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“Te asomas, ves las casas y piensas, ¿no trabaja nadie?”

Dos jubilados retratan cómo empresas punteras de Zumarraga, Urretxu y Legazpi han cerrado estos años

Un reportaje de Jurdan Arretxe. Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 20 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Zumarraga, Legazpi y Urretxu han sufrido desde los 80 el cierre de empresas señeras. No quieren que la planta de Arcelor Mittal se sume a la lista. Se desconoce el futuro de los 348 empleados dados de alta en la Seguridad Social. La multinacional anunció el martes un “cese parcial” que no ha concretado y en la comarca solo hay especulaciones.

“¿Se entiende que paran un tiempo y volverían o cómo?, porque indefinido no han dicho”, pregunta Carmona, que en casi 46 años de vida laboral vivió incertidumbres similares. Empezó a trabajar en 1965 y nueve años después entró en Irimo, de Urretxu, donde se retiró en 2011. Eso sí, en Vitoria: “De aquí nos trasladaron a 92 en el 2004. De los que fuimos no sé si quedan 20”.

“Se dijo que nuestro traslado fue ejemplar”, señala Carmona. “Al final de mala fe nos dijeron que teníamos que ir a relevos, aunque teníamos firmado que no por calidad de vida, pero...”. Sus últimos siete años de vida laboral fueron a caballo entre la comarca del Urola y la capital de la CAV.

La fábrica de herramientas de mano para la que Carmona trabajó desde 1974 llegó a sumar más de 500 operarios en los 80. Hoy, tras pasar a formar parte de Snap-On y después de Eurotools -que terminó por cerrar la planta de Urretxu-, ninguna empresa de esta villa supera el centenar de empleados.

Al otro lado del río, Zumarraga registró hace 10 años un 6% de desempleo. Hoy, 14,12%, por debajo del 15,5% que contabilizó en 2012. Nada que ver, eso sí, con tiempos pasados en ambas localidades.

“De críos salíamos a jugar a la calle y parábamos cuando venía la gente en bici de trabajar”, rememora Carmona. La planta de Patricio Echeverría, con más de 5.000 empleados, estaba a cinco kilómetros y la gente se desplazaba en bicicleta. “A Orbegozo, donde podían trabajar casi 4.000 personas, y a Irimo la gente iba andando. Me acuerdo de que a eso de las 7.45 horas te acercabas a la ventana y se veían las luces de la gente que se levantaba. Ahora te asomas y, jo, ¿aquí no trabaja nadie?”.


“no entra nadie de Urretxu”Muchas luces, apagadas. Francisco Lasala, un transportista también jubilado, lo constata: “Ya no entra nadie de Urretxu ni de Zumarraga en Irimo. En Sarralde, tampoco. Si ahora se cierra Arcelor, de Zumarraga no entrará nadie a trabajar”.

Junto al grueso de trabajadores de la multinacional se hallan los transportistas: “En la fábrica entrarán unos 200 camiones al día. El mismo camión puede hacer 10 viajes a Bergara. Hay unas 30 familias de los camioneros”.

Pocos hablan de ellos. Lasala ve una explicación lógica: “Son los últimos porque estos tienen las bañeras para traer la chatarra. ¿Ahora con esos camiones preparados con ese tipo de plataforma a dónde vas? Preparar ese camión para una carga general, con su toldo y sus pilares, puede valer 20.000-25.000 euros. ¿Qué haces?”.

Más aún, Lasala tiene presente la situación de muchos trabajadores de la antigua Orbegozo: “Casados, con hijos, con hipotecas.... Nos podía haber pasado a nosotros. Como los demás, compramos vivienda y una hipoteca. Pero si no tienes ingresos, ¿con qué pagas?”.

En su caso, trabajó durante 40 años en una empresa familiar: “Éramos once y ahora son tres, dos hermanos y un chófer. El padre les dejó la empresa montada, pero, ojo, la modernizaron entera. Si no, no se podía competir. Vino la crisis, la gente no paga y no te meten en follones”.

Frente a la modernización de la maquinaria -que el comité de Arcelor Mittal Zumarraga ha denunciado insuficiente-, Carmona contrapone que “el empresario, si antes ganaba, ahora gana más, aunque diga que pierde”.

“¿Sabes qué quieren?”, se pregunta este exempleado de Irimo antes de responderse: “Cortar las plantillas que decían exageradas y que lo que sacaban con 380 empleados lo saquen 80 y a correr. No cogen a nadie. Cada día meten una máquina y si para un trabajo hacían falta tres, ahora con uno que controle la máquina va que arde”.

Una deriva que año tras año se sucede en muchos talleres, también de Urola Garaia. Una comarca que se relame de las glorias industriales del pasado, apenas intuye cuál es su presente y teme por su futuro.


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