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Tribuna abierta

14 de abril hace 85 años, katea ez da eten

Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Jueves, 14 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:18h

José Manuel Bujanda

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José Manuel Bujanda

Cuando hace ya 85 abriles, el 14 de dicho mes de 1931, se produce la proclamación de

la II República, existe ya en Euskadi una amplia conciencia a favor del autogobierno vasco.

Esa conciencia es consecuencia lógica de los sucesivos fracasos obtenidos por los vascos en las diferentes negociaciones habidas con el gobierno español tras el final de la primera y segunda guerra carlistas. Dicha frustración política y social va a originar a partir de 1876 una corriente cada vez más contraria a tener contactos con los partidos y fuerzas políticas españolas, adoptando por reacción una línea política propia a través de un partido que asumiera los intereses del País Vasco como tal.

Se inicia así un procedimiento de búsqueda de las esencias y de rasgos propios. Y, sobre todo, de la lengua y la cultura vascas, del euskera y de “lo de aquí”. Uno de los principales promotores de este prenacionalismo fue el navarro Arturo Campión. Dicho pre-nacionalismo se caracteriza por una contraposición entre política vasco-navarra y política española, contraposición entre la concepción del País Vasco como nacionalidad con la lengua propia y un pasado de independencia política añadida a un enfoque historicista mediante la utilización de una literatura posromántica que funde historia, leyenda y apología del mundo rural y que condena en términos integristas el liberalismo y el naciente movimiento obrero. Sabino Arana, fundador del PNV, va a ser quien va a modelar el nacionalismo vasco en 1892 en Bizcaia por su independencia;las bases ya las tenía en el prenacionalismo citado.

En el momento en que se proclama la II República en abril de 1931, el PNV, que tiene una gran implantación particularmente en Vizcaya y Gipuzkoa, viene propugnando desde años el autogobierno de la nación vasca de la mano de un Estatuto de Autonomía. En la proclamación de la II República, el PNV está preparado y decidido para lanzar todos sus esfuerzos en pro de la consecución de tal Estatuto. Así, la actividad política en pro del Estatuto se va a extender a tres frentes: la movilización popular, la colaboración entre los ayuntamientos y las fuerzas políticas y el trabajo de colaboración técnica de los especialistas vascos. El trabajo se inicia con entusiasmo por parte de todas las fuerzas: el 17 de abril, tres días después de proclamada la República, se reúnen los ayuntamientos vizcainos en Gernika para “reconocer la República como expresión legítima de la voluntad popular” y “solicitar un gobierno republicano vasco vinculado a la República española”. El 8 de mayo solicitan de la Sociedad de Estudios Vascos un anteproyecto de Estatuto que se elabora en un tiempo récord y que ,con fecha de 31 de mayo ,se entrega a la Comisión de Municipios Vascos. Su declaración preliminar expresa ya bien a las claras el espíritu que acompaña al nacionalismo vasco, representado por el PNV, a la hora de configurar un status para Euskadi: “Se declara que el País Vasco constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia, y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por si mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado Español”.

Al gobierno español no le gustaba que la iniciativa autonómica partiera de los ayuntamientos y no de las Cortes, ni bajo ningún concepto que se estableciese una soberanía originaria a los entes autónomos. La soberanía debía radicar en el Estado, quien delegaría después una serie de competencias a los entes autónomos. Y una desdichada enmienda (la de las relaciones de la iglesia-estado, Prieto: “no permitiremos un Gibraltar vaticanista”), favoreció notablemente a los intereses del gobierno. 420 alcaldes vascos marchan a Madrid, entregando al presidente de la República, Alcalá Zamora, el proyecto de Estatuto, llamado “el de Estella”.

