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Quisimos transmitir desde Gales

Domingo, 6 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Este año se cumplen 40 de aquel otro clave: 1976. Franco había muerto en la cama el 20 de noviembre, el indulto aprobado había sido un insulto y la carcasa del régimen seguía apolillada pero en pie.

Aquel año, la Guardia Civil quitaba ikurriñas y moría en el intento, la ansiedad crecía, el bunker franquista vigilaba con lupa todo lo que se hacía y en ese clima, previo a los hechos de marzo en Gasteiz, Juan de Ajuriaguerra pronunció en Madrid un discurso con el que se presentó en sociedad. El veterano dirigente, que había salvado su vida por los pelos tras su condena a muerte en Santoña, se ponía de pie y con voz firme desgranaba lo que el PNV quería hacer. A su lado, dos exministros españoles, Gil Robles y Ruiz Jiménez, le escuchaban con atención. Ruiz Jiménez había sido ministro de Educación con Franco y Gil Robles, de Defensa durante la República. Había que sacar cabeza y recordarles a todos que aquel julio se cumplía el centenario de la abolición foral.

Nuestros mayores tenían muy claro que en Madrid hay que tener amigos o, al menos, aliados. El Estatuto vasco se había aprobado en 1936, en plena guerra, por no haber estado en 1930 en el Pacto de San Sebastián que trajo la República. Los catalanes lo habían tenido en 1932 y Don Manuel de Irujo decía que de haber gozado de un Estatuto, Mola no se hubiera paseado como lo hizo para organizar la sublevación militar.

Ajuriaguerra integraba la ponenciaFederalismo y Europa. Formaba parte del Equipo Demócrata Cristiano del Estado español que se presentó ese 28 de enero de 1976 sin pedir permiso a nadie. Estuvieron tres días sentando las bases de una colaboración política. La foto de Ajuriaguerra leyendo su intervención dio la vuelta al mundo.

Posteriormente, Ajuriaguerra, Arzalluz y Leizaola estuvieron aquel Viernes Santo en el domicilio en Donostia de Manuel Escudero Rueda, procurador en Cortes. Areilza era ministro de Asuntos Exteriores y escuchó las reivindicaciones del PNV. En su libro, el exalcalde de Bilbao termina el apunte diciendo: ”Piden un Congreso de los Diputados elegido por sufragio universal y directo, para convalidar democráticamente el sistema, con libertades básicas fundamentales. Me hablan después de la represión indiscriminada de la Policía y de la Guardia Civil en el País Vasco, que radicaliza a las gentes a centenares, dándome detalles de palizas, torturas y humillaciones inverosímiles e intolerables”.

Aquel a quien llamaban “viejo profesor”, Enrique Tierno Galván, nuestro Julio Jauregui y Josep Andreu i Abelló se entrevistaron asimismo con Areilza para manifestarle que las fuerzas a las que representaban, entre ellas la nuestra, estaban en contra de toda violencia y deseaban una negociación con el gobierno “para acabar pacíficamente con el régimen franquista”. Por su parte, Jauregui y Andreu Abelló le solicitaron la urgente legalización de los partidos nacionalistas vascos y catalanes para evitar un proceso de radicalización en Euzkadi y Catalunya. Las aguas estancadas siempre terminan por pudrirse. Areilza les dio buenas palabras pero él no tenía la llave de la situación.

En ese ambiente, lo que a nosotros nos interesaba era salir de la niebla y ser visibles. Lo vasco no podía seguir siendo ETA, a la que el régimen manipulaba. La reivindicación vasca no podía ser violencia y marxismo-leninismo;muertos, heridos, y secuestrados, que lógicamente tenían con sus acciones amplio espacio en los medios de comunicación del régimen. A Euzkadi no la podía definir la sangre.

Pero el PNV no tenía nada. Partido proscrito, no existía. Editábamos Euzkadi como hoja propagandística, que comenzó con su distribución a crear organización, hojas volanderas y estabaRadio Euzkadi, que transmitía desde Venezuela en onda corta tres programas al día de media hora, de alguna manera neutralizados por la interferencia de la que llamábamos la “cotorra franquista”. Pero seguíamos luchando en el éter y pidiendo a la gente que la escuchara. Ramón Sota quiso ponerle un amplificador. Ramón era y es un activista peculiar del que Arzalluz contaba lo siguiente: ”La diferencia entre dictadura y democracia, según Churchill, es que si te tocan la puerta a las cinco de la mañana en una democracia es el lechero y en una dictadura, la policía;pero en Euzkadi puede ser el lechero, la policía o Ramón Sota, que te viene con una propuesta”. Bueno, pues su propuesta era montar en Gales, con los nacionalistas galeses, una emisora que se oyera como un trueno.

