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Tribuna abierta

Siderurgia vasca y europea, en la encrucijada

Por Xabier Manterola - Miércoles, 13 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

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La crisis del sector siderúrgico se debe a varios factores y no parece que vaya a resolverse con decisiones de la Comisión Europea, pero en Euskadi se dan factores y condiciones que pueden contribuir a hallarla.

Uno de los elementos característicos del sistema económico vasco es el peso del sector industrial. La participación del 21,7% en 2013 es superior a la de la economía del resto del Estado Español y se acerca, por ejemplo, a la de Alemania. Distintas fuentes (aunque no unánimes) indican que una estructura productiva como la de nuestro país, junto con otros elementos como son Concierto Económico, políticas fiscales o políticas sociales, permiten que la Comunidad Autónoma de Euskadi disfrute de unos niveles de calidad de vida comparativamente superiores a los de otras geografías cercanas.

En estos meses parece que nos encontramos en un momento en que uno de los sectores tradicionales de la industria vasca y con gran peso en ella, el siderúrgico, sufre una crisis que lleva a cerrar más del 50% de capacidad de producción de acero líquido de manera definitiva, casi el 70% si se consideran los cierres “temporales indefinidos”. Se puede inferir el efecto económico del cese de actividad de las plantas, tanto directo como en los proveedores de dichas plantas y en la actividad relacionada con los productos fabricados.

Como en muchas otras actividades empresariales, la situación de crisis del sector siderúrgico se debe a varios factores que afectan negativamente a su competitividad y a sus estados financieros. La demanda sufrió una fuerte caída en toda Europa en 2009 que llegaron en el acero al carbono (el más usado) al 25% en productos largos y al 30% de productos planos. Desde entonces, la demanda a nivel europeo ha evolucionado positivamente, pero sin llegar a los niveles anteriores a 2009, según datos de Eurofer.

La estructura de costes de las plantas del Estado Español, el 35% de cuya capacidad se ubica en la Comunidad de Euskadi con 7 millones de toneladas de capacidad de producción de acero líquido, se caracteriza por unos costes de aprovisionamiento de materias primas y con unos costes energéticos comparativamente elevados respecto al centro de Europa. En el primer caso, la chatarra (materia prima principal excepto en los hornos altos de Asturias) proviene en gran medida de esa Europa central, por lo que el extra coste (el diferencial puede llegar al 10% del coste total de producción) se convierte en una desventaja frente a productores centroeuropeos. En cuanto la energía eléctrica, España cuenta en estos momentos con uno de los precios más altos de Europa y se estima que esto supone una desventaja del 3% aproximadamente en costes totales.

Respecto a los costes salariales, en Euskadi, según datos de 2013, siguen la misma dinámica que el resto de la industria: son superiores a la media estatal, acercándose a los niveles del norte de Europa, y superiores a los niveles en los actores siderúrgicos emergentes, como son Turquía o China. Estos diferenciales se compensan con niveles de productividad superiores. Las propuestas de reducciones salariales conllevan un posicionamiento empresarial y por ende un dilema social: ¿Queremos basar nuestra competitividad en salarios bajos? ¿Queremos que los niveles de bienestar de nuestra sociedad se acerque a la de países del Norte de Europa o a los mencionados de Turquía y China?

Los procesos de adaptación a una demanda en reducción conllevan generalmente bajadas de precios y finalmente, si el periodo de reducción de demanda se alarga, el cierre de las instalaciones menos competitivas. A la situación de la demanda actual en Europa se une la importación creciente de productos siderúrgicos desde la República Popular China. Al igual que en otros sectores, China también se ha convertido en el referente mundial de la industria siderúrgica. Desde el año 2000, ha multiplicado su producción por 6,4 veces, alcanzando una producción de 822 millones de toneladas de acero en 2014, según Worldsteel. En el mismo periodo, la Europa de los 28 ha reducido su producción en un 12%, llegando a 169 millones de toneladas. Otro actor más cercano, Turquía, ha multiplicado en el mismo periodo su producción por 2,3, alcanzado 34 millones de toneladas también en 2014.

