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Arantzazu Saiz pianista oñatiarra

“Es un regalo que conciertos de obras como el ‘Réquiem’ de Brahms se monten en Oñati”

La pianista Arantzazu Saiz acompañará a Oñatiko Ganbara abesbatza en el ‘Réquiem alemán’ de Brahms que el domingo se escuchará en la parroquia de San Miguel

Anabel Dominguez - Jueves, 17 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Arantzazu Saiz, pianista oñatiarra.

Arantzazu Saiz, pianista oñatiarra.

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Arantzazu Saiz, pianista oñatiarra.

oñati- El viaje musical de Aran-tzazu Saiz comenzó cuando era niña. Lo mismo que su idilio con el piano. “No hubiera elegido otro instrumento”, asegura con rotundidad, mientras deja entrever lo que siente cuando sus dedos flotan por las teclas de su inseparable compañero. Esta oñatiarra compagina el trabajo como profesora en la escuela de música de la localidad alavesa de Agurain y las sesiones que imparte de musicoterapia, con su participación en diferentes proyectos. El último de ellos: el Réquiem alemánde Johannes Brahms, la nueva aventura musical del laureado Oñatiko Ganbara abesbatza. 45 voces llevan el peso del espectáculo que dirige Aitor Biain, y al que se suman la también pianista, Eli Mendiaraz, la soprano Klara Mendizabal y el barítono Ander Simal. Este próximo domingo presentarán la obra en casa (19.00 horas;el precio de la entrada es de diez euros), y un día antes, el sábado, la interpretarán dentro del ciclo de música sacra que se celebrará en el municipio de Torrelavega (Cantabria).

¿Cómo ha resultado el trabajo previo a la representación del Réquiem de Brahms?

-El año pasado hicimos Carmina Buranade Carl Orff, y Eli (en alusión a Eli Mendiaraz) y yo tocamos a dos pianos;esta vez lo hacemos a cuatro manos. A priori parecía que iba a ser un trabajo más sencillo, pero ha sido más complejo, y esa complejidad precisamente hace que la obra te guste más. Con Carmina Buranafue como un flechazo;con Brahms, por contra, ha ido progresivamente gustándome más. Me ha resultado más denso, más rico armónicamente, melódicamente, los giros, los matices… Es un reto y un disfrute a la vez.

¿Qué se va a encontrar el público el domingo en la parroquia?

-Es una obra para disfrutarla. Tiene pasajes oscuros, porque no deja de ser un réquiem, y otros muy luminosos. Con fugas, unas melodías muy bonitas… Es un regalo que se monten este tipo de espectáculos a nivel de pueblo, en este caso de la mano de un coro tan potente como Ganbara. Para mí también es un regalo y una auténtica gozada que cuenten conmigo para participar en este proyecto. Estamos haciendo, además, una minigira. Junto con el concierto que ofreceremos en Oñati, el pasado día 13 estuvimos en Pasaia y este sábado actuaremos en Torrelavega. Después de todo el trabajo hecho y muchas horas de ensayo, es un placer poder presentar la obra en tres sitios diferentes. Te permite disfrutarla más.

¿Cómo se inició en la música?

-Vengo de una familia muy musical. Mi madre y mis tías cantan. La música siempre me ha gustado. Yo era una niña introvertida y, a la vez, muy nerviosa. Hay una anécdota que siempre cuenta mi padre: dice que me compró el piano para que me tranquilizara un poco (sonríe). Mi relación con la música fue de ahora la cojo, luego la dejo, vuelvo a cogerla… Pero cuando me apartaba de ella, me faltaba algo. Así que terminé cursando la carrera superior de piano en el Conservatorio Superior de Donostia.

¿Por qué se decantó por el piano?

-Hay personas que se sienten atraídas por un instrumento y otras por otro. En mi caso, el piano era para mí (vuelve a esbozar una sonrisa). Me gusta su timbre, su sonoridad. Te permite hacer melodías, armonías, ritmos... Me ha atraído desde que era pequeña.

Le gusta probar cosas nuevas. En 2005 se trasladó a Barcelona para experimentar otro género musical: el jazz.

-Así es. Me interesé por la música moderna y, especialmente, por el jazz. Me mudé a Barcelona para formarme en el Taller de Músics con músicos como José Alberto Medina, Vicent Solsona y Ernric Alberich. Durante mi estancia allí -vivió en la ciudad condal seis años- participé en diferentes proyectos, entre ellos, el musical Mentres hi hahi pelas, el disco Cantautar, fui pianista acompañante de la cantautora Meritxell Naranjo e, incluso, formé parte de un cuarteto de jazz. Pero, sobre todo, estuve formándome. Soy una aficionada al jazz.

De vuelta a casa, se interesó por la musicoterapia.

-Estoy terminando el máster en musicoterapia. Es otra manera de vivir la música, de utilizarla como herramienta para fines terapéuticos. Soy licencia en Psicología y siempre me ha gustado indagar en los efectos que tiene la música en las personas. Incluso me he hecho muchas preguntas sobre mí misma, y quizás también en ese sentido he querido encontrar respuestas. Es una ciencia cuyos efectos son positivos para cubrir las carencias existentes en las personas que presentan necesidades especiales y circunstancias de carácter diverso. Aporta beneficios a nivel físico, cognitivo -mejora la memoria y la atención-, y social;estimula, por ejemplo, la comunicación.

De hecho, imparte sesiones de musicoterapia.

-Sí, llevo dos años. En estos momentos las imparto en casa y en un centro de día de Gasteiz en el que trabajo con adolescentes. En la escuela de música de Zornotza, de la que he sido profesora hasta hace poco, estuve al frente de las sesiones de musicoterapia en el aula para alumnos con discapacidad. Las personas o familias que estén interesadas pueden ponerse en contacto conmigo.

¿Un buen momento que haya vivido con la música?

-Recuerdo que en Barcelona iba a ver las jam sessions y nunca me atrevía a subir a tocar. Hasta que lo hice... ¡Cómo disfruté!. También fue especial, el año pasado, el concierto de Carmina Burana con Ganbara. Estaba embarazada de cinco meses. Fue un cúmulo de sensaciones.

Por último, ¿dónde le gustaría verse dentro de unos años?

-Estoy abierta a proyectos. Me gustaría seguir trabajando como musicoterapeuta. Y, ¿por qué no?, tener mi propio proyecto musical: un trío o cuarteto de jazz.

Gipuzkoando

Su txoko guipuzcoano favorito. De pequeña he ido a Urbia muchas veces con mis padres. Además, durante mi estancia en Barcelona, cuando venía a casa me iba con mi padre a Urbia a respirar aire limpio. Es un lugar que tiene una connotación emocional para mí.

Una fiesta. Errosaixo Bixamona (Oñati).

Un monte. Aloña.

Un paisaje. Las vistas de Donostia desde Igeldo.

Una playa. La de Deba. Solía ir con las amigas.


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