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accidente nuclear de 1986

Batallón Especial 731, los "robots humanos" que limpiaron Chernóbil

Gúdov: "De los 800 militares de los dos turnos del batallón solo quedan unos 120"

EFE - Miércoles, 6 de Abril de 2016 - Actualizado a las 11:10h

Vista de varias máscaras de gas y una muñeca abandonadas en la ciudad ucraniana de Pripiat, situada a 3 kilómetros de la central atómica de Chernóbil.

Vista de varias máscaras de gas y una muñeca abandonadas en la ciudad ucraniana de Pripiat, situada a 3 kilómetros de la central atómica de Chernóbil. (efe)

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Vista de varias máscaras de gas y una muñeca abandonadas en la ciudad ucraniana de Pripiat, situada a 3 kilómetros de la central atómica de Chernóbil.

Tras el accidente nuclear del 26 de abril de 1986 en Chernóbil, los militares del Batallón Especial 731 trabajaron como "robots humanos" para retirar los escombros radiactivos, cuenta a Efe el único subcomandante que sigue vivo.

CHERNÓBIL. "Teníamos que retirar escombros y restos con altos niveles de radiación, con las manos o con palas. Podíamos recibir un máximo de 2 roetngen cada vez, y esto ocurría en solo 15 minutos. Por eso había que correr, retirar algo y volver atrás corriendo", recuerda Vladímir Gúdov, subcoronel del Ejército en la reserva, vicejefe del Batallón Especial 731 enviado a Chernóbil a tratar de contener la radiación.

"Pero en realidad la irradiación no estaba bien calculada, porque no se contaba el tiempo que tardábamos en correr cientos de metros. Nos llamaban los robots humanos", asegura.

Gúdov es una de las 260.000 personas que tienen el estatus de "liquidadores" en Ucrania, aunque en total unas 800.000 personas participaron en estas tareas, contando a bomberos, mineros y otros que contribuyeron las primeras semanas a paliar las consecuencias de la catástrofe, muchas veces a costa de sus vidas.

"Para la liquidación del accidente llamaron a miles de militares en la reserva. Nuestro batallón trabajó en zonas particularmente peligrosas de los reactores 3 y 4. Yo estuve allí 42 días", cuenta Gúdov.

Los primeros días la tarea era cargar en un paracaídas arena, dolomita, plomo y otros materiales para lanzarlos desde un helicóptero que sobrevolaba el reactor número 4 para extinguir el incendio de grafito.

"Mientras tanto, bajo el reactor trabajaban los mineros de Donetsk. Con temperaturas de 35 grados construían un túnel, tenían que reforzar el propio reactor para que no se derrumbara, y después, lograr su enfriamiento para evitar una nueva explosión", dice.

Y agrega que "ni nosotros ni los mineros conocíamos el nivel real de radiación, el medidor que teníamos solo marcaba hasta 50 roentgen e imaginen que incluso ahora hay lugares donde es superior a mil".

"Lo hacíamos a toda prisa porque después de nosotros venían los constructores del sarcófago. Ellos no podrían trabajar mientras nosotros no elimináramos la basura nuclear", agrega.

También tuvieron que subir al techo del reactor porque "los tractores teledirigidos quedaban fuera de servicio debido a la altísima radiactividad, más de 10.000 roentgen. Allí solo se podía trabajar 30 segundos y salir corriendo".

De los cuatro subcomandantes del batallón solo él sigue vivo. En torno al 75 % de los miembros han ido muriendo. "De los 800 militares de los dos turnos del batallón solo quedan unos 120".

Gúdov subraya que "éramos verdaderos patriotas y está convencido de que la labor de su batallón evitó que se produjera una nueva explosión nuclear aún más dramática.

"Según Vasili Nestrenko, director del Instituto de Radiología de la Academia bielorrusa, si se hubiera registrado una nueva explosión en la planta nuclear -y para esto solo se necesitan 1.400 litros de agua, grafito y urano- se habría destruido la ciudad de Minsk, a 320 kilómetros, Kiev, y en general, no sería posible vivir en Europa", enfatiza.

"Más de 90.000 personas trabajaron en los primeros meses en la zona del desastre, sabían el riesgo al que se enfrentaban", cuenta a Efe Yulia Marusich, especialista del departamento internacional de la planta de Chernóbil.

Desde su puesto junto a la obra donde se construye el segundo sarcófago para enterrar el siniestrado reactor 4 de la central, Yulia explica que la radiación los primeros días tras la explosión "era mortal, la gente solo podía trabajar 3 o 4 minutos cada día y ya acumulaban la dosis anual".

Por ello, en las primeras semanas murieron cerca de 50 personas, y otras 300 en los siguientes meses, muchos de ellos ya en hospitales de Kiev y Moscú.

Con ayuda de una maqueta, Yulia recrea el momento de la explosión en el reactor número 4.

"El reactor quedó totalmente destruido, todas las barreras de seguridad saltaron por los aires, la cubierta superior del reactor, que pesaba 2.000 toneladas, voló 30 metros y rompió el techo, imaginen la intensidad de la explosión".

En ese momento se produjo una emisión masiva de radiactividad, de más de 50 millones de curies, que solo pudo ser aplacada hacia el 13 de mayo, después de días de sacrificado trabajo de bomberos y liquidadores.

"Cerca de la central el nivel de radiación era de 2 a 4 roentgen por hora. Cerca del reactor destruido era de 400 r/hora, en la zona norte el nivel subía hasta 2.000, en el techo hasta 4.000 y cerca del núcleo era de 5.000 r /hora", señala.


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