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El día en que la gente de Urola Erdia se alzó contra los ‘jauntxos’

Ayer se cumplieron 250 años del estallido de la matxinada de 1766;una revuelta que iniciaron los vecinos de azkoitia y azpeitia y que se extendió por gipuzkoa

Reportaje y Fotografía de Jabi Leon - Viernes, 15 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Josu Labaka, Izaro Zinkunegi y Aitor Arruti muestran la revista del 250º aniversario de la Matxinada ante la que fue la casa del corregidor.

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Josu Labaka, Izaro Zinkunegi y Aitor Arruti muestran la revista del 250º aniversario de la Matxinada ante la que fue la casa del corregidor.

La de ayer, día 14 de abril, es una fecha que debe figurar con letras de oro en la historia de Gipuzkoa. Por dos razones. Por un lado, porque ese día de 1931 Eibar se convirtió en la primera localidad del Estado en proclamar la II República. Y por otro, porque esa misma jornada de 1766 los vecinos de Azkoitia y Azpeitia se sublevaron contra las autoridades y los jauntxos (señoritos) de la época, dando origen a una importante revuelta popular que más tarde se extendería por buena parte del territorio de Gipuzkoa (y varias zonas de Bizkaia).

Así, ayer se cumplieron 85 años de la proclamación de la II República y 250 años de la sublevación protagoniada por la ciudadanía de Urola Erdia, conocida como la matxinada de 1766 por la decisiva intervención que, junto a la población campesina, tuvieron los matxines (herreros y ferrones) en la histórica revuelta.

El origen de aquella sublevación popular se enmarca en un contexto de grave crisis económica;tanto en Gipuzkoa como en el resto del reino de Castilla. Y es que, entre 1761 y 1765, aquella España de Carlos III vio como las malas cosechas habían duplicado el precio de un alimento de primera necesidad como el trigo (la fanega pasó de costar 843 a 1.657 maravedís).

En consecuencia, eran tiempos de hambre para la ciudadanía que, además, tenía que pagar en especie los alquileres de las tierras a unos jauntxos que seguían haciendo acopio de cereal para su exportación y su mayor enriquecimiento.

Todo ello, mientras la ciudadanía de a pie tenía poco más que sol y aire para llevarse a la boca.

En ese contexto, la gota que colmó el vaso se derramó en Azkoitia. Fue en el momento en que unos zapateros y herreros de la villa vieron como unos caballos cargados con sacos de grano se encaminaban a la salida del pueblo. Según recoge el historiador Ignacio Suárez-Zuloaga en uno de sus textos sobre la segunda matxinada “grave” de Gipuzkoa (la anterior fue en 1718), “enfurecidos”, aquellos zapateros y herreros de Azkoitia “detuvieron a los que conducían los caballos y se enfrentaron a la autoridad hasta llegar a provocar una sublevación que tendría las más inesperadas consecuencias”.

Y es que apenas hicieron falta unas horas para que la revuelta popular se propagara a la vecina Azpeitia, donde en las jornadas siguientes el motín se radicalizó. Al mismo tiempo, las expresiones de protesta ciudadanas siguieron extendiéndose por otras localidades del Urola y el Deba como “Elgoibar, Eibar, Mondragón, Deva, Motrico, Zumaya, Cestona, Guetaria o Zarauz”;mientras que “algunas autoridades y jauntxos” de ambos valles “huyeron a San Sebastian o se encerraron en sus casas”.

Sea como fuere, la situación se tornó especialmente virulenta entre los oficiales y peones que trabajaban en la construcción del colegio de los Jesuítas, en el barrio de Loiola.

La matxinada de 1766 estuvo motivada por el hambre de la población y el alto precio del trigo, escaso tras un lustro de malas cosechas

Conscientes de las dimensiones que estaba adquiriendo la matxinada y de las consecuencias que su expansión podría tener para su status quo, las autoridades de la época no tardaron en reaccionar. Así, el 23 de abril hicieron salir desde San Sebastián un contingente del ejército formado por 300 soldados y vecinos de Irún, Oyarzun, Rentería, Hernani y Urnieta. Acompañado por el alcalde donostiarra, Manuel Arriola, el coronel Kindelán y “dos de los principales jauntxos de la comarca del Urola, el conde de Peñaflorida y el marqués de Narros, que además eran dirigentes de los caballeritos de Azkoitia (miembros de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País)”, el contingente puso rumbo a Azpeitia.

Partió decidido a poner fin a los saqueos, incendios y demás ataques que se estaban empezando a multiplicar contra estancos, aduanas, levas y demás lugares utilizados para el acaparamiento de comestibles.

Al llegar a la comarca no encontraron prácticamente resistencia, “aunque la entrada de las tropas en el santuario de Loyola -violando la inmunidad de un lugar sagrado- se hizo a pesar de la oposición de los jesuitas, que protestaron por dicho atropello”.

Los jauntxos exigieron fuertes medidas represivas contra los responsables de la matxinada (en dos días hubo más de 300 detenidos);pero al final sólo hubo 60 condenas a prisión y ninguna ejecución. Además, “para apaciguar a la gente soliviantada y aislar a quienes habían participado en las violencias de la matxinada, la Diputación de Guipúzcoa repartió trigo hasta bajar artificialmente su precio”.

Sin embargo, en la Corte del rey se corrió el rumor de que los jesuitas habían azuzado la revuelta. Eso bastó para que los religiosos de la orden se convirtieran en los perfectos “cabezas de turco” de la matxinada de 1766. Y es que, “sin comerlo ni beberlo” fueron expulsados del país y todas sus propiedades, algunas de las cuales acabaron en manos de sus enemigos, confiscadas por la Corona.

En Azkoitia y Azpeitia

El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Azpeitia, Josu Labaka, la integrante de la Mesa de la Cultura de esa localidad, Izaro Zinkunegi y el miembro de la asociación de euskera azkoitiarra Maxixatzen, Aitor Arruti, presentaron ayer el programa que han elaborado conjuntamente con el doble objetivo de conmemorar el 250º aniversario de la matxinada de 1766 y de dar a conocer aquellos acontecimientos entre la ciudadanía.

Las actividades arrancarán el próximo martes en el centro cultural Sanagustin de Azpeitia, donde se inaugurará una exposición sobre la matxinada que el mes que viene recalará en la sala Torre Zuri de Azkoitia.

El programa continuará con un ciclo de conferencias en el que Iñigo Aranbarri, Juantxo Madariaga, Joseba Zuazo, Oihane Oliveri y David Zapirain abordarán la revuelta desde diferentes perspectivas como la economía, la cultura y el humor, la sociedad, el rol de la mujer o el control social posterior. Azkoitia acogerá tres de esas charlas (los días 10 y 18 de mayo y 1 de junio) y Azpeitia otras tres (el 25 de mayo y los días 8 y 15 de junio).

Además, se llevará a cabo un recorrido por los edificios históricos de aquella época y “partiendo de una obra escrita por Imanol Elias”, en abril de 2017 se realizará “un acto popular con la participación de los colectivos”.


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