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Colaboración

Lecciones del Nobel de Economía

Por Javier Otazu Ojer - Viernes, 11 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

El actual Premio Nobel de Economía recae en la figura de Angus Deaton, escocés y profesor de la Universidad de Princeton. Los méritos por los que logró el preciado galardón enseñan a comprender la evolución de la economía en los últimos años y proporcionan instrumentos para interpretar mejor el mundo que nos rodea.

La primera lección de la economía es la escasez: nunca hay bastante de algo para satisfacer a todos los que lo desean (para Thomas Sowell, la primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía). Y es verdad: se trata de usar instrumentos adecuados para administrar de la mejor forma posible recursos escasos. Relacionado con esto, aparecen conceptos fundamentales como la pobreza, renta, bienestar y consumo.

Así, deberíamos poder comparar estos indicadores entre países para razonar las causas de esas diferencias: ¿son debidas a la geografía, al clima, al sistema político o a la fiabilidad de sus instituciones? Una vez que intuimos las causas, ¿cómo atajar la pobreza de algunos países? ¿Cómo es más eficiente la ayuda al desarrollo?

Inicialmente, estos análisis se realizaban con métodos econométricos como las regresiones lineales. Consisten en medir matemáticamente la relación entre diferentes indicadores económicos, por ejemplo, el crecimiento económico y la tasa de paro (así se razona el crecimiento mínimo necesario para reducir el desempleo). Sin embargo, esta metodología ha generado dudas ya que pocos economistas pronosticaron la enorme crisis que se nos venía encima.

Continuando con el análisis económico se han puesto de moda las pruebas controladas aleatorizadas. Son semejantes a las pruebas médicas cuando se investigan nuevos tratamientos para curar enfermedades. A un grupo de pacientes se les da la nueva medicina. A otro grupo de pacientes se les hace creer que se les da la nueva medicina, esto es, se les da un placebo. Se compara la evolución de los grupos a lo largo del tiempo y así podemos saber si el nuevo fármaco es eficaz.

Pues bien, se hace lo mismo con las medidas económicas. Por ejemplo, en una comunidad damos micropréstamos a las familias y en otra les damos directamente dinero. Pasado un tiempo, comparamos los indicadores económicos de relevancia en ambos grupos y así podemos intuir la efectividad de la política realizada (por cierto, cuando se acusa a los miembros de la Troika de hacer experimentos sociales con Grecia u otros países podríamos indicar que es un ejemplo de “prueba controlada aleatorizada” a gran escala). Para Deaton, estas pruebas son útiles pero no son infalibles: algo que funciona bien hoy puede no funcionar mañana.

Entonces, ¿qué es lo más importante de la aportación de Deaton?

Primero, saber relacionar correctamente las variables económicas. Aunque comparamos el Producto Interior Bruto (PIB) de dos países en dólares se debe hacer un ajuste adicional: no podemos comprar lo mismo con 1.000 dólares en Estados Unidos que en Indonesia. Es decir, se debe evaluar el poder adquisitivo.

Segundo, el Sistema Casi Ideal de Demandas (AIDS, 1973). Se usa para calcular la demanda de un bien teniendo en cuenta la interacción con la renta del consumidor y el precio de otros bienes y servicios. A partir de este modelo se trata de corregir la denominada Paradoja Deaton, según la cual no siempre la observación de datos (pueden no significar lo que creemos) arroja conclusiones válidas.

Veamos ejemplos fascinantes de estos enfoques:

Primero, no es lo mismo más renta que más bienestar. Está demostrado que con más dinero somos más felices hasta un límite: 75.000 dólares anuales. Es la denominada paradoja de Easterlin.

Segundo, aunque hablamos a menudo de pobreza monetaria, también existe la pobreza temporal. Según un estudio del SIIS (centro de documentación sobre estudios sociales), una gran parte de la población adulta está afectada por uno de estos tipos de pobrezas. Además, su relación es inversa: a menos riqueza monetaria más pobreza temporal.

Tercero, la relación entre renta y compras de un bien no siempre es directa. Por ejemplo, si baja la renta los restaurantes de comida rápida o los outlets ganan más dinero: en general nos gusta salir y además debemos vestirnos.

Cuarto, la relación entre algunos bienes a veces está más oculta de lo que parece. Es evidente que si sube el precio de la carne de cerdo se comprará más pollo. No lo es tanto que si la ropa sube algunas personas eligen comprar más cosméticos: deseamos ser atractivos para los demás.

Quinto, a veces bajando precios, en contra de lo que pueda parecer, se vende menos. Es lo que les pasó a empresas que vendían artículos de marca: bajaron el precio para vender más y algunos clientes dejaron de comprar ya que no se sentían diferenciados por el producto. Por otro lado, para los clientes potenciales el precio aún estaba demasiado alto.

Sí, a veces la economía puede ser fascinante.


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