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Tribuna abierta

Fin del juego: necesitamos ya una Federación Europea

Por Igor Filibi - Viernes, 1 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:13h

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Schuman lo resumió de forma extraordinaria en su discurso fundacional: debemos estar a la altura de los peligros que nos amenazan.Y no, no lo estamos, Europa no está a la altura

llevamos años dando argumentos a favor de una verdadera unión política europea. En el camino hemos retorcido los conceptos hasta hacerlos irreconocibles: soberanía, independencia, seguridad, nación, Estado. Nuestros políticos siguen hablando de sus naciones soberanas y muchos intelectuales y ciudadanos han callado, permitiendo que esta burda representación de la realidad adquiriese crédito.

Los europeos hemos sido maestros en el arte de los dobles discursos. No paramos de decir que Europa es imprescindible, que nuestros estados solos no pueden afrontar muchos de los retos a los que nos enfrentamos, y a la vez decimos que nuestros estados siguen siendo el marco clave de las decisiones y que la soberanía nacional debe respetarse. Hay muchos ejemplos de esto.

Sabemos que ningún Estado europeo, por poderoso que sea, tiene poder suficiente para regular efectivamente el mercado y exigir a las grandes corporaciones multinacionales el pago de unos impuestos justos. Sin embargo, sigue sin haber una unión fiscal europea.

Sabemos bien que la crisis actual de los refugiados está originada por el mayor desplazamiento de personas desde la Segunda Guerra Mundial y que ningún Estado solo puede gestionar una crisis de tal dimensión, pero en todos los países se imponen las voces que defienden soluciones nacionales. A sabiendas de que no resultarán, y aunque signifique renunciar a una de las mejores tradiciones europeas, la de acoger a los refugiados. Y se buscan cabezas de turco por doquier, solo para ocultar nuestra incapacidad. Y denigramos a los inmigrantes aunque sepamos que necesitamos varios millones de personas para que trabajen en nuestras industrias en los próximos años.

También sabemos que solo una decidida política europea, con los necesarios recursos, puede resolver estos problemas. Y, sin embargo, el presupuesto de la Unión Europea sigue estancado, cuando no reducido, desde hace años. Los gobiernos de los estados, a pesar de sus discursos sobre la necesidad de Europa, no quieren darle a la Unión Europea los recursos necesarios. Por cierto, hay que decir que, probablemente, no hay Administración pública en el mundo que haga tanto con tan escasos recursos como la Comisión Europea. Y, sin embargo, solo se oyen voces criticando a los burócratas de Bruselas.

Bruselas, capital de la Unión. La semana pasada dos salvajes atentados mataron a varias decenas de personas en el aeropuerto y en el metro. Se han dicho muchas cosas, lo de siempre: barbarie, vergüenza, etc. Como escribió Shakespeare en Hamlet: palabras, palabras, palabras. Eso ya no vale nada. Me quedo con la jefa de la diplomacia europea, un servicio diplomático que habla en nombre de Europa, con una sola voz, las pocas veces que se lo permiten los gobiernos. Pues bien, Federica Mogherini, rostro de la Europa política ante el mundo, solo pudo llorar. “Es un día muy triste para Europa”, dijo. Y añadió con contundencia que “estar juntos es el mensaje más poderoso de fortaleza y hermandad que podemos enviar a quienes intentan dividirnos”. Estas palabras fueron lo único sensato, lo único decente, que se escuchó, porque no se trata de un problema belga.

La reacción inmediata de todos los gobiernos fue ponerse en alerta máxima. Es decir, todos saben que se trata de un problema europeo. Por ello, cuando digan que van a hacer todo lo posible por proteger a sus ciudadanos, que van a poner en alerta a sus policías, a sus servicios de inteligencia, que van a dedicar más recursos, etc., todo eso no valdrá, de nuevo, para nada. Lo único serio que pueden y deben hacer es construir la Europa política que tantas veces han evitado construir con sus nacionalismos de Estado, con sus arrogancias imperiales, con sus sueños de un pasado que nunca más va a volver. Solo Europa, esta Europa, con sus graves problemas y su infinito potencial, puede mejorar la situación. Solo una verdadera Federación Europea, con auténticos poderes y un presupuesto a la medida de los retos, puede afrontar en serio los problemas actuales. En todos los terrenos: seguridad, defensa, migraciones, exiliados, energía, comercio, fiscalidad, política exterior, medio ambiente. Muchos ciudadanos y ciudadanas estamos ya hartos de palabras, de postureos, de la corrección política que no conduce a nada, de los clichés, de palabras vacías y gastadas como soberanía.

