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UPN azuza la confrontación identitaria y llama a la movilización contra el gobierno de Barkos

Su presidente, Javier Esparza, se compromete a “revertir cada uno de los pasos” del nuevo Ejecutivo
Acelera la estrategia de tensión política a la que ya recurrió el PP contra Zapatero en vísperas del congreso de su partido

Ibai Fernandez Patxi Cascante - Lunes, 7 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Javier Esparza, con Mariano Rajoy, durante un acto electoral de la coalición UPN-PP de cara a las elecciones generales del pasado 20 de diciembre.

Javier Esparza, con Mariano Rajoy, durante un acto electoral de la coalición UPN-PP de cara a las elecciones generales del pasado 20 de diciembre.

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Javier Esparza, con Mariano Rajoy, durante un acto electoral de la coalición UPN-PP de cara a las elecciones generales del pasado 20 de diciembre.

“Desde UPN apelamos a que la mayoría social se conciencie, se movilice y se exprese”

Pamplona- Tras las elecciones forales se abrió el debate en UPN. Perdido el Gobierno y los principales ayuntamientos, y con una mayoría sólida enfrente, la legislatura se presentaba como una larga travesía en la oposición. Cuatro años que requerían renovar el discurso y definir una nueva estrategia acorde con la situación del partido, y en la que despuntaron dos visiones diferentes. Por un lado, quienes abogaban por una oposición propositiva, centrada en una gestión pragmática del día a día que mostrara una alternativa de Gobierno centrada y realista. Y por otro, quienes apostaban por la confrontación total con el nuevo Ejecutivo. Una dinámica más cómoda y sencilla, que apenas supone trabajo parlamentario y que ofrece resultados mucho más rentables, al menos a corto plazo.

Siete meses después, la apuesta de UPN por la segunda opción parece clara. Una estrategia que ha sido además recurrente allí donde la derecha sociológica ha perdido el control de las instituciones. El Tea Party en EEUU con la política de Barack Obama, o el PP del posaznarismo contra Zapatero, con Zaplana, Acebes y el propio Rajoy a la cabeza, también apostaron por la dinámica de crispación social. La manifestación del PP en las calles de Pamplona al grito de “Navarra no se vende” todavía está reciente en la memoria de muchos navarros.

Poco más de medio año ha sido suficiente para que Javier Esparza, de perfil más moderado y pegado a la realidad que su predecesora, Yolanda Barcina, haya quedado seducido por el rédito electoral que ofrece la confrontación social e identitaria. El líder de UPN da ahora un paso más haciendo un llamamiento a la “movilización” contra el Gobierno de Uxue Barkos. “Desde UPN apelamos a que la mayoría social se conciencie, se movilice y se exprese para que podamos volver la cordura, la sensatez y el desarrollo a nuestra comunidad”, ha emplazado en un artículo de opinión dirigido a militantes y simpatizantes de UPN, en el que asume además el compromiso de “revertir cada uno de los pasos”.

Oposición monotemáticaDesde que pasó a la oposición, a UPN apenas se le conoce más iniciativa política que la de azuzar la crispación identitaria. Un mensaje sencillo, fácil de entender y que no requiere más trabajo que el de apelar el miedo a la “anexión” de Navarra a la “ansiada Euskal Herria” como la vía más corta para recuperar el poder. Y que se ha convertido en prácticamente el único eje de oposición de UPN, centrada en el desgaste de la presidenta, Uxue Barkos.

Una dinámica en la que participan con especial entusiasmo los sectores más reaccionarios del partido, y que se puso en práctica desde antes incluso de la toma de posesión. Primero con las víctimas de ETA como excusa, y después con el euskera como arma de confrontación política. Muchas veces sin rigor, y en ocasiones directamente sobre la mentira, pero con mucha eficacia. Sobre todo en el sur de la comunidad, donde mayor predicamento tiene el alarmismo de UPN, y donde las fuerzas del Gobierno menos capacidad tienen de contrarrestar un mensaje tosco e impulsivo.

Se trata además de una carrera en la que compite con la portavoz del PP, Ana Beltrán, que en este inicio de legislatura se ha significado por sus descalificaciones y salidas de tono que le han reportado una enorme popularidad en el electorado más conservador y antivasquista. Lo que no deja de ser una competencia peligrosa para UPN, que de momento ha conseguido cerrar filas en torno a un único mensaje que ha permitido movilizar a una base social desilusionada por la mala gestión y los escándalos de los últimos cuatro años de Gobierno.

Ambos se preparan ahora para calentar la reforma de la Ley de Símbolos, para la que no hay propuesta todavía y cuya tramitación ni siquiera ha comenzado. Lo que no ha impedido que tanto UPN como el PP se hayan apresurado ya a pedir explicaciones directamente a Barkos, pese a ser una cuestión que el Gobierno ha dejado en manos del Parlamento. Toda una muestra de dónde está la prioridad política en este inicio de legislatura.

Un terreno abonado desde hace tiempo, al que Esparza quiere incorporar la “movilización” social justo en vísperas del congreso que lo debe reelegir como presidente de UPN. No se espera candidato alternativo, superadas las dudas iniciales y contentado el sector más radical del regionalismo antivasquista. La bandera de la confrontación identitaria se ha impuesto ya en la sede de UPN, y parece que ya para toda la legislatura. Las consecuencias, sociales y electorales son, sin embargo, imprevisibles.


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