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A por ellos

A por ellos: El reencuentro de Zipi y Zape

Por Mikel Recalde - Sábado, 12 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:16h

Mikel Recalde

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Mikel Recalde

"los futbolistas son todos unos egoístas, Mikel. Yo también lo era cuando jugaba. No pases tan mal rato por su culpa", me consolaba el bueno de Iñaki Saéz en un hotel de Guimaraes en el que se estrenaban en la convocatoria de la selección absoluta Fernando Torres y José Antonio Reyes para un Portugal-España. Yo no llevaba demasiado tiempo cubriendo la información de los mayores, por lo que me encontraba en un periodo de acumulación de merecimientos. Había coincidido con los dos jugadores en el Europeo sub'19 de Noruega, en el que la representación txuri-urdin corría a cargo de Riesgo y Zubiaurre. Era mi gran oportunidad y al encontrarnos en el aeropuerto de Barajas les pedí el favor de que me dejaran hacerles un reportaje juntos. No tardé en encontrarme con el primer y grave problema. Torres me contestó que sí, encantado, pero Reyes, que era más especialito aunque en el fondo buena gente, no había aguantado en el hotel y se le había alargado la noche libre. El único momento que tenía para entrevistarles era después de comer. Torres se presentó puntual a la cita, pero Reyes se durmió y me dejó sin exclusiva. Siempre ha sido así, en cada equipo ha habido jugadores más y menos inteligentes que han gobernado y orientado su carrera a su manera .
Nunca olvidaré lo que me dijo un día el punta atlético: "Yo solo salgo después de los partidos si hemos ganado y, además, he jugado bien". La frase la he recordado en varias ocasiones esta semana a la hora de analizar lo sucedido el domingo en el reencuentro de nuestros aclamados Zipi y Zape. El punto de partida, al menos para mí, se encuentra en el momento en el que tras mucho insistir, Griezmann logró que la Real le traspasara al Atlético. En ese instante muchos amigos míos y familiares me preguntaron mi opinión y a todos les contesté que era un gran jugador con un futuro impresionante, pero que el bueno de verdad era Vela. Han pasado dos años y huelga decir que el mexicano me ha dejado en mal lugar, porque su progresión se ha estancado de forma notable mientras la del galo se ha disparado. Como ejemplo, las horas previas al concierto de Chris Brown, cuando el realista volvió a decepcionar una vez más ante el colista y Griezmann se salió liderando a su equipo a una victoria de un enorme mérito en un estadio como Mestalla. Creo que es importante marcar el inicio del farrón en clave Torres, ya que uno había fracasado en un duelo disputado a 500 kilómetros y el otro volvía a su casa en ebullición de otro celebrado a 350 kilómetros y después de marcar y erigirse en el mejor de su equipo.
Griezmann no ha aprendido a jugar en el Manzanares, lo que ha asumido es la disciplina que te puede convertir en un crack mundial. Por eso Simeone, que es un obseso de la báscula, le obligó a entrenar en sesiones dobles individuales cuando regresó con un kilo de más tras un fin de semana largo en su tierra. Vela se ha pasado muchos meses por encima de su peso, pero aquí nunca ha pasado nada, porque siempre se le ha permitido todo con el pretexto de que era el mejor. Que no hay ninguna duda de que lo es y, además, de largo en esta Real.
Me lo comentaba hace tiempo un hombre de peso del entorno txuri-urdin: "Vela va a acabar mal aquí". Y lo malo es que yo siempre lo he visto así, porque estaba convencido de que el día que se le acabara una magia que nunca cuidó para que perdurara el máximo de tiempo, iban a aparecer los reproches y las críticas por su rendimiento y por su actitud.
No estoy para nada de acuerdo con los que piden la cabeza del mexicano. He disfrutado como el que más de su fútbol y de una calidad que se encuentra a la altura del segundo escalón mundial. Y ha jugado cinco años en la Real, algo que jamás podremos olvidar, sobre todo por las decenas de postales suyas que mantendremos en la cabeza durante décadas. Vela es un fenómeno, de los mejores extranjeros que ha vestido la blanquiazul. Para mí en el podio, sin duda.
Desgraciadamente, el peaje para que luciera nuestro escudo e hiciera feliz a mi gente era bajar el listón de la permisividad sobre su vida privada . Y eso lo sabemos todos, no solo la prensa, sino también los directivos, los entrenadores y los propios jugadores. Esta vez ha superado el límite por mucho, ya que resulta inaceptable que esté de juerga tan lejos cuando le habían citado a las 11.00 horas en Zubieta y cuando, y eso es lo que más me hiere a mí, la afición sigue disgustada tanto con su aportación como con la del equipo. Siempre lo he dicho, me cae bien Vela, aunque no regala nada a la prensa pienso que es un tío que merece la pena, pero en esta ocasión se le ha ido la mano. Sobre todo porque con su pasotismo y egoísmo ha desmontado el argumento más repetido y válido para defenderle, que era que no se perdía ningún entrenamiento.
A partir de ahí, el tema se complica. No es fácil atinar con el castigo. Entiendo que en un grupo de profesionales en los que cada uno es de su padre y de su madre, tienes que fomentar correctivos ejemplarizantes ante indisciplinas tan graves y que la Real, mi Real, se encuentra por encima de cualquier elemento que está de paso en este momento. Pero yo soy de los les gusta trasladar este tipo de situaciones a otros clubes y no me imagino que la sanción a Messi y Cristiano cuando han cruzado la raya haya sido que no jugasen. Porque todos queremos a los buenos en el campo. Aunque solo sea en esto, prefiero la doctrina Simeone, obligándole a ejercitarse mañana y tarde durante mucho tiempo y que el fin de semana intente redimirse intentando marcar las diferencias como lo que realmente es, la figura txuri-urdin. No hay que olvidar que Montanier le castigó en el banquillo en un derbi en San Mamés y cuando salió tardó tres minutos en plantarse delante del portero tras una internada maradoniana y firmar un golazo.
Entiendo todas las posturas, pero la mía se basa en que, partiendo de que no ha estado a la altura de su nivel este curso y que su indisciplina de esta semana no tiene justificación posible, mi imposición sería que se quedara un año más (tiene contrato hasta 2018) para revalorizarse y que se le pueda traspasar con un precio a la altura de su verdadero talento en 2017. La verdad, no me parece una penitencia demasiado dura tener que pasarse otra campaña más en Donostia a cuerpo de rey reconquistando nuestros corazones y devolviendo a la Real hasta el lugar donde la llevó con un talento descomunal. Porque mexicano, tú eres muy bueno, pero ya te vale...


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