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AECC

Mejor, acompañado

El envejecimiento de la población guipuzcoana trae consigo un aumento de los casos de cáncer. La AECC reclama voluntarios para que acompañen a los pacientes oncológicos en el duro proceso de su curación.

Un reportaje de Alicia Zulueta. Fotografía Iker Azurmendi - Lunes, 4 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Asun Arrieta posa en un banco de Donostia.

Asun Arrieta posa en un banco de Donostia.

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Asun Arrieta posa en un banco de Donostia.

existe una nueva realidad marcada por el envejecimiento de la población, que a su vez se traduce en un mayor número de pacientes oncológicos. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) observa que esta situación lleva a una mayor franja social en riesgo de aislamiento. De los 979 colaboradores de esta asociación que hay en Gipuzkoa, son cerca de 20 los que combaten esta soledad acompañando a los pacientes oncológicos en sus habitaciones, visitas al médico o tratamientos. De hecho, en 2015 dedicaron más de 700 horas a ello en el Hospital Donostia, el Centro Bermingham Matia, el Centro Sociosanitario Argixao y los domicilios.

Esta figura de voluntario tiene una importancia crucial tanto para el paciente como para su familia, que puede verse “desahogada” gracias a este apoyo. Y es todavía más considerable si el enfermo no tiene familiares o amigos que puedan asistirlo en el largo y duro proceso de su recuperación.

Asun Arrieta lleva cinco años siendo voluntaria de la AECC en Donostia. Es una mujer de 51 años que se formó como enfermera, pero que ahora asiste a personas mayores. “Hoy en día el cáncer está aumentando y cada vez la gente es más mayor. Quien puede acompañar a un paciente también es más mayor y las condiciones económicas de las personas hacen que tengan que trabajar y no tengan tiempo libre”, expone Asun. Además, añade que los tratamientos se hacen en Donostia y las personas del resto del territorio deben desplazarse a la capital guipuzcoana, lo que complica aún más tener cerca a la familia.

La recuperación del cáncer es “un proceso que puede acabar con las fuerzas de todos”. Por eso, el apoyo que brindan estos voluntarios sirve como desahogo de “la familia y los amigos”, pero también da “tranquilidad” al propio paciente, que sabe que de esta forma la situación es algo más llevadera para sus allegados. “Ves que hay familias que verdaderamente no llegan a todo”, recalca Asun.

“Nuestro apoyo sirve como desahogo de la familia y los amigos, que a veces no llegan a todo”

LO IDEAL Un voluntario diario por centro

Ante esta situación, la AECC solicita la participación de más voluntarios que, como Asun, puedan regalar tres o cuatro horas semanales a este colectivo. “Cuantos más voluntarios haya, se podrá llegar a más personas”, apunta esta mujer, que decidió comenzar su labor después de haber visto de cerca un caso como estos, aunque siempre le atrajo el mundo hospitalario.

Asun ha aportado su granito de arena en el centro donostiarra de Matia y en el Hospital Donostia. En ambos lugares le adjudicaron una serie de pacientes, que previamente habían solicitado el acompañamiento. “Durante tres horas por la mañana les acompaño y les hago la estancia lo más grata posible”, explica. Se dedica a entretenerles, charlar, salir a tomar el aire y a estar “a su disposición para hacer lo que les apetezca”. Un saludo, una caricia o una muestra de preocupación “les hace cambiar el chip y lo agradecen un montón”, destaca Asun, que también se queda con la sensación de hacer algo que “ha valido la pena” y que le hace “crecer como persona”. Otras tareas que también realizan este tipo de voluntarios son acompañar a los pacientes al médico y a los tratamientos, como a quimioterapia o diálisis.

“Son pacientes con cáncer. En Matia es gente mayor, porque es una planta de cuidados paliativos”, relata Asun, que solo en alguna ocasión ha atendido a alguna persona por debajo de los 50 años. Por lo general, “tienen pocos familiares o no pueden estar con él”, reitera.

El apoyo no es nada sencillo. El enfermo sufre un proceso, que en ocasiones le permite volver a casa pero otras veces fallece. “Es duro, pero vas sabiéndolo. Puedes llegar a crear un vínculo, pero vas mentalizada sobre lo que va a pasar”, anuncia Asun, que nunca ha sentido la necesidad de hacer uso del apoyo psicológico que le ofrece asociación.

Entre los cooperadores se organizan por turnos semanales, intentando que haya uno por cada día de la semana. “Eso sería lo ideal, pero no llegamos”, lamenta y explica que después de estas visitas, cada voluntario pone una nota para saber cómo ha estado el enfermo. Así, tanto Asun como la AECC hacen un llamamiento para aumentar la presencia de este tipo de voluntarios, cuyo único requisito es “tener ganas de hacerlo”.


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