Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Bis a bis

Europa en decadencia: ¿el fin de un sueño?

Por Juanjo Álvarez - Lunes, 14 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:09h

La obscena, injusta, egoísta, inhumana e ilegal (por contraria a la Convención de Ginebra) reacción de la UE institucional ante la crisis de los refugiados personificada en la prepotente y discriminatoria soflama del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no es más que un síntoma del mal, del amianto que carcome las raíces del proyecto europeo. Me avergüenzo y me rebelo como europeo ante esta muestra de fría tecnocracia intergubernamental. El mes de marzo de 1957 se constituyó por iniciativa de los seis Estados fundadores la entonces denominada Comunidad Económica Europea. Fue concebida como un proyecto de paz y libertad al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que había asolado el continente. Tras casi 60 años de cooperación, solidaridad y trabajo en común, aquella utopía, aquel sueño de unificar pacíficamente el continente, queda nublado ante la pérdida de valores humanistas que caracterizaron la génesis de este inacabado proyecto .

¿Es Europa una potencia en decadencia o emergente? ¿Representa Europa como construcción política un modelo de sociedad que, pese a sus defectos e imperfecciones, merezca la pena ser defendido? ¿Ha olvidado esta Europa política que su verdadera razón de ser somos los ciudadanos? Europa suscita más interrogantes que respuestas, porque vivimos en una época de transformación radical de nuestros marcos de referencia, provocada por una nueva realidad globalizadora emergente. Los estados ya no tienen capacidad para abordar unilateralmente todos los problemas derivados de ese complejo mundo ni pueden resolver el conjunto de las necesidades de los ciudadanos.

Europa debe basarse no tanto en criterios de poder económico o militar, sino en la profundización de la cultura, la educación, la solidaridad, los valores democráticos y los principios que inspiraron la Declaración Universal de Derechos Humanos. La Historia demuestra que aquellas instituciones o estructuras que han basado su poder en una relación exclusiva de superioridad o dominio han terminado por fenecer tarde o temprano. ¿Podemos olvidar a las personas, podemos cosificarlas como si pudiésemos obscenamente dividir a seres humanos en cuotas, como hacía la UE con la leche?

Necesitamos un nuevo y verdadero pacto constitucional europeo respetuoso con todos los derechos fundamentales y que otorgue un protagonismo real tanto a las personas y organizaciones de la sociedad civil europea como a las entidades que conforman esa realidad plural y diversa que es Europa. Europa se enfrenta a uno de los desafíos más complejos y a la vez ilusionantes de toda su Historia: construir un nuevo modelo de convivencia política, una nueva forma de democracia que, más allá de la mera yuxtaposición de los sistemas políticos actuales, sea capaz de acoger y desarrollar una nueva sociedad basada en la libertad, la igualdad, la equidad, la solidaridad, la justicia social, la diversidad y el desarrollo sostenible.

Sumidos en un contexto de desconcierto respecto al futuro andamiaje institucional de la Unión y cómo solventar la crisis de identidad europea, es preciso reflexionar sobre los costes de la “No Europa”. ¿Qué ocurriría si no existiera Europa y volviésemos a la suma de autarquías estatales?

Pese a la desafección, la lejanía, la frustración, la indignación hacia la política europea, pese a todo, hay que exigir desde una rebelión cívica otra construcción europea, hay que apoyar a quien de forma sincera nos proponga una Europa más social, más abierta a la realidad de las naciones sin Estado, a la superación de los egoísmos estatales, a la potenciación de una verdadera Europa de los ciudadanos y de los pueblos europeos, superando el exclusivo protagonismo de los Estados.

Los ciudadanos europeos nos debatimos entre la desafección y el malestar ante la forma de comportarse y de reaccionar frente a la crisis desde las instituciones europeas. No estamos en contra del proyecto europeo, sino de su actual rumbo. Es preciso reconstituir políticamente Europa. Hay que apostar por un liderazgo inequívocamente fuerte para reorientar bien la empresa común que representa Europa.

El punto débil de la UE, es decir, dar preferencia al mercado con respecto a la política, no solo la vuelve impotente ante la crisis, sino que sobre todo le impide pensar en el futuro. Hoy no existe ninguna visión que impulse el futuro de Europa. La Unión tan solo reacciona, y además con indolencia, ante los problemas coyunturales, inmediatos, absteniéndose de dar un paso adelante. Hoy asistimos a la tendencia contraria: el paso atrás ante todos los retos humanos y políticos que tenemos delante de nuestras casas, en la propia Europa.

Ahí radica el mayor problema en nuestras sociedades europeas: los dirigentes políticos gobiernan cada vez menos, dejando un gran vacío en el lugar del ejercicio del poder a la antigua usanza. Vivimos en una democracia dispersa e individualizada, donde el “sálvese quien pueda” triunfa, en la que a los dirigentes les cuesta determinar con claridad los objetivos de una comunidad ciudadana. Y crece el sentimiento de alejamiento entre los dirigentes y los ciudadanos, y el poder y la política en general escapan de las manos de los líderes políticos, sin que llegue a los ciudadanos.

La mejor y única opción es volver a los orígenes, en este caso, a los de la Unión. La Europa unida era desde el inicio el proyecto político de la unificación del continente. Un proyecto para construir una federación de naciones en torno a un proyecto de futuro compartido.


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902