Si soberanía significa aún algo, si aún mantiene su sentido de una comunidad política que puede decidir de forma significativa sobre su futuro, eso solo lo puede ofrecer Europa. Y quienes lo saben y aún niegan esa Unión, esa Federación Europea, deben ser señalados sin tapujos por ciudadanos, intelectuales y medios de comunicación. Debemos comenzar a exigir que dejen de tomarnos el pelo. ¿Quieren afrontar en serio los problemas de Europa? Pongan fecha para una Convención, con clara mayoría de miembros del Parlamento Europeo, para redactar una Constitución Europea democrática y ambiciosa. Quien no lo desee, que se aparte, pero que no impida que quienes lo vemos como la única esperanza de mantener nuestro modelo de sociedad demos el paso necesario.

Solo Europa puede combatir el terrorismo que asola Europa. Solo con una Federación Europea podremos seguir siendo una sociedad abierta, y no cada vez más insignificante y a la defensiva. Y no es aceptable por más tiempo seguir fingiendo que cada pequeña provincia europea, llámese Luxemburgo o Alemania, Chipre o Francia, es capaz de hacerlo sola.

Los muertos de Bruselas se suman a los de París, Londres, Madrid y tantos otros lugares, dentro y fuera de nuestra Unión: Izmir, Estambul, Nueva York, Bali, El Cairo, etc. Y los muertos que reposan en el fondo del Mare Nostrum, de nuestro mar Mediterráneo, se amontonan en su intento de llegar a nuestras costas. Y el hambre, el miedo y las enfermedades se agolpan en su camino desde Siria a Europa. Y millones de personas acusan a Europa. Pero, ¿es Europa la culpable?

No, no más juegos de palabras. Son los gobiernos quienes han impedido una respuesta decente europea. La Comisión propuso crear mecanismos comunes de acogida y distribución de los refugiados. Los gobiernos se negaron invocando su ficticia soberanía y las sacrosantas fronteras. Tampoco sus muros son la solución. Solo son unos nuevos muros que se añaden a la lista de muros que tampoco funcionaron. Ni la fuerza ni las alambradas pueden impedir los movimientos de las personas. Nunca lo han hecho.

Tampoco esas alambradas ni muros han impedido que unos salvajes asesinaran a decenas de inocentes en Bruselas, como antes lo hicieron en otros lugares. Solo una Europa poderosa, firme en sus valores y convicciones democráticas podría hacerlo. Necesitamos hablar con una sola voz en muchos temas. Este es uno de esos temas. Ya no valen las viejas palabras. El juego se ha terminado. Del mismo modo que durante los primeros meses de la última guerra mundial se produjo la drôle de guerre (guerra de broma o guerra ilusoria), que fue el preludio de la verdadera guerra mundial, es hora de que terminemos con este absurdo y letal juego de palabras y afrontemos los hechos. Solo unidos, poniendo en común todos nuestros recursos, abandonando las caducas ideas de soberanía y reinos de taifas derrotamos aquellos fascismos. Los de hoy esperan nuestra respuesta.

Si alguien tiene una alternativa mejor, que la diga. Algunos, cada vez más, solo vemos una, la Federación Europea, porque la vieja fórmula comunitaria sigue estando tan vigente ahora como en 1950: no hicimos Europa y tuvimos la guerra. Robert Schuman lo resumió de forma extraordinaria en su discurso fundacional: debemos estar a la altura de los peligros que nos amenazan. Y de, momento, no lo estamos. Solo se siguen oyendo palabras, palabras, palabras.

Solo con una Federación Europea podremos seguir siendo una sociedad abierta, y no cada vez más insignificante y a la defensiva



Son los gobiernos quienes han impedido una respuesta decente europea. La Comisión propuso crear mecanismos comunes de acogida


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