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El hombre de acero

A punto de cumplir 18 años de profesional, la mitad de su vida, Aimar Olaizola se considera un “privilegiado” y aspira a sumar su tercer parejas

Igor G. Vico - Martes, 5 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Si gana el sábado, el goizuetarra tendrá catorce txapelas y desempatará con Irujo, también con trece.

Si gana el sábado, el goizuetarra tendrá catorce txapelas y desempatará con Irujo, también con trece.

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Si gana el sábado, el goizuetarra tendrá catorce txapelas y desempatará con Irujo, también con trece.

BILBAO- Aimar Olaizola (Goizueta, 1979) tiene el ADN forjado en situaciones límite, porque, desde que debutó, los focos le alumbraron como una de las referencias que iban a reinar en la siguiente década. Acertaron. Debutó con 18 años en el Jaian Jai de Lekunberri el 12 de abril de 1998;es decir, que tres días después de disputar la final del Parejas junto a Mikel Urrutikoetxea le empezarán a contar con más días de profesional que fuera de las empresas. Será media vida, pero una entera pegado al cuero. El de Goizueta tiene las alforjas llenas a estas alturas: trece txapelas divididas en las tres modalidades, empatado con Juan Martínez de Irujo, 24 finales disputadas, y la sensación de que su nombre quedará pegado a la historia de pelota. Ahora, a sus 36 años, “camino a 37”, apostilla, el rumbo no cambia: misma hambre y similar competitividad. Admite el navarro sentirse afortunado, más que nada porque su físico, imperial, le ha hecho mantenerse y crecer con los años. Una rara avis.

Afincado en los últimos abriles de la treintena, Aimar Olaizola es el hombre de acero, que parece no sufrir con el traqueteo, más aún acompañado de Mikel Urrutikoetxea, un delantero reconvertido que le idolatra y con el que componen los partidos en cuatricromía: dos defienden y dos atacan. Cuando a todos los hombres les llega el invierno, con las nieves del tiempo, que dijo el tango, Aimar no despide aún la primavera. “Estoy encantado con el nivel que estoy dando a estas alturas. Comparándome con hace 15 años, no cambiaría ni mi juego ni mi forma física. Ahora recupero mejor que hace una década. Eso se ve. Tampoco pensaba que a esta edad iba a dar el nivel. Me alegro también por Asegarce, porque confiaron en mí al hacerme un contrato tan largo”, asevera el delantero de Goizueta, quien agrega que “soy un afortunado. Muchas veces, aunque trabajes y te cuides a tope, tienes mala suerte y te salen mal las cosas. Soy un privilegiado por cómo me ha ido todo”.

Haciendo memoria, con el retrovisor en la mano, a Olaizola II es difícil imaginarlo fuera de la cancha, pero ha sufrido percances complicados que no afearon su preparación ni lo más mínimo. Incluso, de la rotura de ligamentos de la rodilla regresó más fuerte que nunca. “Yo he tenido lesiones importantes y he trabajado duro para salir de ellas”, confiesa el puntillero de Goizueta, quien asevera que “por ejemplo, el apartado físico lo trabajo como siempre, pero ahora lo hacemos con Etor Mendia. Conozco mi cuerpo y, con tantos años de experiencia, tú mismo sabes qué tienes que hacer para mantenerte”. No obstante, en el apartado de la alimentación, Aimar revela que se cuida, “pero lo normal”. “Tengo mis días que me paso en cantidad y en el tipo de comida, pero no llevo una dieta específica. Normalmente, no me paso”, declara.

Así las cosas, tras la resurrección de 2011 después de cinco meses fuera de las canchas, cuajó una versión de Olaizola II prácticamente imparable. Se sucedieron finales y txapelas. En 2014 se cortó de raíz la racha y lleva dos cursos sin levantar títulos. Problemas físicos en el Manomanista de 2014, el Parejas de 2015 -que abandonó a poco de comenzar, sustituido por el mejor Urrutikoetxea- y las manos en el Cuatro y Medio de 2015 ni le dejaron salir al cien por cien. ¿Ansiedad? Para Aimar, lo esencial no son los cetros. “En el mundo de la pelota lo más importante no son las txapelas. Hay que dar un nivel durante todo el año. Yo estoy contento con el que he dado y la empresa también. Todos estamos a gusto y, si ganas txapelas, mejor. Está claro”, desgrana el pelotari navarro.

