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¿Qué viene después?

Alex Txikon desgrana su hito en el Nanga Parbat y no descarta el objetivo del k2, aunque lo ve lejos

Igor G. Vico - Viernes, 18 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Alex Txikon.

Alex Txikon. (Foto: archivo)

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Alex Txikon.

Bilbao- Todo parte de una fotografía, la de Alex Txikon y Ali Sadpara allí arriba, encima de la mole del Nanga Parbat (8.126 metros), con una rodilla hincada y sin arnés. Solamente el paquistaní lo lleva, colorado, mientras a sus espaldas el mundo se transforma entre el azul y el blanco con matices en una paleta de colores divina. Ahí, recuerda el lemoarra, ni siquiera vio el K2, que “tenía delante de mis morros”. Esa imagen es el punto más mediático, pero no el más imponente del hito del escalador vizcaino, el primero en hollar en invierno la penúltima hazaña del himalayismo. Al fondo de los libros de historia, en la página final, está instalado el K2 y su temible mundo infernal en la temporada más fría del año, una cota prácticamente imposible para el ser humano. Muchos lo intentarán este curso.

Pues bien, en las entrañas de aquella imagen, el fin de un viaje infinito, Alex recuerda cómo fue ese instante de respiro. “Primero llegó Ali Sadpara, que coronó por una ruta paralela a nosotros, yo alcancé la cima quince minutos después, pero con la tensión, no me enteré de nada. Fue cuando vino Simone Moro, alrededor de un cuarto de hora después, cuando me di cuenta de que se veía todo alrededor”, analiza el pionero vizcaino mientras recompone el puzzle de su historia, en la que la pieza principal era llegar al “Campo Base”. “Nuestra cima siempre está allí”, confiesa Txikon. “Si juegas con honestidad, humildad y verdad, la montaña te deja conseguirla”, revela además.

“Esto es fruto al trabajo”, recuerda el alpinista de Lemoa, quien considera clave de la proeza la “aclimatación en Argentina”, los “pulkas” que sirvieron de trineo y los 34 días trabajados en la montaña. Apunta el vizcaino a que “Ali y yo hicimos el 95% de ese trabajo previo a la ascensión. “Con que uno lo hubiera conseguido de todo el equipo ya sería una victoria para mí”, desgrana y apostilla que “la base de todo fue que fuimos todos a una. Quisiera destacar todo el apoyo de la gente que hemos sentido. Estoy muy agradecido a todos”.

En la primera mirada a Islamabad, Daniele Nardi era parte del equipo. El italiano abandonó el bloque en febrero y mostró actitudes poco elegantes con sus compañeros después por medio de las redes sociales. Aunque el lemoarra no quiere entrar demasiado en el tema sí que manifiesta que “notaba cierta competencia demasiado agresiva. No hubo riñas entre nosotros. Nardi siempre tenía alguna excusa para quedarse en el Campo Base. No es mi opinión, es lo que sucedió”. Y se hace una crítica positiva a sí mismo, al exponer que “yo pude tener cierta culpa porque me falta madurez en el liderazgo. Tengo que aprender de ello”.

La celebración, no obstante, se tuvo que hacer por lo bajo para no ofender a Tamara Lundger, que se quedó a apenas unas decenas de metros de coronar. “Tomó la decisión acertada, porque iba más justita de fuerzas”, admite.

próximos proyectos“Por ahora, quiero disfrutar de la primavera en Euskadi, que está preciosa con la nieve. Hemos pasado más de quince días en Pakistán y la gente nos ha dado todo. Miles de personas, por ejemplo, fueron a recibir a Ali en su ciudad, Skardu. Tengo que poner los pies en la tierra, reposar y disfrutar de la vuelta a casa”, concreta Txikon. Puede que el siguiente punto sobre el que su hazaña ponga el foco sea el último gigante por tumbar, el K2 en invierno, pero considera el vizcaino que “vamos en la buena dirección, pero no estamos a la altura de una aventura de ese calado. Quizás no tanto por aspectos deportivos, pero sí económicos”. Supera los 50.000 euros. “Otra liga”, anuncia Alex. Aunque no cierra la puerta a esa expedición. “Nunca digas de este agua no beberé”. “Va a haber bastantes grupos para el K2 en 2017 -entre ellos uno de Bielecki- y creo que no va a ser seductor en lo alpinístico”, relata. Asimismo, Simone Moro tiene previsto el Everest en invierno sin oxígeno. Otra aventura para la historia. Considera, por otro lado, Txikon que “antes de salir, dijimos que pasase lo que pasase iba a ser un antes y un después. Creo que en 2011 empecé un ciclo que se cierra”. Esa foto de cima fue el punto de partida ayer. El final de la aventura y quizás de una era para él.


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