Han existido y existen dudas sobre si la competencia entre los productores siderúrgicos europeos y los de otros países, como los mencionados anteriormente, se dan en las mismas condiciones de mercado. Para el caso de la producción china de productos planos, las distintas autoridades han impuesto medidas antidumping, pero la Comisión Europea no es la más audaz en estas decisiones. Mientras el gobierno de Estados Unidos ha impuestos unas tarifas del 265%, la Comisión Europea ha establecido una tarifa del 13% al 16%. En otro caso, los requerimientos de la siderurgia europea de medidas como la suspensión del acuerdo de libre comercio para productos siderúrgicos (largos principalmente) con la Republica Turca no tuvieron una respuesta satisfactoria por parte de la Comisión Europea durante largo tiempo. La presión que ejercen productores de bajo coste es relevante ya que, al ser el siderúrgico un producto ciertamente bastante comoditizado, una oferta porcentualmente pequeña influye en la fijación del precio de todo el mercado, efecto que erosiona completamente la rentabilidad de todos los productores europeos. En cualquier caso es de desear por parte de las instituciones europeas decisiones más valientes en defensa de la industria europea. En un mercado abierto, las condiciones de mercado deben ser iguales para todos sus participantes y las mejoras de productividad y competitividad que promulgan las autoridades europeas conllevan periodos de adaptación. Sin embargo no parece que la salida a la crisis del sector vaya a resultar de decisiones por parte de la Comisión Europea.

Otro factor que afecta a las plantas de nuestro alrededor es la falta de capacidad de decisión comercial y empresarial. Exceptuando los fabricantes de tubo, todas las plantas siderúrgicas, tanto acero especial como acero al carbono, son propiedad de grupos siderúrgicos: ArcelorMittal, Gerdau, Celsa, Rodacciai y Alfonso Gallardo. El sector ha experimentado un gran proceso de concentración durante el cual las empresas vascas fueron entrando en los distintos grupos. Contar con la capacidad de decidir en qué mercados vender y qué productos ofrecer permite mayores posibilidades de gestión. El formar parte de dichos grupos, si bien puede contar con algunas ventajas, impide o limita (según el grupo al que se pertenece) contar con una política comercial propia. Por extensión, las plantas en Euskadi tampoco cuentan con la capacidad de puesta en marcha de nuevos proyectos o instalaciones, ya que son decisiones que se toman fundamentalmente a nivel de corporación central.

Con los elementos que configuran este escenario, si bien existen unas condiciones de mercado adverso (por lo menos hasta que China vuelva a consumir su acero), parece posible que una estrategia de nicho pudiera dar mayores posibilidades de continuidad al sector siderúrgico vasco. Para poder llevarla a cabo se cuenta con algunos factores competitivos (personal con experiencia, cercanía a puertos, instituciones cercanas, cadena de proveedores competentes...) y se dan algunas condiciones como la existencia de financiación (a diferencia de años recientes), el posible apoyo de la administración más próxima e incluso posiblemente el apoyo de los sindicatos. Pero el sector sigue siendo incapaz de atraer a empresarios que quieran desarrollarlo, bien siguiendo una estrategia de nicho como han hecho otras compañías europeas o bien por otras opciones. Y la existencia de un emprendedor o grupo de emprendedores es la condición sine qua non, la medida de bondad de las condiciones, por lo que parece necesario que alguna variable evolucione para que el sector siderúrgico se vuelva atractivo a los empresarios. Si hay interés en que esta industria siga presente en la economía vasca, es el momento de mover ficha.

Mientras el Gobierno de Estados Unidos ha impuesto medidas ‘antidumping’ con unas tarifas de hasta el 265%, la Comisión Europea ha establecido una tarifa que oscila entre el 13% y el 16%


El sector ha experimentado un gran proceso de concentración durante el cual las empresas vascas fueron entrando en los distintos grupos, lo que impide o limita contra con una política comercial propia


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