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Tribuna abierta

El nuevo relato independentista

Por Joxan Rekondo - Lunes, 28 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

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1. Nuevo independentismo. Hay un ‘nuevo relato independentista’ en marcha: el ‘hecho diferencial nacional’ es una barrera que frena la activación popular contra el sistema que nos oprime. Mejor un independentismo vaciado de patria, abstracto y universalista, un modelo que pudiera ser miméticamente aplicable en cualquier lugar y tiempo. Ésta es la opinión de la nueva intelectualidad orgánica de la izquierda abertzale. La red Independentistak la está difundiendo desde hace unos años: “el independentismo del siglo XXI no se puede plantear como un proyecto abertzale”. Inquieta oír a estos grupos asegurar que la euskaldunidad es un estorbo para avanzar en un proceso de independencia que pretenda obtener el éxito. A su parecer, los sujetos políticos no deben tener patria, porque los particularismos nacionales desintegran la potencialidad del sujeto para confrontarse con el statu quo vigente.

El factor euskalgile perdería, por lo tanto, su tradicional referencialidad política en el seno de ese ‘nuevo relato independentista’, que ya están elaborando las fundaciones y gabinetes de ideas de la izquierda abertzale y que ha cobrado mucha fuerza en torno a la celebración del Aberri Eguna del presente año. La ponencia Abian avisa con claridad que el proceso independentista que propugna no se ciñe a la cuestión nacional, sino que la supera. “Gertatzen dena da, independentista izateko arrazoi asko dagoela, eta euskara izarra izatea nahi duenak gogor borrokatu beharko du hori lortzeko”, dicen los adeptos al nuevo culto. La cuestión nacional ha dejado de ser un factor de estímulo revolucionario. ¿Ya no es útil el paradigma fundante del MLNV?

2. Imaginando el Estado Vasco. El estudio encargado por Ipar Hegoa, la fundación del sindicato LAB, al colectivo Parte Hartuz forma parte del trabajo de configuración del ‘nuevo relato independentista’ que propone el documento Abian de la izquierda abertzale. La investigación se ha realizado sobre una base territorial que alcanza a las tres realidades administrativas vascas (CAV, Comunidad foral de Navarra y territorios de Iparralde). El equipo ha preguntado sobre el Estado vasco, entendido como una estructura política neutra, evitando así identificarlo como un objetivo abertzale. Aun así, la mayoría de los cuestionados ha entendido que la creación de un Estado vasco es una demanda de la agenda nacionalista. En este marco, el estudio ‘Imaginando el Estado Vasco’ desarrolla una amplia encuesta cuantitativa (sobre un tamaño de muestra de 2.007 personas) y una investigación cualitativa, esta última basada en grupos de discusión y entrevistas en profundidad a empresarios y grupos del mundo de la cultura vasca.

El resultado del análisis cuantitativo ha sido globalmente favorable (40’3% contra 35’7%) a la creación de una estatalidad vasca, aunque muestra una “alta tendencia a cambiar de opinión”. Es llamativa la volubilidad que muestran especialmente los sectores de los que cabría esperar la mayor solidez en el respaldo a un proyecto de Estado vasco. Por ejemplo, que las dos terceras partes de los encuestados favorables a un Estado vasco cambiarían su opinión si la nueva estructura supusiera un retroceso para la euskaldunidad. La lectura de esta reacción es reveladora: esa amplia mayoría cree que el logro de la estatalidad vasca no es un fin en sí mismo, sino un medio vinculado a la finalidad de dar continuidad histórica al hecho diferencial vasco. Reacción significativa que se confirma con la opinión de los grupos entrevistados que participan en la dinámica cultural vasca, los cuales creen que se está impulsando un proyecto político soberanista que renuncia a la construcción de una nación cultural, dejando aislado al movimiento euskalgile.

3. Independencia sin causa vasca. Las mediciones resultantes del trabajo de campo desmontan el argumento sociológico en el que se sustenta el ‘nuevo relato independentista’. Éste quedaría como un mero intento de laboratorio si no fuera porque cuenta con el impulso de la dirección de la izquierda abertzale y con la amplia difusión que le están proporcionando sus medios de comunicación. ¿Cómo es posible concebir un Estado vasco que sea una estructura estatal neutra, desprendida de características propiamente vascas? Cuando los encuestadores de Parte Hartuz preguntan por el estado en el que los interrogados preferirían ‘estar’, entonces las respuestas invariablemente condicionan su respuesta a la finalidad (para la mayoría, que no retroceda la euskaldunidad) a cuyo servicio actuaría ese Estado.

