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Kanpolibrean;por Xabier Iraola

Tiritas para la hemorragia láctea

el sector lácteo y la clase política europeos andan revolucionados por el exceso de producción de leche

Por Xabier Iraola - Domingo, 27 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

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Termino la semana ciertamente soliviantado ante la noticia de que el Ayuntamiento de Barcelona se declara “ciudad vega-friendly”, o sea, ciudad amiga de la cultura vegetariana y vegana. Desconozco si previamente la ciudad olímpica por excelencia se declaró amiga de la cultura del pan, de los huevos, carne, leche o butifarra, por llevarlo al campo catalán pero mucho me temo que será que no y que, Barcelona, una vez más, se suma al supuesto carro de la modernidad aprobando una ampulosa y llamativa declaración en pro del movimiento vegetariano aun habiendo destruido en su zona metropolitana, durante décadas, cientos o miles de hectáreas cultivables para destinarlos a la burbuja inmobiliaria. En resumen, primero destruyo todas las huertas y terrenos cultivables y ahora, a la postre, me declaro, porque soy guay del paraguay, ciudad vega-friendly. Yo, por mi parte, como cada vez disfruto más de las menestras que prepara mi suegra, también me voy a declarar vega-friendly.

Además, para más inri, esta noticia me llega cuando justo comenzaba a escribir sobre el descenso en el consumo de leche de vaca y sobre la incidencia que tiene la opinión de animalistas y de algunos médicos que fijan en la leche el origen de todos los males que venimos sufriendo los humanos. Da lo mismo el motivo por el que acudas al médico, te duelan las tripas, te preocupe la regularidad de ir al baño (mejor dicho, la falta de regularidad), las digestiones pesadas, el acné, etc. la respuesta siempre es la misma, deja de consumir leche de vaca y si te pasas a las bebidas de soja, almendras o arroz, mejor que mejor.

Incluso hay opinadores tan “simpáticos” como el seudoescritor Fernando Sánchez Drago que llega a afirmar que la leche es veneno y que el ser humano es el único mamífero que sigue bebiendo leche tras haber finalizado la lactancia, pero lo que a este especialista del porro se le olvida decir es que el ser humano también es el único mamífero que lee libros, por muy malos que estos sean, como es el caso de los suyos. ¡O sea, ya vale de txotxoladas!

Como decía antes, esta semana pretendía referirme a una de las causas de la bajada en el consumo de leche de vaca porque en estos últimos meses el sector lácteo europeo y, por presión de ellos y por extensión, la clase política europea anda revolucionada ante el exceso de producción y las catastróficas consecuencias que ello tiene en la rentabilidad del conjunto de la cadena, pero muy especialmente, en la rentabilidad de los ganaderos.

Quizás en Euskadi no seamos conscientes de la que está cayendo a nuestro alrededor pero tengan bien presente que no es porque seamos más guapos, ¡que también!, sino por el trabajo y sacrificio de nuestros ganaderos que durante muchos años han trabajado, con rigor y estrategia de futuro, aportando parte de su precio a una cooperativa, Kaiku, que ha logrado impulsar una industria como Iparlat donde es el socio mayoritario, una marca señera como Kaiku donde también es socia, aunque no mayoritaria, y un acuerdo estable y tranquilizador con la distribuidora Mercadona. Como decía, frente a nuestra relativa calma, el patio de nuestros vecinos, miremos para donde miremos, anda muy revuelto y muestra de ello son ejemplos como las explotaciones gallegas abandonadas por Rio, las castellanoleoneses estrujadas por Ornua (suministradora de Telepizza con capital irlandés) o el cierre de la empresa vallisoletana Lauki (de capital francés).

Como recordarán de anteriores artículos, los responsables comunitarios, haciendo caso a las consultoras pero haciendo caso omiso a las organizaciones ganaderas, desmantelaron las cuotas lácteas e incitaron a producir cegados por el maná chino y ahora que los dichosos chinos se niegan a beber más leche, tenemos lo que tenemos, leche hasta por las alcantarillas.

Recientemente, el pasado 14 de marzo, estos mismos señores que hace un par de años desmantelaron las cuotas como sistema de control de la producción, reunidos en el Consejo de Ministros de Agricultura tuvieron que aprobar, quizás por la presión franco-germana, un timorato sistema de regulación de la producción láctea, con base en el artículo 222 de la OCM, donde se prevé una regulación voluntaria y con carácter temporal, se habla de unos seis meses, en la que se posibilitará que las organizaciones de productores, interprofesionales, cooperativas o industrias lácteas alcancen acuerdos para disminuir la producción con el objetivo último de aliviar la presión que el exceso de oferta supone sobre el precio final que perciben los ganaderos.

Sé lo que están pensando y tienen más razón que un santo, primero, eliminar el control de la producción;segundo, animar a los ganaderos a que incrementen la producción;tercero, retorcer a la baja al ganadero por exceso de leche en el mercado;cuarto, abandonar rutas de recogida “nacionales” pero seguir importando leche extranjera;y quinto, abrir la puerta a que las administraciones curen la hemorragia con ayudas a modo de tiritas.

Y todo ello, en un Estado español que importa un tercio de toda la leche que consume. ¿Alguien entiende algo?


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