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Capaces de lo peor y de lo mejor

hazaña la real asalta uno de los fortines más difíciles de europa tras ser superior en la primera parte y aguantar después a un duro sevilla

mikel recalde - Lunes, 4 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Markel Bergara celebra el primer gol con Diego Reyes, Xabi Prieto y Mikel Oyarzabal.

Markel Bergara celebra el primer gol con Diego Reyes, Xabi Prieto y Mikel Oyarzabal. (Foto: Efe)

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Markel Bergara celebra el primer gol con Diego Reyes, Xabi Prieto y Mikel Oyarzabal.Los jugadores de la Real abrazan a Markel Bergara después de que consiguiera el primer gol del equipo txuri-urdin, ayer en Sevilla

La Real será así para la eternidad. No es una cuestión de esta temporada, que es una clara continuidad a lo sucedido en la anterior. Este equipo siempre ha sido capaz de lo mejor y de lo peor. Es cierto que nos amarga la vida cuando repite los mismos errores y se deja puntos una y otra vez ante adversarios que son notablemente inferiores. Pero qué orgullo y satisfacción cuando desempolva del baúl de los recuerdos su mejor versión para imponerse a uno de los gallitos de la Liga que, ahí está el dato, había acumulado la friolera de 17 triunfos seguidos en casa.

Y sí, no es una cuestión de optimistas ni pesimistas, quien más y quien menos de sus aficionados había llegado a pensar durante esta semana, en la que se palpaba en Gipuzkoa una sentimiento de disgusto y depresión, que la Real podía asaltar el fortín hispalense. Si alguien aspiraba a hacerlo, ese era el cuadro blanquiazul, que cuenta esta campaña con una plantilla muy superior a las que están luchando por evitar el descenso, una palabra que nunca debíamos haber vuelto a utilizar. Al menos, en estos dos últimos años.


récordLa Real resurgió de sus cenizas para demostrar que puede ser grande. Que cuando obtenga una mayor regularidad y fiabilidad volverá a escribir páginas gloriosas. Como ha sucedido a lo largo de su centenaria leyenda. No hay más que comprobar el respeto que siempre le guardan en Andalucía. Cuando sus hinchas acuden a sus partidos son conscientes de que, pese a que no esté en lo alto de la tabla, le puede amargar la tarde a sus equipos.

Y, no nos olvidemos, después de un parón angustioso y repleto de lógicas lamentaciones, el fin de semana ha acabado por convertirse en una completa y melancólica reivindicación txuri-urdin. Porque el Barcelona perdió el sábado, después de 24 jornadas sin caer en Liga, por lo que se apagaba la luz naranja que comenzaba a inquietar el récord de imbatibilidad, el Santo Grial del club. Por si fuera poco, y siempre en nombre del mítico Gaztelu, que cometió un error el día que se perdió el partido y el título, los donostiarras clavaron una pica en un campo, el Pizjuán, que aún guarda restos de lágrimas que dejaron aquella tarde de 1980 miles de hinchas guipuzcoanos. Desde ese día ganar en Nervión se ha convertido en nuestra venganza personal. Este equipo ya no luchará por títulos, pero con partidos como los de ayer nos volvemos a sentir grandes y rememoramos nuestro espectacular esplendor en la hierba de la generación de oro realista.

No deja de ser curioso que la Real de Eusebio gane y convenza cuando se pone el mono de trabajo y no cuando mejor juega al fútbol, que es la verdadera intención y hasta obsesión del técnico. Aunque es cierto que en la primera parte los blanquiazules completaron buenas y largas combinaciones que les permitieron vivir sin sentir peligro, en la segunda, sobre todo tras la expulsión de Markel, no tuvieron más remedio que replegarse en su área y achicar balones a la desesperada. Nos mantuvieron a todos con el corazón encogido, pero sacaron la casta y el orgullo que tantas veces les reclamamos para hacernos felices.

Y en esto incluyo que a ninguno de ellos le importó dar por encima de sus posibilidades, lo que puede provocar que el parte médico de Zubieta, si es que el doctor tiene a bien elaborar uno oficial, parezca el de una cruenta y sangrante batalla.

Nunca sabremos lo que hubiese sucedido de no haber marcado en la jugada inicial la Real, pero lo cierto es que no se puede quitar ningún mérito a la acción. Buena carrera de Vela que provocó una falta botada con precisión por Illarra y cabeceada de forma magnífica por parte de Markel, que hizo inútil la estirada de Sergio Rico. El tanto, insisto, de mucho mérito, espoleó a una Real que cuajó una de sus mejores primeras mitades de la temporada. Plena de fe, concentración, ideas claras y de buen fútbol, porque jugó mucho mejor que el campeón de la Europa League.

