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sociedad

“Hemos cogido mantas para tapar a las niñas, y a la calle con lo puesto”

Herido un hombre y desalojadas varias familias tras el incendio de una vivienda en pleno centro de Eibar
El edificio, casi en ruinas, será demolido

Mikel Mujika Javi Colmenero - Viernes, 4 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Fachada trasera del 21 de la calle Arragüeta de Eibar, donde se ven los daños causados por el incendio.

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Fachada trasera del 21 de la calle Arragüeta de Eibar, donde se ven los daños causados por el incendio.Hoover y la nieta de su pareja regresan a casa, ayer por la tarde.

Ibra, encargado de una peluquería: “Me han dicho que se quemaba mi peluquería y al llegar había gente en pijama en la calle”

Juan Mari, vecino desalojado: “Yo estaba despierto y escuché un ruido enorme;eran las tejas explotando”

María Luisa, vecina de la calle Victor Sarasketa: “Saltaban las chispas al resto de edificios, que son de madera, y hemos pasado miedo”

eibar- Las dos niñas de la casa, de siete y ocho años, estaban aún en la cama cuando un vecino subió por las escaleras aporreando puerta por puerta al grito de “¡fuego, fuego!”. “Hemos cogido unas mantas para tapar a las pequeñas y a la calle con lo puesto”. Así recuerda Aladino, un vecino de la calle Arragüeta de Eibar, el momento en que tuvieron que abandonar su casa antes de que amaneciese ayer. Juan Mari, otro evacuado, rememoraba el “ruido de las tejas al explotar”. Un vecino del portal de al lado permanece aún ingresado con quemaduras de segundo grado en el hospital de Cruces tras incendiarse su vivienda en pleno centro de Eibar.

Todo fue muy rápido. No habían dado las siete de la mañana y aunque la mayoría de los vecinos no vieron las enormes llamas que salían de la buhardilla del número 21 de la calle Arragüeta, el ruido del fuego y los gritos alertaron de que algo pasaba. Por suerte, en todo el edificio solo residía una persona, un vecino de 45 años que ahora sufre quemaduras en piernas y brazos.

Pero la tensión y el nerviosismo alcanzaron de lleno a los portales contiguos. En primer lugar se desalojaron de forma preventiva los números 15, 17 y 19, también con estructura de madera. Fueron estos últimos quienes no pudieron subir a sus casas hasta pasadas doce horas. “Una persona entró en el portal avisando a todos de que había fuego y que saliésemos de las casas”, recuerda Aladino, un hombretón que por la tarde aún tenía el susto en el cuerpo. Horas después a inspeccionar su casa para ver si podía regresar con la familia de seis miembros, entre ellas dos niñas. “Aún llevo el chándal que tenía puesto”.

un peluche en la bolsaEl regreso de los vecinos al inmueble contiguo al del incendio se produjo a partir de las siete de la tarde, acompañados del jefe de la Policía local y del jefe de Bomberos. Los afectados acudían con mascotas y efectos personales, como una niña que llevaba en una bolsa un muñeco de peluche. “Se puede decir que es mi nieta. Es la nieta de mi pareja”, reconocía Hoover, un vecino de origen latino que se disponía a entrar en el edificio para pasar allí la noche. Su familia optó por regresar a la casa a dormir. No todos tomaron la misma decisión. Es el caso de Juan Mari y su esposa, que pese a comprobar que su piso no sufría grandes desperfectos -el inmueble tiene algunos daños en el tejado-, decidieron que iban a dormir en casa de su hija. Comieron en el domicilio de una sobrina.

Aladino, vecino desalojado: “Un hombre subió por las escaleras gritando “¡fuego, fuego!” y golpeando las puertas”

De hecho, solo dos de las cinco familias desalojadas acudieron al hogar del jubilado de la calle Untzaga, habilitado por los servicios de asistencia municipales. El Ayuntamiento también puso a disposición de los afectados el polideportivo de Ipurua para ducharse y la antigua Universidad laboral para dormir.

casas de más de 120 añosTodo el barrio estaba en shock. María Luisa, una vecina de la calle Víctor Sarasketa, situada en la parte trasera de la vivienda incendiada, recordó que al despertarse para ir a trabajar -regenta una peluquería- “he sentido gritos en la calle. Creí que eran niños, pero cuando me asomé vi que salían unas llamas que para qué del edificio de al lado. Nos hemos asustado”. El peor momento lo pasó “cuando he visto la lluvia de chispas, cuando han empezado los bomberos a echar agua y saltaban las chispas, porque todas las casas aquí son de madera”.

El edificio afectado se encuentra fuera de ordenación y estaba previsto su derribo en los próximos años, al igual que el de otros portales de al lado. De hecho, el número 11 de la misma calle es un edificio completamente calcinado. Se incendió hace “unos 30 años y aún sigue así”, explicaban ayer algunos veteranos. “Estas casas tienen más de 120 años”, recordaba José Luis Urzelai, un eibartarra nacido en el número 17 de la calle Arragüeta: “Mira, justo enfrente, en 1893 nació el torero Pedrucho;Pedro Basauri Paguaga”.

También Ibra, que regenta otra peluquería en el portal 17 de la misma calle, contó a este periódico cómo vivió momentos de miedo. Poco antes de las 8.00 horas recibió en el móvil un mensaje que decía: Ibra, se está quemando la peluquería. Fue corriendo y cuando llegó se encontró a una veintena de personas en la calle y equipos de emergencias y asistencias.

El edificio incendiado sufrió daños importantes y lo más probable es que tenga que ser demolido en su integridad.


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