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¿Una trampa de Cameron o una trampa para Cameron?

Por Jon Iñarritu e Inaki Irazabalbeitia - Martes, 22 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Tras el acuerdo logrado por David Cameron con el Consejo de la Unión Europea recientemente, más de uno puede estar tentado de pensar que la UE ha caído en el lazo puesto por el Gobierno británico: la Unión Europea ha cedido a las presiones británicas y le ha dado a Cameron el caramelo con el que engatusar a la opinión pública.

Nosotros seríamos más de la opinión de que Cameron ha podido caer en su propio lazo. Lanzó la idea como señuelo para calmar al ala euroescéptica de su partido y parar el incremento electoral del UKIP;recordemos su promesa realizada en enero de 2013 de convocar un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea en caso de ser reelegido en 2015. Fue reelegido y con mayoría absoluta. Ya estaba atrapado en su propia trampa, ya que los poderes financieros que apoyan a los conservadores británicos, es decir la City, no quieren de ninguna manera que el Reino Unido quede fuera de la Unión. Sería malo para sus negocios. Cameron es un hombre de palabra. Lo demostró con el referéndum escocés y lo está demostrando ahora con el referéndum sobre el Brexit. Es de aplaudir el sentimiento democrático de Cameron. ¡Ya podrían aprender de él los políticos mesetarios!

Sí o sí Cameron tiene que ganar el referéndum. Eso no es fácil en una sociedad como la británica, o mejor dicho la inglesa, donde una parte importante siente un profundo desdén por el continente. Algo tiene que vender a la ciudadanía británica para lograr una mayoría de votos afirmativos y por ello envió al presidente del Consejo, a Donald Tusk, su carta a Olentzero el pasado otoño. La misiva hacía demandas en cuatro áreas diferentes: gobernanza económica, competitividad, soberanía y abusos en los beneficios sociales. En estas cuatro áreas ha conseguido Cameron concesiones. Incluso ha podido conseguir una bandera de enganche con el compromiso de que en la próxima negociación de los Tratados se introducirá un estatus especial para el Reino Unido. En cierto modo, esto es, obviamente, la mejor oferta que podría haber esperado.

¿Valdrá el acuerdo para convencer a los euroescépticos? Evidentemente para los partidarios del UKIP, euroescépticos militantes y opinadores sesgados cuya hostilidad hacia la UE es conocida, cualquier trato que Cameron hubiese conseguido en Bruselas hubiese sido malo. ¿Para la ciudadanía? No está claro y depende del signo del voto en Inglaterra por su gran peso demográfico frente a las otras tres naciones que conforman el Reino Unido.

Gales y Escocia son profundamente europeístas y tanto el SNP como el Plaid Cymru (el Partido de Gales) hacen una defensa firme de la continuidad en la Unión.

En Irlanda del Norte no está claro. Tanto los partidos católicos, Sinn Féin y SDLP, como el aconfesional Alliance se han pronunciado contra el Brexit. En el lado protestante, el mayoritario DUP pedirá el no en el referéndum, mientras que el oficialmente euroescéptico UUP no se ha pronunciado todavía.

Cameron tendrá a favor, además de parte de su partido, una parte importante de los medios de comunicación, la City, la mayor parte del partido laborista, sindicatos, los verdes, los social-liberales y los partidos nacionalistas escoceses, galeses e irlandeses. Una variopinta coalición con muy diferentes visiones sobre el futuro de la Unión desde la visión neoliberal de la City hasta la visión de la Europa social de los pueblos de los partidos nacionalistas.

En contra estará el UKIP y otros movimientos euroescépticos. Sin embargo, el enemigo lo tiene en su propia casa: su amigo y ministro de Justicia Michael Gove y el carismático alcalde de Londres, Boris Johnson. Este último parece ser que aspira a ocupar el sillón de Cameron en un futuro. Pero, quizás, el mayor enemigo a batir por Cameron es la visión insular del mundo de una gran parte de la ciudadanía inglesa. El 23 de junio ¿para quien será la trampa, para la UE o para Cameron?

Por otra parte el lazo que atrapa a Cameron puede ser doble. Los independentistas escoceses lo tienen claro, si en Gran Bretaña vence elBrexit y en Escocia el Brexin, activarán el proceso independentista otra vez, ya sea por vía referendaria o vía parlamentaria. Las elecciones al Parlamento escocés de mayo marcarán cuál de las vías puede ser la activada ya que una clara victoria del SNP puede legitimar la vía parlamentaria. En el País de Gales, por otra parte, está claro que una victoria del Brexit activaría un proceso soberanista que en unos años puede estar en la misma tesitura que el escocés.

¿Y la Unión Europea qué? A nuestro entender la Unión Europea ha dado un paso más en el camino de convertirse en la desUnión Europea. Las políticas sociales y económicas de los últimos años, la nada transparente gobernanza, la pésima gestión de la crisis de los refugiados teñida de xenofobia y falta de solidaridad y una despolítica exterior totalmente dependiente de los intereses de EE.UU. ya habían sido señales claras de que la Unión avanza en sentido contrario a los fundamentos que la crearon.

El simple hecho de negociar el chantaje de Cameron, de convertir un problema de política interna del Reino Unido en un problema europeo, ya lo es;sin entrar en el detalle de las concesiones hechas a Cameron. Se ha abierto la espita, aún más, a una Unión con diferentes velocidades, en la cual los socios poseen unos derechos u obligaciones diferentes en función de su capacidad de negociar o chantajear. No hay más que comparar el trato recibido por Grecia con el que está recibiendo el Reino Unido.

Ahora ha pesado el tamaño de la economía de Gran Bretaña. Pero ¿quién puede asegurar que, por ejemplo, en un futuro el euroescéptico gobierno polaco no intente jugar con su papel geopolítico de frontera con Rusia y Ucrania para conseguir privilegios dentro de la Unión? Nadie. ¿Qué hará entonces Europa?

Esta no es la Europa que deseamos, en eso no tenemos duda, pero si alguien nos preguntase qué votaríamos en caso de poder votar el 23 de junio, nuestra respuesta sería ‘Sí’, aunque fuese solo por solidaridad con la naciones británicas y nuestros socios escoceses y galeses de la Alianza Libre Europea, SNP y Plaid Cymru, y los partidos nacionalistas norirlandeses Sinn Féin y SDLP.


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