Avisaban los jugadores realistas a lo largo de la semana que era importante aguantar el primer cuarto de hora, ya que el Sevilla suele apretar mucho para generar un ambiente agobiante para los visitantes. Pero la Real se vino arriba en ventaja. Se colocó bien, presionó fuerte en posiciones avanzadas y mantuvo alejados a los locales de los dominios de Rulli hasta la media hora de encuentro. Pocos o ningún equipo puede decir lo mismo a lo largo de esta temporada en el guarida de los de Emery.

El plan de Eusebio era claro. Confeccionar una defensa con muchos centímetros para aguantar el bombardeo aéreo y apostar por la velocidad de Vela y Oyarzabal en la punta de ataque. Se notó la vuelta de Zurutuza, que, aunque sigue lejos de su mejor forma, es vital en este equipo. Sin olvidar que el mexicano salió más motivado que nunca, dispuesto a recorrer los kilómetros que hicieran falta en punta para sacar oro de donde pudiera. Él solito provocó las dos faltas que acabaron en los goles realistas. Los dos centros los puso Illarra, que cuajó una actuación espléndida, con dos asistencias incluidas.


markel Y, por último, Markel. Impresionante su garra y su desgaste, la manera en la que se deja la piel en cada acción, lo que a veces pone en evidencia a varios de sus compañeros. Marcó el primer gol y provocó con su lucha el segundo. Estaba completando un partido sobresaliente, pero se pasó de vueltas. Cometió un penalti, de los que nos gustaría que nos pitaran alguna vez en Anoeta, y después se le fue la cabeza en su expulsión. Eso sí, si algún realista tiene que cometer un error garrafal, yo pido que sea así, metiendo el pie con contundencia y agresividad.

La pena máxima que cometió el de Elgoibar fue la acción siguiente a la lesión de Carlos Martínez. Otro titán, al que la suerte no le tiene en cuenta su forma de jugar, exprimiéndose por el equipo en todas sus intervenciones. Una vez más, los realistas pecaron de pardillos y, en lugar de hacer el cambio, vieron cómo le sacaban rápido del campo y en el córner Markel agarró a Krychowiak. Rulli estuvo cerca de rechazar el disparo de Gameiro.

Salvo un centro de Xabi Prieto que cortó el delantero francés y una jugada de Vela cuyo disparo atajó Rico, el resto del encuentro fue un absoluto infierno para los realistas. Encerrados en el área, achicando balones como buenamente podían, con un adversario que domina a la perfección un escenario así y que suele acreditar un instinto asesino cada vez que huele la sangre.

Con un Rulli espectacular, perdiendo tiempo a la argentina como si estuviese de visitante en un derbi Estudiantes-Gimnasia la Plata, delante de una grada encendida. El problema es que sufrió un bache de diez minutos que sembró el caos en las filas blanquiazules. En una desconcentración, pateó de forma garrafal un saque de puerta con tan mala suerte que le fue directo a Gameiro, que arrancó tras controlar y cuando le encaraba ya dentro del área se le cruzó in extremisun Iñigo Martínez providencial. El central salvó otro gol en un mal despeje del meta, que sufrió con los balones por arriba hasta que llegó en un momento en el que decidió que no le iban a meter gol. Y así fue.

agobioUna de sus mejores paradas fue una mano abajo a chut de Banega, aunque luego le costó mucho levantarse y casi se ve superado por el taconazo de Konoplyanka. Eusebio vio cansado a Zurutuza y sacrificó a Mikel Oyarzabal (parece que lleva quince años en el primer equipo, no deja de impresionarnos) casi como lateral izquierdo para tapar las continuas subidas de Mariano. Lo malo es que se quedó sin sacar a Jonathas, cuando la Real pedía a gritos un estilete que se fajara con los zagueros locales y que tratara de aguantar el balón de espaldas mientras se incorporaban los centrocampistas. La tónica del segundo acto era siempre la misma, con los realistas regalando el balón y esperando al Sevilla, eso sí, no como otras veces, en esta ocasión remangados y dispuestos a morir en su lucha por aguantar su ventaja. El pitido final fue uno de los momentos más ilusionantes de la temporada para los blanquiazules y para su afición, que simplemente llevaba semanas reclamándole un golpe en la mesa como el que dio ayer en el Pizjuán.

La Real volvió a hacerlo y se aseguró la tranquilidad para un final de temporada que se presentaba con curvas, sobre todo viendo el calendario que se le avecinaba. La pregunta que nos hacemos todos inflados de felicidad es ¿por qué no pueden repetir este tipo de actuaciones? El conjunto txuri-urdin nos debía una alegría inmensa, una victoria en un campo grande no solo de la Liga, sino de Europa. Los tres puntos de ayer nos permite recordar a todos, incluidos a sus seguidores, que nunca entierren a la Real, porque la leyenda de su escudo es gigante, y porque, cuando menos se le espera, resucita para hincarle el diente a cualquiera. Y Emery, tú, que eres de la casa, deberías saberlo mejor que nadie...


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