“Urruti es un pelotari especial”En la figura de Mikel Urrutikoetxea es indudable la marca que deja Aimar Olaizola. Para el de Zaratamo, campeón del Manomanista y el Cuatro y Medio en curso, reseteado como zaguero finalista en el Parejas, su compañero de gerriko es algo más que un pelotari. Es su referencia. Le observa. Aimar, por su parte, recuerda, a estas alturas, los días en los que entrenaba con un chaval espigado, aparentemente frágil, que tenía un poder especial. Olaizola II, en una entrevista en Goizueta, cuando Urruti se sacudía las esquirlas del debut ejerció de adivino. “Cuidado con él”, sentenció en petit comité. Ahora llega el día en que se acuerda de aquello. “El tiempo me ha dado la razón”, sostiene. “Ya dije yo que iba a ganar txapelas”. Incluso, la del mano a mano, a costa de su maestro. Una herejía al alcance de pocos. “Si me dan a elegir quién me habría gustado que me hubiera ganado en una final, ese sería Mikel. Eso ya es pasado. Por su bien y el mío, me gustaría que ganara este trofeo también”, agrega.

Se ha encontrado el goizuetarra con un pelotari espectacular en los cuadros largos, con quien comparte el leit-motiv de ir hacia adelante, que parte a los adversarios a base de ritmo, defiende y ataca. Aimar está contento, aunque no se vería en su pellejo. “Alguna vez ya he jugado de zaguero y creo que no llegaría a su nivel. Tiene una facilidad increíble para darle altura y para quitar pelota. Para jugar, igual sí que me da, pero no para alcanzarle”, analiza el de Goizueta, un científico de la pelota. En sus carnes ha visto a cuatro generaciones distintas de manistas. Media vida. “Y no he conocido a ningún pelotari que se pudiera adaptar así de bien. Vendrán nuevos y ha habido pelotaris muy buenos, pero en un torneo así de exigente no se verá nada igual. Mikel es un pelotari especial”, desgrana Aimar, quien sostiene que “entre semana no hablamos demasiado, pero al final de los partidos sí que vemos lo que hacemos. Mikel es callado y yo soy el viejo que le da la chapa. Cada uno sabe lo que tiene que hacer”. Un buen plan. Una buena ejecución. Una final. “Mikel, para lo joven que es, es muy pelotari. Es muy serio. Eso se nota. No sé si aprende algo de mí, eso lo dirá dentro de unos años. Yo, por ejemplo, tengo 36 para 37 y me jubilaré sin saber algunas cosas”, sostiene.

Un campeonato de menos a más“El Parejas me hace mucha ilusión, porque es la modalidad en la que menos txapelas tengo”, cuenta el navarro. Solo dos. Una en 2008 con Oier Mendizabal y la otra en 2011 junto a Aritz Begino. Ha disputado otras cuatro finales sin éxito. En total, la del sábado en el Bizkaia será la séptima. “Otras ediciones he jugado como para ganar la txapela, pero, por una cosa o por otra, no lo he conseguido”, advierte el pelotari de Asegarce, quien confiesa que “que hayamos alcanzado este nivel en semifinales ha tocado así. Mikel ha rayado a buen nivel durante todo el Parejas. Yo he ido a más. Por eso, hemos llegado así a semifinales. Tampoco es fácil jugar como hemos jugado. Ha habido partidos, como contra Juan y Rezusta -a quienes se miden en la final del sábado-, en el que jugamos perfecto y ellos no hicieron lo suyo. Aquí todos los días son distintos. Ahora estamos en un momento muy bueno”. Y agrega que “no tiene por qué afectarnos el parón”. Revela, además, que “Mikel quizás en los últimos partidos ha tenido algo más de chispa. Ha dado un nivel bueno y sin bajones. En la pareja se ha notado lo mío, ya que en algún partido he andado justo o con molestias. Los dos estamos bien y nos están saliendo bien las cosas”. Aimar fue la estrella en las semis. Con una marcha más, son temibles. Acero puro.


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