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investidura de Pedro sánchez

El combativo discurso de Podemos abre una mayor brecha con el PSOE

Iglesias eleva su crítica al pacto entre Sánchez y Rivera tensando un debate que aleja un acuerdo de izquierdas

Imanol Fradua - Jueves, 3 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Iglesias gesticuló en numerosas ocasiones para reforzar su mensaje. Fotos: Efe

Iglesias gesticuló en numerosas ocasiones para reforzar su mensaje. Fotos: Efe

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Iglesias gesticuló en numerosas ocasiones para reforzar su mensaje. Fotos: Efe

Donostia- Culminó su discurso de estreno como orador en el Congreso puño en alto, apelando a la libertad, la justicia y la democracia. Lo arrancó, más de media hora antes, recordando a las víctimas del franquismo y del 3 de marzo de Gasteiz. Pero durante el tiempo que permaneció siendo el foco principal del debate de investidura, Pablo Iglesias capitalizó la sesión sacudiendo los cimientos de la investidura de Pedro Sánchez. Echando mano de un tono combativo e hilando mensajes de profundidad contra la casta, Podemos reflejó la ruptura de cualquier puente al entendimiento con un PSOE que ayer fue su víctima principal. Votó no a su investidura, como era evidente. Pero también elevó el listón para una posible entente con los socialistas, a los que mentó el GAL y la figura de Felipe González. Pese a reclamar seguir con “la mano tendida, sin embargo la retórica de Iglesias parece recrudecer cualquier atisbo de alianza. Es más, podría viciar las relaciones entre ambos partidos de cara a un escenario posterior que miraría a la repetición de los comicios.

Los mensajes lanzados ayer tuvieron una honda carga de profundidad. El líder de Podemos avisó que “iba a decir las verdades” a la cara. Cumplió, sobre todo cuando se refirió a Sánchez. La trifulca se hizo patente cuando mentó a Felipe González, al aleccionar al aspirante sobre la sombra del viejo líder que pese a su dorado retiro suele marcar la pauta del PSOE a su antojo. Lo ligó con el GAL, como uno de los responsables que “tienen machado su pasado de cal viva”, una guerra sucia contra ETA que convirtió a la formación de Ferraz “en el partido del crimen de Estado”. “Cuídese de él”, le espetó. Su problema es que le han prohibido pactar con nosotros. Lo dijo Felipe González, el que tiene el pasado manchado de cal viva”, repitió. Esa cita sobre la historia más negra del partido motivó las airadas quejas de la bancada socialista, que posteriormente pasó por diversos micrófonos a defender al viejo líder. Pero los posibles puentes que pudieran trazarse a partir de la semana que viene, con un calendario más propicio para reconducir la situación entre ambos bloques de izquierda y tejer complicidades con un “pacto del cambio”, saltaron por los aires.

Iglesias tiró de elocuencia y combatividad para censurar el acuerdo entre el partido de Ferraz y Ciudadanos, sobre todo en las medidas establecidas para remozar la economía, luchar contra la precarización laboral o evitar los desahucios, al vaticinar que no debe de extrañar que “cualquier día los trabajadores le pidan que entregue la S y la O del PSOE”. Golpe a golpe, su discurso trató de desactivar las razones del acuerdo entre Sánchez y Rivera. Calificado como “traición” a los valores históricos del socialismo, reclamó que el PSOE vuelva a negociar con Podemos para evitar que el Estado termine “en manos de las oligarquías” y “los poderes fácticos financieros”, emulando la última legislatura de un PP de Mariano Rajoy que también tuvo su porción de críticas. “Yo no traiciono a mi gente, señor Sánchez”, le remarcó hasta en tres ocasiones para afear su apuesta por ir de la mano de Ciudadanos. “Su claudicación ante la naranja mecánica -como se refirió a la formación de Rivera- es sonrojante”, incidió.

El pacto suscrito no atendería a las necesidades reales de la población española, acogotada por los recortes, los desalojos forzosos, la dación en pago retroactiva, o el copago sanitario. “No acaba con estas situaciones”, abundó un Iglesias que volvió a remarcar que el cometido de Podemos “no es otro” que revertir la situación para conformar un gobierno “progresista”, para felicitarse de que “el tiempo del bipartidismo se acabó”. Enzarzado nuevamente en la aritmética parlamentaria -sobre si los números dan pie a montar una alternativa de izquierdas con la formación morada, los socialistas, Compromís e IU-, Iglesias también se refirió a Ciudadanos y PP. Rivera “representa la peor de las tradiciones políticas españolas, la que no tiene más ideal que su cercanía con el poder”;mientras que sobre los populares, “arrogantes con los débiles y serviles con los poderosos”, abundó en que son “un partido corrupto” con algunos dirigentes que “son hijos políticos del totalitarismo. Fue fundado por siete ministros de la dictadura”, subrayó.


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