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Un candidato nuevo en la campaña americana

Donald Trump muestra su “imagen presidencial” ahora que le quedan ya pocos rivales entre los republicanos

Ha copiado la estrategia de Ted Cruz al que ha terminado por arrinconar

Domingo, 13 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

El republicano Donald Trump

(AFP)

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El republicano Donald Trump

La última sorpresa en la carrera electoral norteamericana es la irrupción de un nuevo candidato: Donald Trump-2, una versión civilizada y amable del fanfarrón vulgar que ha deleitado a masas de ciudadanos indignados. El nuevo Trump se presentó al electorado en el debate electoral del jueves, donde demostró su dominio de la campaña: le bastó simplemente renunciar a sus interrupciones y ataques personales para llevar a todo el debate el tono digno que normalmente predomina en estas reuniones.

Para Trump, ha llegado la hora de mostrar su “imagen presidencial” ahora que le quedan ya pocos rivales y tiene posibilidades de convertirse en el candidato republicano para las elecciones de noviembre.

Más sorprendente aún fue la decisión de Ben Carson, el neurocirujano retirado negro que abandonó la campaña recientemente, de apoyar a Trump. La noticia surgió durante el debate del jueves por la noche y provocó incredulidad, pero no quedaron dudas cuando el propio Carson se presentó ante las cámaras el viernes y explicó que los insultos y ataques de Trump eran armas aceptables en una guerra política, exhortó a sus correligionarios a respetar la voluntad popular expresada en las primarias y añadió que el millonario neoyorquino tiene una segunda personalidad, mucho más agradable y respetable que la exhibida hasta entonces.

Es algo que se apresuró a confirmar el propio Trump, no solo con una actuación totalmente distinta a la que hemos tenido que sufrir hasta ahora, sino diciendo que las campañas son guerras muy duras que justifican el uso de cualquier arma.

Aunque ahora el círculo se haya ampliado con un segundo Trump, está por ver si también han aumentado las opciones para el electorado. Porque, de momento, solo hay dos, es decir, una en cada partido.

Entre los demócratas, porque Hillary Clinton y el senador Bernie Sanders no ofrecen programas diferentes, sino que luchan para presentarse como el más fiel a la ortodoxia progresista. Entre los republicanos, de las tres facciones que han sobrevivido, tan solo parece ser viable la del tándem Trump-Cruz. Las otras dos son la del senador de Florida, Marco Rubio, que enarbola la imagen de una nueva generación, y la del gobernador de Ohio, John Kasich, que representa la moderación y la experiencia, pero las encuestas hacen temer que estén llegando al final de su camino.

No es que Trump tenga mucho en común con el senador de Texas Ted Cruz: éste es un fervoroso fundamentalista, dedicado a su familia y un experto jurista conocido por su austeridad, mientras que el millonario neoyorquino va por su tercer matrimonio, alardea de sus ligues, improvisa sus comentarios, despliega vulgaridad y se contradice a veces en la misma conversación. Pero a la hora de buscar votos, ambos los recogen del mismo lugar y se hallan en una pugna por el mismo electorado.

copiar la estrategia de CruzEn realidad, Trump parece haber hecho un estudio de mercado basado en la estrategia de Cruz: aprovechar y fomentar el descontento para convertir a cualquier posible rival en un miembro del establishment, presentarse como un político puro y cercano al pueblo y arrastrar así al Partido del Te, a los que quieren frenar la inmigración, los fundamentalistas religiosos, los opuestos a la reforma del seguro médico y a cuantos alberguen resentimiento contra el gobierno de Obama o incluso contra una oposición que no ha sabido frenarlo.

Cruz parecía atraer a estos grupos, pero nadie lo consideraba tan capaz de arrastrar a las masas como su colega de Florida Marco Rubio, también senador e hijo de un inmigrante cubano. Para los votantes moderados, el celo religioso y las tácticas de tierra quemada de Ted Cruz tenían poco atractivo. La gran sorpresa para Cruz y para el resto del país ha sido que Trump se ha apoderado de su estrategia y lo ha arrinconado. Contrariamente a lo que muchos suponían, Trump ha ido ganando terreno y ha conquistado a los mismos grupos en que se concentraba Cruz. En este proceso, ha ido desprendiéndose de más de una decena de rivales que habían presentado su candidatura presidencial e incluso ha conseguido el apoyo de algunos de ellos

¿Cómo lo ha hecho? Para vergüenza de muchos republicanos, a golpe de insultos y gritos, que le han permitido dominar las tribunas, tanto en los debates presidenciales como en los actos multitudinarios en que abundan expresiones fascistoides. Ha atraído a demócratas y gente que no participa habitualmente, pero está por ver si seguirán con Trump-2. En los últimos días, la violencia ha estado presente en los actos electorales y muchos acusan a Trump de fomentarla con sus frases insultantes y sus recomendaciones de golpear o maltratar a quienes protestan.

Y ha tenido éxito pues incluso los otros candidatos se han dejado intimidar. En el debate presidencial del jueves, el tono fue por primera vez civilizado, en agradable contraste con enfrentamientos anteriores, simplemente por la decisión de Trump de adoptar un “tono más presidencial”. Sus rivales ni se atrevieron a atacarle a pesar de tener blancos claros.

A medida que Trump se afianza, los planteamientos van cambiando: no hace ni tres meses era corriente oír “Cruz sería peor que Trump”, pero con el aumento de las bravuconadas, los saludos fascistas o las amenazas de vengarse de sus rivales desde la Casa Blanca, Cruz va pareciendo el mal menor. Y tal vez esta sea una causa de la irrupción de Trump-2.

Ahora, en vísperas de las primarias del martes, en que están en juego cinco estados, entre ellos Florida, aumenta la presión republicana sobre Rubio a fin que se retire y dé una opción a Cruz para derrotar a Trump. En Ohio, Kasich tiene posibilidades de ganar y cuenta con el apoyo general porque todos quieren eliminar a Trump... a no ser que su nueva imagen les haga cambiar de opinión.

Esta gran popularidad de Trump no es -al menos hasta ahora- señal de que el mundo se enfrentará a la pesadilla que sería su presencia en la Casa Blanca, porque las primarias se disputan exclusivamente en los zócalos de los partidos, pero no del país en general;allá el Trump-1 produce auténtica repulsa en dos tercios de la población. Está por ver cómo reciben a Trump-2.


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