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Colaboración

Economía de cooperación, realidad emergente

Por Javier Retegui - Martes, 15 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:06h

La sociedad necesita un nuevo enfoque que ponga la atención en la persona, en su dignidad y en su capacidad de participación para la construcción de una comunidad responsable.

El País Vasco ha logrado una envidiable situación en materia formativa. La inversión social en educación permite el sistemático cultivo de la inteligencia humana. Con los años, la población formada ha sustituido a la iletrada de antaño.

Contamos en la formación de las personas con una gran riqueza, auténtica mina de oro con enorme capacidad de desarrollo. ¿Somos conscientes de lo que hemos generado? Se trata de una energía inestable, que pierde su valor si no se utiliza y que requiere la apertura de cauces por los que pueda transformarse en dinámica de progreso;caso contrario, se convierte en frustración. Transformar esa energía en progreso es tarea pendiente que exige modificaciones estructurales.

La organización actual de la sociedad transcurre sin percatarse del cambio. Está regida por la influencia de dos corrientes: liberalismo económico (economía de mercado y dominio del capital) y colectivismo-socialista (intervención de los estados y sistemas impositivos). Conforman una organización híbrida.

Estas corrientes dominan la vida social mientras personas y comunidades se encuentran inermes, sin iniciativa, bajo la tutela de organizaciones que se sustentan en conceptos paternalistas, que generan exclusión social y son incapaces de encauzar el potencial existente.

La concepción “humanista” viene a complementar los relatos del “liberalismo” y del “socialismo”, añadiéndoles un nuevo enfoque que complete el sustento conceptual que requiere la sociedad.

Pero la racionalidad ética es insuficiente para triunfar en la sociedad;se implantará si añade capacidad competitiva. La batalla por el humanismo no consiste tanto en defender los principios, sino en generar una economía coherente capaz de competir en los mercados.

Hay tres aspectos en los que el humanismo puede generar ventaja competitiva:

- El aprovechamiento de la capacidad de la persona mediante su implicación y participación.

- El cambio organizativo de empresas e instituciones para que permitan a la persona identificarse con los objetivos y asumir responsabilidades.

- La transformación de organizaciones aisladas y sin conexión (amorfa) en otra en la que se comparte vocación, destino y se establecen vínculos de cooperación (en comunión).

- La cooperación entre capital y trabajo donde la participación de los trabajadores multiplica la eficiencia y fomenta la innovación. Se dan múltiples variantes, desde aspectos de gestión hasta la participación en resultados económicos e incluso en la propiedad. Transforma relaciones de “confrontación” en “cooperación”.

- La cooperación entre empresas incrementa la eficacia y competitividad de cada una de ellas permitiendo el acceso a productos y mercados de mayor valor añadido. Hay múltiples formas: de baja intensidad, de implicación en la gestión y de modificaciones estructurales. Esta cooperación genera redes y estructura el tejido empresarial.

- La cooperación entre instituciones permite que se comparta la voluntad de progreso social y se fortalezca la eficiencia de la empresa. Hay numerosos ejemplos: cooperación público-privada, de instituciones investigadoras con empresas, de entidades financieras y empresas, etc.

Estas formas de cooperación dan consistencia de sistema a las iniciativas aisladas, requieren modificaciones estructurales y adquieren carácter estratégico para el país.

Fomentar la participación a los tres niveles citados y establecer una red reticular de empresas e instituciones, además de dar solidez, vincula a los afanes comunitarios. A la alternativa de absorción por parte de multinacionales, se opone la consolidación de un tejido empresarial, arraigado en el país y fortalecido mediante pactos de cooperación.

- Generar conciencia social y vocación de desarrollo participativo (vocación comunitaria).

- Reforzar las redes de cooperación entre empresas e instituciones que articulen una estructura económica sólida (articulación en cooperación).

- Generar proyectos ambiciosos, mediante la confluencia de esfuerzos, que ofrezcan el marco competitivo idóneo para la evolución y desarrollo de las entidades participantes (vocación de progreso).

Desde la voluntad social, confluencia de empresas y entidades e impulso de proyectos que pongan a prueba nuestra imaginación, podemos avanzar preparando nuestro entorno para la competencia internacional. Es pasar de un sistema tutelado por agentes externos a otro regido por la participación y la cooperación. Es la “economía de cooperación” que emerge.

“Aquel que sea capaz de creer más y de albergar una esperanza mayor en las posibilidades del hombre (la persona), será capaz de seguir empujando a la humanidad hacia adelante”. “La revolución hoy se llama participación” (Arizmendiarrieta).


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