Planteado el viaje, fui a Gales con Ramón. Para mi espanto, Ramón alquiló un coche y aunque había estudiado allí, entre que conducía como un piloto de carreras en pruebas y que el volante lo tienen los ingleses a la derecha, pensé que era mejor pasarse un fin de semana en plena guerra del Líbano que yendo por esas carreteras desconocidas con piloto tan intrépido. El caso es que llegamos a una casa misteriosa, de película, en una campiña, fuera de Londres. Parecía que nos iba a recibir Lord Montgomery con su boina, pero nos recibió un inglés muy inglés que tenía toda la casa llena de transformadores, micrófonos, cables, y aparatos de radio de la guerra mundial, todo muy cinematográfico. Ramón salió satisfecho y yo me acordé de nuestro ingeniero Azurza y la necesidad de que un técnico electrónico como él diera el visto bueno a aquellos cacharros de la era de Marconi.

De allí nos fuimos a Gales a la casa particular de un joven nacionalista galés del Plaid Cymru al que pillamos llegando del trabajo y ocupándose de su familia. Niños con mocos, un desorden de campeonato, la señora pidiéndole que se ocupara de otro crío, mientras el perro nos ladraba en otra escena de película de la Segunda Guerra Mundial. El pobre hombre se comprometió a dar cobertura a una Radio Euzkadique transmitiera desde Gales como la entonces Txalupa (Radio Euzkadi). Ramón estaba contento, pero yo no vi mucho fundamento en aquello sino buenas intenciones por todas partes. La tesis de Ramón era que la Txalupa necesitaba más potencia y que los nacionalistas galeses nos iban a ayudar y, con Jose Artetxe, a quien no conocía, y con otros empezar a montar la antena en un caserío perdido en el condado galés de Carmathenshire y el estudio en Cardiff. Sonaba bien, pero yo no lo veía por dos cosas. El régimen o evolucionaba o explotaba y todo aquel tinglado lo podíamos hacer aquí, en el interior y, a diferencia de Venezuela, donde teníamos toda una estructura poderosa, no veía a los galeses haciendo nuestro trabajo sin que costara un pastón. De todas maneras, me gustaba el ímpetu de Ramón para hacer cosas originales. Cuando volvimos se lo contamos a Retolaza, Arzalluz y Sabin Zubiri, que nos preguntó cuánto iba a costar el invento para comenzar a dar sablazos.

El proyecto no siguió adelante. Nos detuvo la Policía el 1 de abril, cuando preparábamos el Euzkadi, y la situación comenzó abrirse poco a poco. Ya los medios comenzaban a decir que existíamos y, tras la designación de Adolfo Suárez en julio, se abrieron las compuertas. Ya no hacía falta tener una radio clandestina transmitiendo desde el exilio y ya nuestra ambición era poner en circulación un periódico. El PNV había tenido tres referencias importantísimas durante la República: Euzkadi, La Tarde y el deportivo Excelsior. Y nuestros mayores echaban en falta una apuesta similar.

Quien no cambió fue ETA. Visto con perspectiva, era necesario que aquellos termocéfalos se dieran cuenta de que la realidad había cambiado y tenían que apostar por la democracia y por estrujar cualquier posibilidad de actuación. Y en ese contexto la hicieron gorda. No se les ocurrió mejor cosa que secuestrar y asesinar al empresario guipuzcoano Aingeru Berazadi, con lo que mataron a una persona y arruinaron la posibilidad de haber organizado aquel año un Aberri Eguna apoteósico con todos los partidos, como demostración de una gran fuerza, y apostando por la libertad.

Cuando escucho a Pernando Barrena las continuas bobadas que dice y con la fatuidad con las que las dice, me acuerdo también de cómo malograron sus antecesores tantas cosas y de las miles de personas que quedaron en el camino absolutamente para nada. Cuando hagan autocrítica, si la hacen, deberían meter en el ordenador también este año 1976, en el que el PNV apostó por la lucha política y ellos por seguir con la lucha armada. Se lucieron.

¡Ah! Y cada vez tengo más claro que en Artxanda, en Jaizkibel, en Urbasa y en el Gorbea deberíamos montar, como nos montaron, una “cotorra jelkide” para limpiar las ondas de tanto producto tóxico que nos viene desde Madrid y que la gente sigue como si nos valiera para algo. Ramón, ¡a por ello!

Estas cosas ocurrieron hace ahora, 40 años. Estamos algo mejor, ¿no es cierto?

El PNV había tenido tres referencias durante la República: ‘Euzkadi’, ‘La Tarde y el deportivo ‘Excelsior. Y nuestros mayores echaban

en falta una apuesta similar


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