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Lolo Rico escritora, creadora y directora de programas de televisión

“Las mujeres hoy nos conformamos con que nos dejen estar y esa no era la lucha”

Residente en Donostia desde hace tiempo, la creadora de ‘La bola de cristal’ habla de la experiencia de aquel programa y del miedo actual a la libertad de expresión

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía La Guerrilla Comunicacional - Lunes, 14 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Lolo Rico, en la playa de La Concha de Donostia, donde vive.

Lolo Rico, en la playa de La Concha de Donostia, donde vive.

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Lolo Rico, en la playa de La Concha de Donostia, donde vive.

pamplona- Hace unos días, la directora madrileña ofreció una charla en Pamplona y asistió a la proyección del documental Lolo Rico: La mirada no inventada, dirigido por Julio Suárez y Marcos Caurel y promovido por La Guerrilla Comucacional.

¿A qué se refieren con ese título, ‘La mirada no inventada’?

-Pues si quieres que te diga la verdad, no lo sé, pero supongo que quiere decir que tengo una mirada que es espontánea, clara, directa.

¿Así es como definiría su mirada?

-Pues diría que sí, que mi mirada es sincera y directa.

Supongo que en los encuentros a los que la invitan para hablar de su trabajo habrá cosas que no cuenta, sobre todo las más difíciles que tuvo que vivir por ser mujer y de izquierdas.

-Sí. Realmente, ser mujer es un hándicap y se paga un precio. En el documental digo que la mujer debe ser libre, tener libertad de pensamiento y de acción, porque yo no entiendo otra manera de serlo, pero, en realidad, no siempre se nos permite. Por ejemplo, cuando dejé de usar el apellido de mi marido fue una complicación grave en mi vida y en mi matrimonio;tuve que escribir para niños porque mi familia no veía bien que escribiera para adultos... Parecen pequeñeces, pero no lo son, porque limitan a la hora de ejercer una profesión.

¿Y hasta que punto sus posicionamientos políticos influyeron en el ejercicio de esa profesión?

-Pues me afectaron más que ser mujer. Ser mujer, con una actitud clara y una posición de izquierdas sigue siendo algo que perjudica los intereses personales;lo que ocurre es que yo siempre he dado más importancia a otros intereses que a los míos propios.

¿A qué otros intereses?

-A mí siempre me ha interesado la política y a lo largo de los años me vinculé a distintas cuestiones, como la jornada de ocho horas y otras así que fueron surgiendo, como también el tema de la inmigración, y siempre me generaban contratiempos. Algunos eran contratiempos familiares y otros sociales. Si pasas de todo y no te interesa nada, pues no te suceden estas cosas, claro, pero yo nunca he sido así.

Al final, su vida no ha sido fácil por ir a contracorriente en multitud de ocasiones.

-No, no lo ha sido. He ido muy a contracorriente, pero no podía hacer las cosas de otra manera. Yo soy así, me cuesta amoldarme a las cosas a las que no creo que deba amoldarme o que perjudican a otros y me duelen. No soy capaz de dejarlo estar y despreocuparme. Desde hace mucho tiempo ya en este país tenemos un problema, y es la falta de preocupación de la gente por lo que pasa, por qué pasa y de implicarse en lo cree que no debe pasar.

Como ha escrito alguna vez, si se hubiera conformado con no sentir y no pensar, le habría ido mejor.

-Pues seguramente, pero posiblemente también habría estado menos tranquila, menos feliz y habría tenido una vida con menos emociones. He vivido intensamente, a veces ha sido incómodo, pero también ha sido enriquecedor.

Pues con esa personalidad trabajar en televisión seguro que no fue fácil, porque es un medio no muy dado a la crítica y a la autocrítica.

-La verdad es que la televisión es un medio difícil. Quizá todos los medios que implican una serie de beneficios personales, como obtener derechos de autor o ganar más dinero que los demás lo sean. Además, la televisión implica una exposición y que te conozca mucha gente. Pero, bueno, en mi caso, tuve bastantes dificultades en el trabajo durante el franquismo, y luego vino un oasis.

Llegaron tiempos de creatividad.

-Sí, fueron los años de La bola de cristaly digo que fue un oasis porque, aunque con los años la cosa empeoró, aquel tiempo coincidió con el primer mandato del PSOE. Había tal ansia y necesidad de libertad entre quienes hacíamos televisión y entre quienes la veían que el partido que en ese momento estaba en el Gobierno no pudo obviarla. Otra cosa fue ya más adelante, cuando esa libertad desapareció;por eso me marché de la televisión. Y, aunque hace mucho que ya no trabajo en ella, creo que hoy sigue sin haberla, no hay más que asomarse a la pantalla para darse cuenta.

Fue la primera mujer en dirigir un programa en la televisión española.

-Así es. Solo he trabajado en la televisión pública, que es la única que siempre me ha interesado, y aprendí mucho. Me dejaron de repente en la calle, eso sí.

Y, sin embargo, tampoco ha habido muchas mujeres dirigiendo programas después de Lolo Rico. ¿Seguimos teniendo ese techo, esos límites simplemente por nuestro género?

-Sí. Recuerdo que yo siempre decía que durante mucho tiempo la mujer en televisión era como un pedazo de ternera con lazo, que servía para adornar la pantalla y para atraer a los espectadores masculinos. Hasta hace poco no interesaba la presencia de una mujer culta, con conocimientos sociales o políticos, pero ahora sí. Ahora hay mujeres periodistas que hacen muy bien las cosas.

