Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Tribuna abierta

Cómo explicar el fenómeno Trump

Por Mark Bieter - Viernes, 11 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Donald Trump

(Foto: Efe)

Galería Noticia

Donald Trump

Durante meses, fue divertido observar el tren sin frenos de Donald J. Trump. Pero ahora muchos en EEUU nos damos cuenta de que viajamos en ese tren y nos planteamos una difícil pregunta: ¿Cómo sucedió?

Desde que el pasado junio Trump anunció su candidatura a la presidencia por el Partido Republicano, cuando describió a los inmigrantes mexicanos como “violadores”, hasta hace unos días, cuando se negó a rechazar claramente el apoyo del Ku Klux Klan, su éxito ha sido un misterio. Al principio, la prensa lo trataba como entretenimiento, un estúpido fanfarrón que nunca llegaría a convertirse en un serio aspirante a la presidencia, pero que podría ser el malo de una telenovela que todo el mundo quería ver. El resto de los candidatos republicanos casi se alegraron al descubrir que se unía a la campaña porque sus declaraciones eran tan atroces que les harían parecer moderados en comparación con él, sin importar qué dijeran.

Nadie se percató de que lo que había comenzado como un cálido soplo de viento veraniego se convertiría en un fuerte tornado que amenaza con dejar en ruinas el Partido Republicano. Ese tornado ya ha destruido algunas de las figuras más esperanzadoras del partido, incluyendo al gobernador de Wisconsin, Scott Walker, al senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur;y, casi más injusta y contundentemente, a Jeb Bush, el heredero natural de la dinastía Bush, que parecía una fortaleza indestructible del partido tradicional.

Todo comenzó de forma muy prometedora. Los periodistas describieron al resto de los dieciséis candidatos republicanos como “el grupo de candidatos presidenciales más competente de la historia de los Estados Unidos”. Pero la mayoría han sido arrasados por el tanque de Trump. Ahora, es muy probable que Donald Trump -rey de los casinos con bronceado artificial, marido en serie, jefe de reality shows, fundador de falsas universidades- vaya a representar al partido de Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt en las elecciones de este otoño. Y hay una posibilidad muy real de que llegue a ser presidente de los Estados Unidos.

Como estadounidense, es bastante difícil comprender cómo hemos llegado a esta situación. Debe de ser más difícil todavía para los vascos. Solamente puedo proponer algunas teorías.

En primer lugar, se trata de un año en el que muchos republicanos odian a los políticos profesionales, incluso a aquellos de su propio partido. Cuando Barack Obama llegó a la presidencia en 2009, la estrategia de los republicanos fue no hacer ninguna concesión, independientemente de lo insignificante que fuera. Se enfrentaron a Obama en cada paso. En 2013, prefirieron cerrar el Gobierno Federal antes que aceptar su presupuesto. Fue gratificante durante un tiempo. Pero muchos se han cansado de la eterna pelea, que no ha hecho nada para solucionar sus problemas. Los sondeos de opinión indican que hasta los piojos son más populares que el Congreso. Así que, al comienzo de la campaña electoral, cuando el Partido Republicano ofreció una bolsa con 16 deliciosas y competentes piruletas como candidatos, no comprendió que lo que sus miembros realmente querían era un martillo. Trump es un martillo perfecto: un multimillonario a quien no pueden controlar los grupos de presión de Washington D.C. ni el partido dominante y que prometió acabar con el corrupto sistema actual y hacerlo trizas.

En segundo lugar, Trump es un maestro de la política actual, con el oído de Johann Sebastian Bach para lo que muchos votantes ansían y un extraordinario talento para manipular a los medios de comunicación. Mientras Jeb Bush y otros candidatos quemaban millones de dólares en las calderas de los anuncios de televisión y en conseguir el apoyo de políticos sonrientes aborrecidos por sus votantes, Trump se ocupaba de realizar atrevidas declaraciones que eran exactamente lo que deseaba la base del partido. “Erigiremos un muro en la frontera con México”. “México correrá con los gastos”. “Haremos grande de nuevo a América”. “Juntaremos a 11 millones de trabajadores ilegales y los deportaremos”. “Prohibiremos la entrada a los Estados Unidos a todos los musulmanes”... La viabilidad y moralidad de estas propuestas nunca tuvieron importancia. Lo que sí importó fue que, durante días, solo se habló de eso en la televisión y la radio. No se hizo ningún caso al resto de los candidatos. Nadie quería oír hablar de un desesperado plan de diez puntos. Querían saber del muro fronterizo de Trump. El resto de los candidatos respetaron las viejas reglas. Inflaron hermosos y costosos globos que Trump pinchaba con un solo tuit mordaz. Acogió y se aprovechó del cinismo de los medios de comunicación: les encantaban los índices de audiencia que atraía, por lo que existía un escaso aliciente para analizar sus políticas, sin importar lo ridículas que fueran. Contra ese brillante método maquiavélico, nadie tenía la más remota posibilidad.

En tercer lugar, el Partido Republicano nunca le tomó en serio, por lo que nunca pusieron un plan en marcha para detenerle. Incluso después de que los sondeos de opinión indicaran durante varios meses que Trump ganaría fácilmente estado tras estado, se negaron a aceptarlo. Para ellos, Trump era imposible. Asumieron que explotaría en el incendio de su propia grandilocuencia. No se dieron cuenta de que esa grandilocuencia era como una dulce canción de cuna para muchos miembros de su partido. Solo ahora que su victoria es casi inevitable están haciendo un esfuerzo desesperado para evitar el apocalipsis. Casi da pena verlo. El ejemplo más reciente ha sido el desafortunado Marco Rubio, el último fantasma de las esperanzas del partido, quien ha adoptado la estrategia del propio Trump de meterse a nivel personal con sus opositores, haciendo chistes infantiles sobre el pelo de Trump y su hombría y presumiendo de que hizo que Trump se orinara en los pantalones durante un debate. Ha sido una patética imitación de Trump, desagradable, humillante y completamente ineficaz. Lo que han descubierto demasiado tarde los líderes republicanos es que Trump ha secuestrado al partido y, peor aún, que muchos republicanos le adoran por ello. El partido se asemeja a un hombre atrapado en medio de la tempestad que se arrepiente de haberse olvidado el paraguas.

Estas son solo algunas de las teorías. El fenómeno Trump es tan complejo que los politólogos lo analizarán durante años. Pero una cosa es cierta: es muy simplista decir que sus votantes son solo hombres blancos de clase obrera que perdieron sus empleos a manos de los mexicanos. Los sondeos indican que su electorado es mucho más amplio. Ha convencido a una gran parte de los cristianos evangelistas, mujeres, conservadores, moderados, gente con carrera e incluso hispanos del partido, a algunos de los cuales al menos ha prometido deportar. ¿Cómo se explica eso? Al final, intentar explicar el fenómeno Trump podría compararse con tratar de explicar un huracán. A veces, cuando el clima y las circunstancias son correctas, los huracanes simplemente ocurren.

El Partido Republicano nunca le tomó en serio y nunca pusieron un plan en marcha para detenerle. Para ellos, Trump era imposible. Asumieron que explotaría en el incendio de su propia grandilocuencia


El fenómeno Trump es tan complejo que los politólogos lo analizarán durante años. Es muy simplista decir que sus votantes son solo hombres blancos de clase obrera que perdieron sus empleos a manos de mexicanos


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902