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Colaboración

Un día necesario ante una carencia colectiva

Por Miren Elgarresta - Martes, 8 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

“La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho”

honoré de Balzac nos dejó en esta frase una barrera de pesimismo, que se dibuja como insalvable y que a pesar de todo, día a día, nos empeñamos en derribar. Con palabras, y con acciones. Con una determinación personal, colectiva, social y política en la que no cabe el desánimo, aunque cada día encontremos motivos para ello. Y no podemos perder la tensión necesaria para seguir avanzando porque la realidad es tozuda, y porque la igualdad sigue siendo hoy una de las grandes metas, si no la mayor, que nos corresponde alcanzar. Hay quien llega a esta constatación desde sus valores, y no puedo menos que reconocer y aplaudir el trabajo feminista de muchas décadas de didáctica y compromiso sin los cuales hoy en día estaríamos todavía en un estadio muy inferior al actual. Hay quien llega a este mismo lugar desde una visión más pragmática, e igualmente válida: nuestra sociedad no puede permitirse por mucho tiempo el enorme coste económico, social y moral que supone la falta de igualdad entre hombres y mujeres.

La agenda internacional nos ofrece pocas oportunidades para situar en el lugar que le corresponde la inacabada tarea de garantizar la igualdad de derechos, formales e informales, de las mujeres. En demasiadas ocasiones, esta cuestión aparece soslayada en los debates, relegada fuera de las prioridades en las agendas económicas, políticas y sociales y, sin embargo, las condiciona fuertemente. La celebración el 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer es una de esta ocasiones, y aún sabiendo que avanzar en este camino exige gestionar metas diarias, es también de recibo aprovechar este día para reclamar mayor centralidad de la igualdad.

¿Cómo podemos efectuar un cambio en el mundo cuando únicamente la mitad de la población está invitada, o se siente invitada, a participar en la conversación?

El 8 de Marzo sigue siendo un día incómodo por muchos motivos. El principal de todos es que este día nos recuerda, tanto a las mujeres como a los hombres, que tenemos una enorme tarea pendiente y que no podemos postergarla más.

Hombres y mujeres debemos sentir incomodidad al constatar que todavía estamos lejos de la igualdad, porque debemos entender que lo que nos falta por alcanzar en este camino de igualdad es una carencia colectiva. Por cada mujer violentada hay un dolor social que nos debe hacer ponernos en pie. Cada mujer que debe renunciar al empleo es un fallo imperdonable de esta sociedad. Cada discriminación contra una mujer, por serlo, es un ataque directo a los derechos de todos, hombres y mujeres.

¿Realmente alguien cree que podemos permitirnos el lujo de que las mujeres no contribuyamos con todo nuestro potencial a la enorme tarea de construir un presente y un futuro mejores? El feminismo y la igualdad son conquistas sociales, son herramientas de transformación y de bienestar, y por eso, porque todas y todos estamos interpelados en esta construcción, el día de hoy debería generarnos cierta incomodidad.

La celebración del 8 de Marzo está históricamente ligada a la reivindicación feminista por la igualdad en el acceso al empleo. No debemos olvidar que el acceso al empleo en condiciones dignas es una de las principales claves, si no la principal, para avanzar en igualdad social y en derechos humanos. Y eso es la igualdad entre mujeres y hombres: una cuestión de derechos y de transformación social. En el mundo, en Euskadi y en Gipuzkoa.

Con datos de 2014, que lamentablemente han evolucionado muy poco, podemos decir que el empleo femenino sigue siendo precario, parcial, e insuficiente para garantizar unas condiciones de vida autónoma básicas, y un freno para el empoderamiento. De cada 10 personas con empleo parcial y precario, 8 son mujeres. ¿Qué implicaciones tiene esto? Son empleos de baja calidad, jornadas parciales involuntarias, generalmente impuestas por los requerimientos del puesto de trabajo o por las circunstancias familiares, cuya responsabilidad sigue recayendo, mayoritariamente, sobre las mujeres. Menos oportunidades de empleo, peores empleos, menores salarios. Tres ejes sobre los que se construye el empleo femenino.

El 8 de Marzo es un día incómodo y necesario. También es un día de reconocimiento a quienes, desde sus distintas responsabilidades, públicas o privadas, han conseguido que la igualdad no sea un ámbito de preocupación de las mujeres, sino una tarea, una ocupación, de todos los hombres y mujeres que creen, como creo yo misma y la institución que represento, la Dirección de Igualdad de la Diputación Foral de Gipuzkoa, que es hora de comprometerse. Si no es ahora, ¿cuándo?


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