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Patrias electorales, a menudo sin norte

Por Alberto Antxotegi - Jueves, 7 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Puede que el reciente Aberri Eguna represente la tenue frontera entre lo clásico y lo postmoderno, lo nacional y lo social que se empeñan en separar, o por simplificar aún más, entre la brújula de toda la vida y el GPS vía satélite. Ha supuesto un día de la patria vasca cargado de matices electorales en los que cada cual ha tratado de ir sembrando las semillas de las que, se le supone, carece. Entre los que optaban por no celebrarlo para no representar a aquella patria que no consideran como propia no hubo grandes sorpresas. El PSE presentó con antelación su candidata a lehendakari y el PP propuso su disposición para formar gobierno con PSE y PNV en aras de la estabilidad regional. Bildu optó por la unilateralidad en Iruña, como única vía hacia una independencia que asegure la calidad del empleo, la fortaleza de nuestro sistema de protección social y los servicios públicos. La independencia como clave de una sociedad más igualitaria y de paso como mensaje a navegantes competidores. EAJ propugnó un nuevo empujón desde la bilateralidad y el diálogo, apartándose de unos posibles comicios hispanos que desestabilizarían políticamente una CAV pre-electoral. Del, por cierto, incumplido estatuto a un nuevo estatus para acceder a más estado vasco. Urkullu repite de candidato y su agenda vasca 2016 se mimetiza con la de 2015, aunque estemos en año bisiesto. Y como colofón, los emergentes que giran en la tómbola electoral cinta en mano. “Nuestra patria es la gente”, todo un descubrimiento. Y además, cómo no, es inclusiva. El Comité Central de nuevo cuño no se aleja en absoluto de la sempiterna centralidad excluyente. Universitariamente muy formados pero en realidad escasamente politizados y formateados para su gentilicia patria hispana. Su derecho a decidir es de corto recorrido, y en temas patrios, deciden por nosotros que somos también “su” gente. Total, que la larga sombra de Arnaldo, ha sobrevolado Bilbo, Iruña y Donostia aterrorizando a los unos y animando a los otros, por si su eventual presencia equilibra las urnas y retira el aguinaldo oportunista a las huestes de Podemos, Ciudadanos u otras vías igualmente centralistas. No he encontrado, ni con las gafas puestas, menciones a Iparralde, y sin embargo el 4+3=1 carece de sentido sin el tres que conforman Lapurdi, Nafarroa Behera y Zuberoa. Batera y una mayoría de ediles han ganado la batalla para que el hexágono reconozca una mínima entidad administrativa a dichos territorios vascos, y créanme, que esto es solo el inicio de una regeneración global.

Hace unos días en el programa de ETB Herri txiki, infernu handi dedicado a Urruña, un antiguo contrabandista apodado Oiartzun definió su actividad pasada (gaueko lana) como de import-export, reactualizando tecnológicamente su antiguo término laboral sin la agravante de nocturnidad. Me pareció magistral, por cuanto hemos importado y exportado subrepticiamente además de materiales varios, ideas, vivencias y estrategias puntuales que han contribuido a través de los tiempos a nuestra pervivencia como pueblo. Un pueblo que no solo baila en los Pirineos, como decía Voltaire, sino que hace bailar de vez en cuando a los que tratan de acallar su música y su ritmo. Desde antes de las guerras carlistas, los ires y venires en ambos sentidos son una hemeroteca imperecedera y trascendental de nuestro calendario. Por aquí han transitado, a menudo ayudados por sus habitantes, exiliados, desertores, judíos, ingleses, españoles, franceses o americanos que huían de sistemas, ejércitos o políticas represivas y totalitarias. La Red Comète suponga quizás el ejemplo más emblemático de la solidaridad en Iparralde para encaminar en pos de la libertad a miles de personas que escapaban de la barbarie nazi. Y en estos tiempos en el que el machismo campa a sus anchas a diestro y siniestro, cabe resaltar que la presencia de mujeres en esa cometa liberadora fue mayoritaria, como en otros muchos frentes de la resistencia.

El inefable Isidro Monzon supo armonizar arquitectura y poesía, engarzando la piedra de Larrun con madera y tejas para darles un merecido descanso estético en los prados y montañas de Iparralde. Su hermano Telesforo cosió con primor palabras en prosa y verso para que amaneceres y atardeceres reverdecieran en una sinfonía de color. Decía Isidro que de nuestros tres vecinos, dos nos maltrataban secularmente, pero que la tercera, la mar, seguía perennemente alimentando nuestras ansias de libertad. Isidro luchó en Elgeta y Telesforo en el frente político, pero ambos, como otros tantos, son el vivo retrato de varias generaciones que buscaron y buscamos refugio por estos lares. Emocionalmente, la relación Sur-Norte y viceversa de nuestro pueblo representa tal cúmulo de sensaciones afectivas que únicamente dos testigos tan imperecederos como la mar y la montaña pueden certificar un matrimonio tan indisoluble. Ambas, Iparralde y Hegoalde, han puesto músicas y letras a nuestro devenir como pueblo, y aunque en múltiples ocasiones factores varios hayan contribuido a separarlas temporalmente, ha primado minoritaria o mayoritariamente, ayer y hoy, el espíritu de pertenencia.


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