Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
José Alfonso Romero ex guardia civil y autor del libro ‘la hija del txakurra’

“Escribí por el afán de la sociedad y las instituciones de desdramatizar la muerte y circunscribirla al oficio”

Con 19 años conoció desde su uniforme la Euskadi de los ochenta, una década que ETA inauguró con 93 asesinatos, de los que 31 eran guardias civiles

A. Abaitua Alex Larretxi - Domingo, 20 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:09h

José Alonso Romero

Galería Noticia

José Alonso Romero

Gasteiz- “Viene usted de muy lejos para hablar con una muerta”. José Alfonso Romero inicia su obra con la frase de una mujer a la que ETA ha arrebatado a su marido. La hija del txakurra son 14 fábulas basadas en la propia experiencia del autor, a quien la Guardia Civil destinó a Donostia en plena apoteosis de los años de plomo. Sus recuerdos se vuelcan sobre estas páginas que presentó el miércoles en Gasteiz invitado por la Fundación Fernando Buesa y con las que pretende poner en valor al ser humano que hay tras el uniforme.

¿Qué pensó cuando en 1979 le trasladaron a Euskadi?

-Realmente no sabes lo que ocurre hasta que vienes. Me castigaron con este destino forzoso y durante cuatro años estuve en San Sebastián. Yo tenía 19 años.

¿Pensó que podía ser asesinado?

-No, no lo piensas. Sabes que hay una organización terrorista que asesina y que tú vas a ser su objetivo, pero no lo ves como una posibilidad real.

¿Qué recuerda de sus primeros días en Donostia?

-Desde el primer momento compruebas que hay un rechazo general por parte de la sociedad y un ambiente enrarecido dentro de un cuartel en el que la gente vivía muy presionada. Acababa de salir de la academia, donde todo estaba muy controlado y organizado, y aquí me encontré con bastante desorganización. Eso te desorienta.

¿Qué le comentaban a su llegada los agentes veteranos?

-No hacía falta que te comentaran nada, se reflejaba la situación de violencia que existía y se veía que estaban desbordados. Había desde el que contaba todo lo que había visto con detalle hasta quien no decía nada porque estaba realmente mal. A la Guardia Civil se le ponía en un plano benemérito, heroico, pero nadie analizaba la condición de seres humanos de estas personas.

¿Cómo era su día a día fuera del cuartel? ¿Qué contacto mantenían con la sociedad civil?

-Éramos jóvenes y salíamos, claro, pero la relación con la gente no era buena. En cuanto llegabas a un bar se apartaban, creo que pensaban que alguien podía venir y pegarnos un tiro en la cabeza. Enseguida nos identificaban, y eso que era una ciudad;imagínese lo que pasaba en un pueblo.

¿Aprendió a convivir con el miedo?

-Eso no se aprende. Había una gran parte de esa sociedad que por miedo o por simpatía colaboraba con ellos. ETA era como el Estado;tenía sus medios de comunicación, cobraba su impuesto -revolucionario- y tenía una enorme red de gente. Muchos preferían llevarse bien con ellos mucho antes que con nosotros. ETA imprimía en sus asesinatos una especial violencia como aviso a navegantes.

¿Alguna vez estuvo cerca de ser asesinado?

-Sí, claro. Una vez destrozaron mi coche con una granada.

¿En qué consistía su trabajo?

-Yo no estaba en el grupo que se dedicaba a la lucha contra ETA. Hacía servicios comunes, como estar ocho horas en la puerta de la oficina de Correos.

¿Sentía que su vida corría peligro?

-Mirabas a todos los que entraban y pensabas que si cualquiera sacaba una pistola del bolsillo y te pegaba un tiro no tenías nada que hacer. Esa presión te va rompiendo, terminas medio neurótico y con problemas de ansiedad.

¿No confiaban en las medidas de seguridad?

-Para lograr una seguridad absoluta tendríamos que haber estado todo el día cacheando absolutamente a todo el mundo. Llega un momento en el que renuncias a la seguridad, porque si no sabes que vas a caer derrotado por el pánico. Teníamos que sustentar una realidad ficticia;no había un conflicto, no había una guerra.

¿Por qué decidió plasmar sus vivencias en un libro?

-Un motivo que me llevó a hacerlo fue el afán de la sociedad y de las instituciones por desdramatizar la muerte, circunscribirla al oficio. La sociedad te llama perro, txakurra, y para las instituciones éramos números.

¿En esas circunstancias se llega a entender la guerra sucia?

-Nada justifica la guerra sucia, ni los asesinatos ni las torturas. No puedo dar por buenas la torturas ni admitir esa forma de actuar. Había que actuar con las normas del Estado de Derecho.

¿Convivió con compañeros que sí justificaban estos medios?

-Había de todo, pero tenga en cuenta que el GAL fue una losa para nosotros. Todo el esfuerzo que hacía mucha gente para poder actuar dentro de la legalidad desaparecía cuando ocurrían este tipo de casos. Parte de la sociedad estaba esperando que hiciéramos algo así para justificar las otras actuaciones, las de ETA. Cuando mataban a alguien se solía escuchar aquello de algo habrá hecho.

¿Cómo se vivía la muerte de un compañero?

-Llegaba un momento en el que intentabas obviarlo. Cuando mataban a uno se le hacía la autopsia, se le ponía la bandera y se le mandaba para su casa. Rápido. Daba igual que le hubieran asesinado, para mucha gente solo era un fascista. Se trataba mal a los vivos y a los muertos.

¿Los lectores de su libro se podrán aproximar a lo que usted sintió en aquella etapa?

-Si fabulo es porque he leído libros de este tipo y son muy mecánicos. Mis retratos ahondan más en la vertiente humana, en cómo gestiona esa persona el dolor. Puede servir para conocer una faceta humana en lugar del rol heroico que muchos atribuyen a la Guardia Civil. Poner en valor lo humano, ese ha sido mi objetivo.

¿Qué cambios ha experimentado en los viajes que ha hecho al País Vasco después de su experiencia a principios de los años 80?

-La verdad es que cuando he venido por aquí, por Vitoria, no he percibido esa sensación que tenía entonces. Volver a San Sebastián para mí es como ir a un cementerio. Recuerdas todos los lugares donde hubo asesinatos o pasó algo.

¿Se siente capaz de ir a Donostia y compartir con ciudadanos anónimos que usted fue guardia civil en esa ciudad?

-No, porque creo que ese rechazo todavía está vivo.

Habrá quien le recuerde las torturas denunciadas, entre otros puntos, en el cuartel de Intxaurrondo.

-Yo no me perdonaría dar por buenas la torturas, eso es terrible. El que lo hizo, él verá, pero yo no podría llegar a casa y acariciar a mis hijos con las manos manchadas de sangre. Por eso a la hora de escribir el libro busqué un elemento central: el dolor. Es incontestable y universal. No se contrapone con el de los demás. No hay discurso intelectual ni político que lo pise.

¿Qué papel deben cumplir las víctimas en esta nueva etapa sin violencia?

-Creo que es importante entender el dolor de los demás. Se habla mucho de las asociaciones de víctimas, pero al margen de ellas hay muchas personas que gestionan en solitario ese dolor. Lo han convertido en una forma de vida.

¿Cómo ha cambiado la Guardia Civil desde entonces?

-Se han hecho cambios dirigidos a ser una institución policial, pero también creo que deberían explicar qué hacen. Igual hay parte de la sociedad que no te comprende, pero explícalo. Me gustaría que los lectores se quedarán con que detrás de los uniformes había personas y destacar lo que nos une.


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902