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“Te desgracian un hijo para toda la vida”

Su hijo se ponía malo los lunes y falsificaba notas para escabullirse del profesor de gimnasia. La denuncia de Manuel Barbero contra este presunto pederasta destapó el escándalo de los abusos en los Maristas de Barcelona.

Un reportaje de Arantza Rodríguez - Domingo, 13 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Manuel Barbero, el padre que destapó los abusos en los Maristas de Barcelona, con su esposa.

Manuel Barbero, el padre que destapó los abusos en los Maristas de Barcelona, con su esposa. (Foto: N.G.)

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Manuel Barbero, el padre que destapó los abusos en los Maristas de Barcelona, con su esposa.

Aquel día su madre le lanzó un ultimátum: “O me dices qué te pasa o te voy a tener que echar de casa”. Surtió efecto porque a las tres de la madrugada recibió un whatsapp. Era de su hijo, ese que nunca consiguió acabar 2º de la ESO, ese que de un día para otro se derrumbó y tuvo que abandonar su trabajo, ese que le preguntaba para qué le había traído a este mundo y repetía cada noche que se quería morir. Se lo enviaba, a escasos tres metros, desde el cuarto en el que llevaba más de un año encerrado. “Mamá, ¿tú tienes secretos con papá?”, le escribió. Ella respondió que no y le urgió, con el estómago encogido por los nervios, a que confesara el suyo. “Te tengo que contar una cosa, pero no te enfades conmigo. El profesor de gimnasia abusó de mí”. La madre corrió a abrazarlo. Pasaron la noche llorando.

Manuel Barbero entró en cólera al día siguiente, cuando su esposa le contó que Joaquín Benítez, exprofesor del colegio de los Maristas de Sants-Les Corts de Barcelona, había abusado presuntamente de su hijo desde los 13 a los 15 años. El padre acudió al centro en busca de ayuda, pero recibió, se duele, “un portazo en la cara. Me dijeron que lo habían echado en 2011 por haber abusado de otro menor y que pusiera una denuncia. ¿Pero cómo voy a poner una denuncia si mi hijo está hundido?”. Tan sumido en el fondo estaba que se ha pasado dos años sin levantar cabeza, de la consulta del psicólogo a la del psiquiatra. “Ha sido un sinvivir, una angustia. Sabíamos lo que le había pasado desde hace dos años, pero como estaba tan mal, no podíamos hacer nada”.

Alguna vez, se sincera, estuvo tentado de tomarse la justicia por su mano. “Yo estuve en el pueblo de este señor el verano pasado. Cuando llegué, aparqué el coche y dije: ¿Qué estoy haciendo aquí, que me voy a buscar una ruina para mí y mi familia? Me di media vuelta. Yo he ido a matarlo, lo que pasa es que, en vez de estar él en la cárcel, estaría yo”, reflexiona. También su hijo había intentado averiguar por su cuenta dónde vivía y no para hacerle una cámara oculta precisamente.

“Nadie se acordó de mí”A principios de año, en vista de que el joven estaba “un poco mejor”, Manuel se decidió a dar ese primer paso que dan los valientes que abren camino. “Mi mujer no quería que lo denunciara para proteger a nuestro hijo, pero yo tengo mucha rabia dentro. No puede ser que haya gente haciendo daño y no sea investigada”, señala. A su hijo tampoco le hizo ninguna gracia. “Se enfadó conmigo, pero cuando vio todo lo que estaba descubriendo y la gente que estaba saliendo, me dio un abrazo y me dijo que estaba muy orgulloso de tener un padre así. Para mí eso vale más que todo el dinero que me puedan dar, que mi hijo vuelva a ser mi hijo”.

Cada noche la madre le preguntaba al chico si iría a ratificar la denuncia, pero el joven, de 21 años, se negaba. “Si no vas, este señor va a estar haciendo daño a más gente, le decía. Sí, pero nadie se acordó de mí”. Diez días después, el 28 de enero, acudió a comisaría. A su regreso, le dejó leer la denuncia a su padre. Los hechos habían sido mucho más graves de lo que imaginaba. “En casi todos los casos fueron abusos, tocamientos, pero lo de mi hijo fue una agresión sexual continuada. Benítez hizo uso carnal de él. Cuando vi la barbaridad que le había hecho hice unos carteles con su foto y llené los alrededores del colegio pidiendo a los posibles testigos que se pusieran en contacto conmigo”, explica Manuel. Su sorpresa fue mayúscula cuando en el correo que difundió, abusosenmaristas@gmail.com, empezaron a acumularse mensajes de otras presuntas víctimas. “Llegaron unos 60 mails de exalumnos de siete centros diferentes”, detalla. Desde que se destapara el escándalo, los Mossos d’Esquadra han recibido 32 denuncias de supuestas víctimas contra nueve profesores y un monitor de los Maristas de Barcelona.

