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Xurxo M. Ayán Arqueólogo y profesor de la upv

“La cueva de Altamira será siempre interesante porque nos habla de nosotros mismos”

El profesor de la UPV Xurxo M. Ayán ha analizado la visión de la sociedad sobre la cueva de Altamira revisando las frases escritas en las 11.000 páginas del libro de visitas

Aitor Anuncibay Javi Colmenero - Domingo, 3 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Xurxo M. Ayán

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Xurxo M. Ayán

donostia- ¿En qué consiste su libro ‘Altamira vista por los españoles’?

-Se trata de un proyecto encargado por el Ministerio de Cultura para analizar la percepción que la sociedad tiene de la cueva de Altamira y del museo. He estudiado 11.000 páginas del libro de visitas, con el que no contaba nadie en el sentido de que es polifónico y una fuente histórica única. Son miles de voces anónimas que escriben pensando de forma espontánea que nadie los va a leer. Permite hacer un análisis sociológico incluso de los cambios generacionales, tecnológicos... La gente ahora escribe en el libro de visitas como en el whatsapp. Puedes identificar el perfil de la persona en función de la grafía y las faltas de ortografía. Se pueden hacer multitud de tesis sobre una fuente totalmente marginal. Ya solo por eso es una visión innovadora, aunque hay gente que considera que este no es un libro científico. Muestra que la cueva es un patrimonio público y que la gente tiene muy claro qué hacer con él.

¿Qué conclusiones ha extraído?

-Primero, los técnicos y los políticos vamos por detrás de la sociedad y debemos fijarnos más en la gente. La cueva es patrimonio de todos y no solo hay que centrarse en las bacterias y en los líquenes que afectan a las pinturas. Los últimos registros analizados son de mayo de 2014 y, desde entonces, han pasado muchas cosas, como el surgimiento de Podemos, las Mareas en Galicia... Todas esas reivindicaciones que ahora están en los parlamentos ya se veían venir en el libro de visitas. Por otro lado, llama la atención el sentido común que tiene la ciudadanía. Pensamos que les da igual lo que se haga con el patrimonio y eso es erróneo, se queja de ese modelo de gestión. También hay un libro VIP, y eso ya te indica cuál es el modelo de gestión patrimonial en España. En ese sentido, no se puede tomar por tonta a la gente. Todos valoran la eficiencia técnica de la réplica de Altamira, pero nada puede sustituir al contacto físico con el pasado y están muy en contra de la mercantilización del patrimonio. Por ejemplo, que no dejen sacar fotos a una copia de plástico es para, evidentemente, conducirte a la tienda de souvenirs y dejarte la pasta.

¿Qué paralelismos hay entre la sociedad actual y aquellos hombres de la prehistoria?

-Cuando nos acercamos al pasado, lo hacemos en clave de presente. Altamira seguirá interesando siempre porque nos habla de nosotros mismos. En el libro se ve el discurso ecologista en el que se reivindica a aquellos primitivos de Altamira que nunca jamás sobreexplotaron el medio como hacemos nosotros, dentro de la sociedad depredadora y capitalista en la que vivimos. Por otro lado, se reivindica el papel de la mujer. Tradicionalmente fue estudiada por hombres y la mayor parte eran curas. Hay una invisibilización de la mujer incluso en muchos museos de España en la actualidad. Y no sabemos quién pintó los bisontes, si hombres o mujeres. ¿Por qué siempre se representa en la Prehistoria a los hombres pintando y a las mujeres recolectando? Todo esto se proyecta en el pasado. A nivel artístico la gente más joven considera a esos artistas paleolíticos como grafiteros. Todo nos conecta con la realidad y creo que ese es el valor del patrimonio de Altamira.

¿Cómo evolucionan los testimonios dejados en ese Libro de Visitas?

-A partir de 2008, la gente lo tiene clarísimo con la crisis. Hay alegatos en contra de los recortes en Prehistoria, a favor del patrimonio público, en contra de Ángela Merkel, rechaza el modelo mercantilista del patrimonio y critica al Banco de Santander y a la familia Botín -propietaria de esa entidad financiera y uno de sus antepasados fue descubridor oficial de la cueva-. Un aspecto muy interesante es cómo se ha utilizado Altamira por el nacionalismo español y cómo la democracia ha generado identidades autonómicas. Por ejemplo, en Cantabria se ha producido un fenómeno regionalista identitario y en eso el papel del presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, en el libro de visitas es espectacular. Su discurso populista acaba llevando a la gente a pensar que el Gobierno de Cantabria ha montado Altamira, cuando depende del Ministerio de Cultura. Y también se refleja cómo se empieza a utilizar el patrimonio para reivindicar que la Dama de Elche es de Alicante, los castros asturianos y Santimamiñe vasca. Eso no pasaba anteriormente.

¿Qué opina de la película sobre Altamira con Antonio Banderas como protagonista?

-Está financiada por la familia Botín y hace hincapié en el conflicto entre ciencia y religión, entre razón y fe. Se presenta a Marcelino Sanz de Sautuola -descubridor oficial de las pinturas- como un avanzado de su tiempo, enfrentado a la incomprensión de los franceses y a la Iglesia, consolidando la historia oficial de Altamira. Y no tiene mucho que ver con la realidad. La hija, María Sanz de Sautuola -abuela del banquero recientemente fallecido Emilio Botín-, fue la que dijo: “¡Papá, mira, toros pintados!”. Pero quien descubrió la cueva realmente fue Modesto Cubillo, en 1868. Era un pastor al que se ha marginado del discurso oficial por ser anónimo, casi subalterno. Altamira tiene una historia traumática que también es patrimonio de la humanidad, pero no se cuenta. Nuestro libro quiere reivindicar los discursos alternativos de una historia que se obvia. Por ejemplo, los mismos soldados de la Legión Cóndor que bombardearon Gernika y mataron población civil, entre ellos niños y mujeres, tenían suficiente sensibilidad para ir a ver después el arte paleolítico de Altamira y firmar en el libro.

Hay una visión elitista de Altamira...

-Hay un libro de visitas que empieza con María de Sautuola y Alfonso XIII en 1928. Vemos que en los años 20 el primero que promociona la investigación en la cueva es Alberto de Mónaco, que fundó un instituto de evolución humana en París. Llegaba con su yate a Santander y exploraba las grutas. En el libro firman aristócratas de toda Europa que vienen en los años 20 en barco o en coche. En los años 30, con la II República, empiezan a verse reflejados escolares de toda España. Entonces, ya aparece un concepto de patrimonio público que no solo es de curas, reyes y oligarcas. Pero eso se corta de raíz con la Guerra Civil. En la actualidad pasa lo mismo. Hay una niña que dice: “Esta cueva no es ni de príncipes ni de princesas, es de todo el pueblo”. La gente odia ese modelo totalmente elitista.


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