Una independencia sin causa vasca que la sostenga es un término hueco. Se puede añadir, de acuerdo con el calificativo de moda, que es un significante vacío. Vaciado y desconectado de los significados principales que han articulado históricamente nuestra causa: pueblo, euskaldunidad y continuidad abierta a la integración y al cambio. Si se busca una movilización independentista desprovista de causa vasca, la realidad política que fundará (si llega a tener éxito) hará tabla rasa y se corresponderá con otra identidad. Una identidad todavía sin nombre, pero lo que es seguro es que no será nacional vasca.

Por eso, hay que poner en cuestión la estructura de este ‘nuevo relato independentista’ al completo, más allá de su presentación formal, sin caer, por supuesto, en la trampa del debate que se pretende polarizar en torno a un independentismo nominal. Bajo un repertorio de eslóganes, pomposo y grandilocuente, quien domina ese marco de debate busca impedir el contraste del sentido y contenidos de los diferentes itinerarios, sean o no independentistas, que se pueden plantear ante el futuro de los vascos, para su continuidad como comunidad nacional.

4. Menos alma y más conflicto. Al amparo de la izquierda abertzale, el argumentario ‘neoindependentista’ busca crear un clima de opinión que facilite la sustitución del PNV en el apoyo social y en el liderazgo institucional. Es posible que la capacidad de agitación de los gabinetes de ideas próximos a Sortu sea insuperable. Y es claro, además, que este debate tiene implicaciones muy importantes en relación con la decisión sobre el estatus político, que es una cuestión que será determinante ante la legislatura que se abre en el Parlamento Vasco.

En esa línea, el ‘nuevo relato independentista’ pretende desacreditar el relato histórico-político socialmente vigente. Pero, su debilidad es que es un discurso de élite, sin base sociológica ni sustancia nacional, que presenta un equipaje muy pobre para sustituir el sentido político que subyace a una institucionalidad que todos decimos reconocer. Quienes negociaron el Estatuto vasco, pese a que tuvieron que moverse en el terreno de lo posible, no hicieron las renuncias ideológicas a las que obliga este independentismo de nuevo cuño.

Frente a esta nueva visión, en el texto estatutario del 79 se incluyen distintos valores que hoy deberían ser irrenunciables. El primero es el reconocimiento de nuestra condición nacional. El futuro del euskera fue el objetivo del más importante de sus pactos articuladores. Pero, hay más. En aquel documento se abre la puerta a la unión vasco-navarra, en un marco de respeto a la decisión ciudadana. Allá se determina la puesta en marcha de importantes estructuras de Estado. No solo en relación con la economía y la fiscalidad o la policía, sino que también se incluyen los pilares (educación, sanidad, seguridad social y servicios sociales,…) del estado de bienestar. Y, sobre todo, se incorpora la salvedad foral de respeto a los derechos históricos que puede actuar al servicio de lo que el Pueblo Vasco decida, una disposición abierta al ejercicio de la autodeterminación. Es cierto que la falta de desarrollo de contenido material del Estatuto y el adulteramiento de su carácter de pacto han arruinado buena parte de las expectativas que se crearon con su aprobación. Pero, no hay nadie que pueda discutir cabalmente que mantenemos importantes recursos que son propios de Estado.

Para finalizar, ya que contrastamos relatos, la narrativa política inmanente a la actual norma estatutaria vasca está más integrada con la opinión pública vasca como realidad plural, y es mucho más comprometida con la euskaldunidad y con nuestra continuidad como pueblo. Lo sensato ahora es avanzar en lo material, siempre con la vista puesta en nuestro desarrollo futuro como pueblo. En este sentido, el ‘nuevo relato independentista’ no significa más que abandonar el alma nacional con la intención de que, bajo el señuelo de una independencia abstracta, vuelva a crecer el conflicto social. No parece un propósito muy satisfactorio en un momento en el que la inmensa mayoría de los vascos disfruta con un mejoramiento de la convivencia. Pero, ¿en qué otra cosa pueden estar pensando los redactores de la ponencia Abian de la izquierda abertzale cuando nos anuncian la provocación de “procesos que polaricen la sociedad”?


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