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‘Más fuerte que las bombas’

Memoria en construcción

Es la primera incursión internacional de Joachim Trier, aclamado por ‘Reprise’ y ‘Oslo, 31 de agosto’

DOS AÑOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE su MADRE, los DOS HIJOS Y SU VIUDO INTENTAN RECONSTRUIR SUS VIDAS Y EL RECUERDO QUE GUARDAN DE ELLA

Un reportaje de Itsaso Urdina - Viernes, 4 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Devin Druid, en el papel de Conrad, el hijo pequeño de la familia, y Gabriel Byrne, que da vida a Gene, el padre viudo. A la derecha, Isabelle Huppert, la madre muerta.

Devin Druid, en el papel de Conrad, el hijo pequeño de la familia, y Gabriel Byrne, que da vida a Gene, el padre viudo. A la derecha, Isabelle Huppert, la madre muerta.

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Devin Druid, en el papel de Conrad, el hijo pequeño de la familia, y Gabriel Byrne, que da vida a Gene, el padre viudo. A la derecha, Isabelle Huppert, la madre muerta.

Isabelle Red (Isabelle Huppert), una prestigiosa fotoperiodista muerta dos años atrás en accidente de tráfico, va a ser homenajeada por una galería con una exposición retrospectiva que mostrará sus más impresionantes fotos de guerra. Con motivo de los preparativos del homenaje, su hijo mayor, Jonah (Jesse Eisenberg), que acaba de ser padre, vuelve a la casa familiar, donde se reencuentra con su padre, Gene (Gabriel Byrne) y su hermano pequeño, Conrad (Devin Druid). Para el viudo, el reencuentro es un desesperado intento por acercarse de nuevo a sus hijos, pero en el arduo camino de la reconciliación interfiere una y otra vez la madre, a la que cada uno recuerda de forma diferente. Una inesperada información sobre su muerte obliga a todos ellos a reconsiderar sus sentimientos y la memoria que guardan de la muerta.

Gene es el retrato de un padre moderno. Sacrificó su carrera de actor para estar más cerca de sus hijos en un hogar en el que era frecuente la ausencia de la madre a causa de su profesión, se implica emocionalmente en sus vidas y pone todo de su parte por mantener la cohesión familiar. Pero últimamente no termina de entenderse con su hijo Conrad, el tímido y a la vez temperamental adolescente de quince años. Aparentemente es el que parece haberlo pasado peor con la muerte de su madre, o así son interpretadas sus airadas reacciones. Lo ven como a un inadaptado social, sin plantearse que su rebeldía no es sino una espontánea reacción al limitante patrón de comportamiento al que el sistema le somete. Le turba sentirse incomprendido, así que solo ansía la soledad, donde disfruta de su verdadero yo sin la presión del juicio externo y de la vida virtual a la que le trasladan los videojuegos.

Jonah, el hijo mayor, sufre una doble fractura emocional, su recién estrenada paternidad y la revivida pérdida de la madre, a la que creía conocer mejor que los otros dos miembros de la familia. Su personalidad nada tiene que ver con la de su hermano pequeño. Él nunca ha cuestionado las normas sociales, lo bien visto, lo que se esperaba de él. Es el hijo perfecto, alguien que, a pesar de su juventud, ya ha alcanzado las metas de todo buen americano: una carrera, formar una familia y tener un buen empleo.

Punto de vista múltiple Su director, Joachim Trier, ha dicho sobre Más fuerte que las bombas que su intención era mostrar cómo funciona el proceso de los recuerdos, que para él son siempre una mezcla de desesperación y esperanza. “Durante el duelo, las personas afectadas hablan a menudo de una sensación estática del recuerdo”, ha señalado, añadiendo que su intención con la película era mostrar que “un cuestionamiento constante de nosotros mismos nos da la posibilidad de liberarnos de ese inmovilismo y de dotar de un nuevo sentido a los recuerdos”.

Para alcanzar su objetivo, Trier adopta una narrativa en puzle, con constantes saltos en el tiempo hasta armar con todas las piezas una especie de mecano. Esta perspectiva múltiple y no cronológica le sirve al director para seguir los puntos de vista particulares de los protagonistas, sobre todo en lo que se refiere a cómo veían a la madre en vida y a cómo cambia esta visión con el paso del tiempo. Trier despliega todas las piezas ante el espectador, quien debe terminar de componer el conjunto.

Experiencia americanaPara el director de la película, el noruego Joachim Trier, este es el primer rodaje en inglés y con un reparto internacional, tras triunfar con Reprise (2006) y Oslo, 31 de agosto (2011), rodadas en su país y en noruego. La mayor diferencia para él, según ha señalado, fue el rodaje con un equipo mucho más grande de lo habitual, pero como en todos sus trabajos, se esmeró en crear el ambiente apropiado alrededor de la cámara, y en esto no fue diferente a sus películas noruegas. “Una de las responsabilidades de un director debe ser propiciar un clima de confianza que ayude al equipo y a los actores, es algo esencial, se ruede donde se ruede”, ha señalado. A pesar de ser su primera experiencia con un reparto tan grande y tan prestigioso, dice no haberse sentido en ningún momento intimidado: “Todos se tomaron sus personajes muy en serio y aportaron algo personal a la historia”.

Una familia de cine Joachim Trier, nacido en Copenhague, Dinamarca, en 1974, aunque desde pequeño reside en Noruega, es hijo del técnico de sonido Jacob Trier y nieto del cineasta noruego Erik Løchen. Su madre también dirigió varios cortometrajes. Estudió en la National Film and Television School de Londres, donde tuvo de profesores a Stephen Frears y a Mike Leigh. Es pariente lejano del realizador danés Lars von Trier.


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