El viaje va a ser inútil. En las sesiones del 22 al 25 de septiembre se aprueban los artículos del Título 1 de la Constitución, en virtud de los cuales la estructura y los principios generales del Estatuto de Estella chocan con la Constitución. La minoría vasco-navarra retira el proyecto y el Estatuto de Estella decae. Tras la proclamación de la República en 1931, el gobierno ordenó que cada gobernador civil nombrase unas Comisiones Gestoras que deberían hacerse cargo de las diputaciones provinciales hasta que se celebrasen las elecciones correspondientes. El PNV se había opuesto a la formación de tales gestoras, sin embargo y tras la aprobación de la Constitución, cambia de postura con la opinión contraria de la derecha tradicionalista aliada supuestamente al PNV. El conflicto que rompería la alianza PNV con la derecha tradicionalista se dio con motivo de la elección de Alcalá Zamora como presidente de la República, que fue apoyada por el PNV. Ello suponía una aceptación tácita del régimen republicano, cuestión inadmisible para las derechas, que se convierten así en uno de los más acérrimos enemigos del Estatuto y de toda reivindicación nacional vasca.

En enero de 1932, se convoca una reunión entre las Comisiones Gestoras y una representación de los municipios a fin de elaborar un nuevo proyecto de Estatuto acorde con la Constitución. Se nombra una comisión encargada de redactar el proyecto, la cual termina sus trabajos el 11 de marzo de 1932. El 19 de junio de ese año se reúnen en Iruñea todos los municipios vascos a fin de aprobar dicho proyecto, que obtiene un respaldo mayoritario en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, pero no en Navarra (109 ayuntamientos votan sí;, 123, no;y 35 se abstienen (posteriormente se ha demostrado que Navarra realmente dijo sí al Estatuto ya que varios comisionados votaron en contra del proyecto aun cuando su corporación municipal respectiva había dado el voto favorable al mismo). El PNV trata por todos los medios de continuar adelante con el proyecto, eso sí, acomodándolo a la nueva situación. Este proyecto de Estatuto es aprobado mayoritariamente en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa con 411.756 votos favorables, 14.196 negativos y 357 en blanco. Nada impedía la promulgación del Estatuto.

Pero no ocurrió así. En las elecciones legislativas celebradas en noviembre de 1933, las derechas resultaron mayoritarias, produciéndose un cambio total de la situación al iniciarse el llamado Bienio Negro, en el que la situación entre los nacionalistas vascos y el gobierno en el poder se hace cada vez más tirante. El proyecto permaneció en el olvido hasta el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. En abril, vuelve a presentarse el proyecto de Estatuto en las Cortes. En julio, la Comisión concluye su dictamen. El 18 de ese mes, parte del ejército se subleva y comienza la tragedia. El 7 de octubre se acuerda, en plena contienda civil, el Estatuto vasco, pero con la victoria franquista y el triunfo de los golpistas se destruyó de cuajo todo vestigio relativo a las reivindicaciones vascas. Las provincias de Gipuzkoa y Bizcaia fueron declaradas “traidoras”.

El PNV apoyó la República, se opuso a los golpistas, sus gudaris murieron en el frente y ante los paredones, sufrió 40 años de represión, resistió a la dictadura en la clandestinidad y guardó y legó el testigo de la democracia, de la libertad y del autogobierno de Euskadi.

Alumbró por fin la democracia y con ella el Estatuto de Autonomía de Gernika. Hoy, 36 años más tarde, Euskadi 2016, “orain bultzada berri bat”, máxime cuando en Nafarroa e Iparralde alumbran a sus ritmos particulares nuevos y esperanzadores nuevos escenarios con una Eurorregión reforzada. Es el Zazpiak Bat en Europa. Hoy toca de nuevo empujar: bilateralidad, negociación, pacto, acuerdo y nuevo estatus. Más estado vasco. Lehendakari: katea ez da eten, aurrera, beti aurrera!

Hoy, en Nafarroa e Iparralde alumbran a sus ritmos particulares nuevos y esperanzadores escenarios con una Eurorregión reforzada. Es el Zazpiak Bat en Europa


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