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Aristi despertó en Arenberg

parís-roubaix el bergararra vivía el domingo “un sueño” con su debut en el world tour, pero abandonó en el mítico tramo tras un fatídico pinchazo 45 kilómetros antes

Marco Rodrigo - Martes, 12 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Mikel Aristi posa con el maillot de su equipo, el Delko Marseille francés.

Mikel Aristi posa con el maillot de su equipo, el Delko Marseille francés. (n.g.)

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Mikel Aristi posa con el maillot de su equipo, el Delko Marseille francés.

donostia- “La Roubaix no era una objetivo para mí. Era un sueño”, comenta a toro pasado Mikel Aristi, al otro lado del hilo telefónico, con un tono de voz ciertamente apenado. A sus 22 años, el ciclista de Bergara, recalificado a aficionados en 2015 tras desaparecer el conjunto Continental de la Fundación Euskadi, ha regresado esta temporada al pelotón profesional en las filas del Delko Marseille galo, y el domingo se estrenaba además en una prueba del World Tour, con motivo de la clásica de las clásicas. “Hasta hace nada, esperaba que llegara esta carrera para verla por televisión. Pero esta vez había conseguido vivirla como participante”, agrega el guipuzcoano.

La experiencia de anteayer, sin embargo, no resultó del todo gratificante. “En el kilómetro 115 noté que iba pinchado. Esperé a nuestro coche, que era el número 25 de la caravana. Antes llegó la asistencia neutra y me cambiaron la rueda. Pero a raíz de ello surgió un problema con el freno trasero. Ahí sí que tuve recurrir al mecánico del equipo. Arregló todo. Lo que pasa es que me quedé solo, demasiado lejos del pelotón”. Un pelotón que, por cierto, volaba. “El viento soplaba a favor y se vivía mucha tensión, porque así es difícil que se forme una escapada. Íbamos a más de 50 kilómetros por hora y hubo hasta algún que otro abanico. En la entrada al primer tramo de pavé se pasaron más nervios que en la llegada de muchas carreras profesionales que he corrido hasta ahora. Al menos todo esto sí que lo disfruté”, recuerda Aristi, que completó integrado en el gran grupo hasta tres zonas de adoquín.

en solitarioA la cuarta, por contra, ya llegó en solitario, tras el mencionado percance. “Sabía que era imposible volver al pelotón. Pero iba con la esperanza de pillar a algún grupo de descolgados”, cosa que no ocurrió. La retirada del bergararra se consumó 45 kilómetros después, en el 160, en el mítico tramo de Arenberg. “Entré muy rápido y llevaba delante a un coche de la organización, que circulaba bastante lento. Es una zona de adoquín muy complicada, así que estos vehículos suelen ir con cuidado, para no tocar el suelo con los bajos. Enseguida me eché encima y tuve que frenar. Con semejante pavé, luego arrancar se hace imposible. Así que paré, dejé la bici en la hierba y esperé a que me recogieran. A casi cien de meta, yendo solo, seguir no tenía sentido”, relata el guipuzcoano, a quien ya ni siquiera le quedaba la magia de transitar un lugar tan emblemático. “La carretera seguía cortada, pero iba muy atrás y ya había público andando por la calzada”.

Sin tiempo para lamentarse, y con el Grand Prix de Denain del jueves a la vuelta de la esquina, Aristi se disponía ayer por la mañana a iniciar su entrenamiento cuando el mecánico del equipo le dio una desagradable sorpresa. “Mira. Por esto pinchaste ayer”, le vino a decir, mostrándole dos chinchetas, clavadas en la cubierta de la rueda utilizada la víspera y que algún desalmado arrojaría a la calzada. “Me he sentido mal, peor que el domingo. Si sufres un fallo mecánico o un golpe de mala suerte, no pasa nada. Pero estamos hablando de algo intencionado”, reflexiona el guipuzcoano, tan crítico como discreto. “Es muy triste que pasen cosas así, pero tampoco quiero hacer una historia de todo esto. No soy el primero al que le pasa. Simplemente, soy una víctima más”.

remontandoDe Roubaix, Aristi se queda con los momentos vividos antes del pinchazo. “Tengo grabada en la mente esa imagen de rodar y de ver bien de cerca a Cancellara, Sagan o Cavendish. También me hizo ilusión compartir unos minutos durante la salida neutralizada con Markel Irizar, que para mí es toda una referencia”, asegura el joven ciclista guipuzcoano, centrado ahora en remontar una temporada irregular. “Empecé muy bien, pero luego cogí una gripe y no logro recuperar aquellas buenas sensaciones. Eso sí, noto que poco a poco voy sintiéndome mejor, entrenando mejor, y espero demostrarlo de aquí en adelante”. El jueves le toca Denain, el domingo el Tro-Bro Léon, y luego llegarán las vueltas a Turquía y a Madrid. Tiempo tiene para mostrar toda su valía, ya que firmó con el equipo francés un contrato de dos años que expira en 2017.


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