A veces da la sensación de que hoy las mujeres nos creemos que hemos llegado a alguna parte.

-Pues queda muchísimo por hacer, mucho más de lo creemos y observamos todos los días. Las mujeres tendríamos que pararnos a pensar qué estamos haciendo, adónde vamos y para qué. Y no lo estamos haciendo, nos conformamos con muy poca cosa, con que nos dejen estar, pero eso no era...

Muchos de los que ya pasamos de los 40 fuimos niños de La bola de cristal, un programa que formó parte de nuestra educación y que sigue clavado en nuestra memoria casi como si fuera ayer. ¿Qué siente cuando nos acercamos a decirle la importancia que tuvo ese espacio en nuestras vidas?

-Es un motivo de gran felicidad. Aunque de por medio no hubiera habido ni beneficios ni conveniencias profesionales, solamente por eso me hubiera merecido la pena trabajar de sol a sol como lo hice. Trabajar y vivir. Ha habido dos generaciones muy marcadas por La bola de cristal y lo que he observado es que coincide que son personas muy valiosas, muy sensibles con el mundo y sus problemas en cada momento. He recibido muchas muestras de admiración, de respeto y sobre todo de cariño y eso me ha hecho muy feliz.

Es que nunca nos trató como a tontos por ser niños.

-Yo nunca hice un programa para niños, sino para todo el mundo. El programa me lo planteé como si fuera una tarta, puse una capa de bizcocho, una de chocolate, otra de nata, pensando en que el que tuviera más apetito y capacidad cortaría un gran trozo y otro quizá comería miguitas, pero todos tendrían algo para alimentarse y enriquecerse. Por eso siempre me gustó más la televisión pública, porque alimentaba a todo el mundo con los contenidos ricos que debe ofrecer un medio de este tipo, dando a conocer la realidad, a nosotros mismos y a los demás.

¿Sería posible hoy una ‘bola de cristal’?

-Sería posible si se quisiera, si hubiera libertad, que no ha vuelto a haberla, ni con el PSOE, ni obviamente, con el PP. Por supuesto que se podría hacer. Yo hice y dirigí el programa con gran éxito, pero no fue un trabajo en solitario, tuve un equipo muy valioso de gente joven que sabía qué quería. Y fíjate que nadie nos ha ofrecido a ninguno volver a televisión. Falta voluntad, hay miedo, temor...

¿Vamos hacia la uniformidad también en televisión, a que no nos hagan pensar demasiado?

-Hay muy poca televisión reflexiva porque es peligrosa. No hay ningún interés en que la gente piense y se exprese. Hay muchísimo miedo, ahora mismo lo estamos viendo con la cantidad de cosas que están pasando en este país, que son muchas y serias. A mí me encanta ver programas de información con un lápiz y un papel, y no te puedes imaginar la cantidad de cosas que descubro en una toma, en un zoom, en las palabras que se escogen... Aunque, en realidad, casi todo lo que se emite es para no pensar.

Cuando se produjo en Madrid la detención de los componentes de Títeres desde Abajo muchos pensamos en La bola de cristal, en qué habría sucedido si se emitiera hoy. Usted también escribió sobre ello y se solidarizó con los artistas.¿Hay miedo a la libertad de expresión?

-No es miedo, es pánico, y eso es muy peligroso, porque se amenaza a la gente con ese miedo constantemente. Lo de los titiriteros fue un verdadero absurdo. No hay más que ver westerns o películas de otros géneros para ver la violencia que hay. También hoy La bola de cristal habría sido rechazada.

A pesar de todo, ¿sigue creyendo que la revolución es posible y que el mundo de la cultura tiene un papel importante que jugar?

-Fundamentalmente, pienso que la ignorancia es el mayor mal que hay en este país. De todas formas, estos días han salido una serie de reportajes y documentales sobre el franquismo, anoche vi uno sobre los esclavos que realizaron trabajos forzados, y me doy cuenta de que esa ignorancia es inevitable. Es que fueron 40 años de no saber, de no pensar, de no criticar... Y cuando hoy, pasados más de 30 años de la tele, alguien me para por la calle y me pide un autógrafo, primero me alegro porque me reconocen y no debo de estar tan mayor (ríe), y luego me pongo muy contenta porque rompí y provoqué en ellos un no querer mantenerse en el no saber. Pero insisto en que tenía un gran equipo. Recuerdo una frase que inventé y que decía “Sola no puedo, con amigos sí”, que tuvo mucho peso y que creo que ha quedado. Otra se refería a aprender a desaprender, que es una actitud que me ha servido mucho en la vida. Para aprender cosas nuevas, hay que borrar, o por lo menos analizar y colocar en su lugar las cosas que nos enseñaron o que en muchos casos nos impusieron.

Pues para aprender, nada mejor que los libros. Leer a veces es el gesto más revolucionario...

-Sí, pero creo que la imagen y la palabra no solamente no son antagónicas, sino que se corresponden y se apoyan la una a la otra y que lo bueno es cubrir las dos cosas. Aprender a mirar es otra manera de leer, y cada una cumple su función. Ni es bueno estar todo el día delante de la televisión ni tampoco pasarse horas dentro de un libro. No es cierto que una imagen vale más que mil palabras, es mala la imagen que no lleva a la palabra y al pensamiento y la palabra que no libera la imaginación.


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