Dado que durante la fase de instrucción el propio Joaquín Benítez ha reconocido ante el juez haber abusado de varios alumnos, Manuel confía en que envejezca entre rejas. “Solo de mi hijo se desprenden dos delitos de agresión sexual y uno de abusos. Eso son 25 años de cárcel y espero que le caigan los 25”, remarca. De momento se han interpuesto 16 denuncias contra él, si bien 14 podrían haber prescrito. No es el caso de su hijo. “Los abusos prescriben a los cinco años de la mayoría de edad y la agresión sexual, entre 10 y 15 años después, en función del Código Penal. Con el antiguo, que es el que corresponde a mi hijo, prescribiría a los diez años”, dice.

“Él iba tirando miguitas de pan”Ahora su hijo está a la espera de que un forense le realice un examen psicológico y psiquiátrico. “Va a ser un palo porque van a ser muchísimas horas hablando del tema. Él sabe que tiene que ir, pero preferimos no decirle nada porque un minuto sin hablar de esto es un minuto de paz para él. Ya lo afrontaremos cuando vaya. Pediremos un psicólogo para que lo acompañe”, señala.

Lejos de arredrarse ante las dimensiones que está tomando el caso, la familia piensa seguir hasta el final. “No nos vamos a achicar, porque a mi hijo lo que le han hecho no se lo van a reponer, pero sí podemos hacer cambiar muchas cosas para las próximas generaciones. En el Parlament de Catalunya ya hemos forzado para que se cambien protocolos y vamos a seguir insistiendo ante los estamentos que sea”, anuncia. De hecho, el lunes envió una carta al Papa pidiéndole que “ponga en marcha una comisión de investigación, que los Maristas condenen públicamente los abusos a menores y pidan perdón a las víctimas, que se indemnice a todas ellas y que dimitan de su cargo las personas que han hecho ocultación del delito”, enumera Manuel.

Que el colegio repare el “daño causado” es, más allá de la condena del agresor, su otro caballo de batalla. “La ocultación por parte del colegio me hace más daño que lo que le ha hecho Benítez a mi hijo porque han sido colaboradores necesarios para que este señor durante treinta y pico años haya estado haciendo daño a muchísima gente. Ya lo pillaron en el año 84 y si entonces lo hubieran expulsado, posiblemente no habría tocado a mi hijo. Me parece muy grave”, denuncia. También le parece “incomprensible” que en 2011, a raíz de la protesta de otro padre, “Benítez admitiera los abusos ante tres personas del centro y ninguna pusiera en conocimiento de la Justicia su confesión. Mi abogado le preguntará por ello y si confirma ante quién lo reconoció, solicitará que se les llame a declarar como imputados”, adelanta Manuel, muy dolido. “Te hace daño como padre que haya sufrido tanto y que un colegio lo haya encubierto de esa manera. Tengo mucha fuerza para tirar para adelante, pero estoy tocado por la actitud del centro”, insiste. Su hijo también “despotrica” contra el colegio, donde vivió un auténtico calvario. “Él iba tirando miguitas de pan porque nos decía: “No quiero ir al colegio”;los lunes que tenía gimnasia se ponía malo, había falsificado notas para no ir... Prácticamente nos lo iba diciendo, pero no supimos deducir que era abuso. Pensábamos que le hacían bullying”, lamenta el matrimonio, que se siente “culpable” por no haberlo detectado a tiempo.

En 2010 lo sacaron del colegio. “Le aterrorizaba ir. Para él fue una liberación”, recuerda Manuel. De adolescente estudió peluquería y estuvo trabajando hasta que, alcanzada esa edad “en la que empiezas a tener relaciones, se vino abajo”. Refugiado en su cuarto y con constantes cambios de humor, apenas salía para decir que estaba “asqueado”. “El dolor de mi hijo, que se traducía en rabia, lo ha aguantado mi mujer durante mucho tiempo. Ha sido la gran sufridora y eso va minando”, reconoce Manuel. Por eso aquel 23 de diciembre de 2013 le puso un ultimátum y descubrió su drama. “Te desgracian un hijo para toda la vida. Con ayuda se puede avanzar mucho, pero eso lo tendrá dentro siempre”.


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