa oscura, yo me empecé a temer que fuera él”, dijo.

Inmediatamente se dirigió allí con la pequeña de seis años, su sobrina, ya que el mayor de ocho no quiso regresar al lugar. El cadáver se encontraba semioculto y “no era fácil verlo. Yo estaba justo al lado y no veía nada, hasta que la niña me dijo, está ahí mismo”, afirma esta testigo directo.

Y así era. Fueron momentos de angustia y nervios. “Lo primero que hicimos fue llevar a los niños a la escuela y mantenerles dentro de la normalidad, tratando de quitar hierro a lo que habían visto”, aseguró la madre del niño. “Yo he querido ir a verlo, para ver qué se había encontrado mi hija”, añadió la madre de la niña. “Estaba bastante tapado, pero no sabes cómo lo habrán encajado los niños”.

lejos del cocheEl cadáver de Ildefonso Alustiza llevaba doce días desaparecido en ese lugar y se encontraba en fase de descomposición. Desapareció el domingo 3 de abril por la tarde, después de una comida familiar en un restaurante junto a la Basílica de Loiola. Según la familia, Ildefonso abandonó el banquete arguyendo que iba a visitar a una hermana que vivía en la residencia de Azpeitia, pero nunca llegó allí.

La localización de su vehículo, dos días después, mal estacionado en el otro extremo de Azpeitia, en la calle Urola, levantó la voz de alarma. Se activó un dispositivo de búsqueda en el que durante días participaron las Unidades de Rescate de Montaña y Buceo, así como con la Unidad Canina de la Policía Vasca y un helicóptero. Sin éxito.

Los agentes de la Ertzaintza inspeccionaron varias rutas que podría haber emprendido el religioso a pie desde donde apareció su coche. Se rastrearon las carreteras que conducen desde Azpeitia hasta Tolosa, donde el sacerdote tenía su residencia, en un convento de los franciscanos. También se inspeccionaron otras rutas alternativas, por los altos de Udana y Urraki, así como pistas que conducen a varios caseríos. Sin embargo, el cuerpo se encontraba alejado de cualquier camino.

La aparición del cadáver en las inmediaciones del alto de San Migel apunta a que el sacerdote pudo haberse desorientado, ya que esta zona se encuentra bastante alejada de donde se encontró su vehículo, un Renault Kangoo. De hecho, la zona en la que apareció el cuerpo se halla más cerca del restaurante del que el sacerdote partió que de donde estacionó su coche.

Alustiza debió atravesar todo el casco urbano de Azpeitia y, ya cerca de encarar la recta hacia Loiola, girar hacia el barrio Izarraitz, a la derecha, y coger un camino particular de gran pendiente por el que no transita nadie más que el propietario de la finca donde apareció.


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