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Ndeye Ndour ciudadana senegalesa afincada en hondarribia

“Los senegaleses nos sentimos muy bien acogidos en Hondarribia;venimos a trabajar y la gente valora eso”

Pasear un rato con Ndeye Ndour por el Casco Histórico de Hondarribia, donde vive hoy, es una sucesión de encuentros con gente, vecinos y amigos, que la saludan con cariño. Ella está, dice, “enamorada de Hondarribia” desde que llegó.

Xabier Sagarzazu - Miércoles, 2 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Ndeye Ndour

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Ndeye Ndour

hondarribia- Se llama Ndeye, aunque muchos la llaman Fifi, tiene 34 años y lleva viviendo en Hondarribia desde el año 2004. Es parte de la notable colonia de senegaleses que vive en esta ciudad, donde sus primeros compatriotas llegaron hace casi dos décadas, “sobre todo, para trabajar en la pesca”.

¿Cómo y por qué llega usted a Hondarribia?¿Había emigrado antes a algún otro lugar de Europa?

-Llegué aquí desde Dakar, en el año 2004, para estar con el que entonces era mi marido. Él llevaba ya un tiempo en Hondarribia y vine a vivir aquí, directamente en el avión, con escala en Bruselas. Desde entonces, estoy muy a gusto en esta ciudad, que me enamoró desde el primer día.

¿A qué se dedicaba en Senegal y a qué se dedica aquí?

-En Senegal, terminé el Bachillerato y empecé mis estudios de Derecho, que dejé aparcados cuando me casé. Al venir aquí, la idea era volver a retomar la carrera en Baiona, porque los lazos entre Senegal y Francia me permitían poder convalidar lo ya estudiado y seguir con mi formación. Pero era complicado poder desplazarse cada día a Baiona y al final, mi vida fue por otros caminos. Hoy, trabajo en el restaurante del camping de Higer, en el faro, y la verdad es que estoy muy contenta.

¿Cómo fue el cambio de un país a otro, se le hizo complicado?

-Fue un choque, porque todo es muy diferente. Desde el clima y el paisaje hasta las costumbres, la comida o el idioma. Y otras cosas que contrastaban mucho con lo que yo conocía: el urbanismo, la limpieza, el orden... Al principio estaba alucinada con todo. Luego, poco a poco, me fui haciendo al lugar y la verdad es que tanto yo como mis compatriotas nos sentimos muy bien acogidos por los hondarribiarras. Nunca he oído a mis espaldas un comentario racista o xenófobo, y lo mismo pueden decir la mayoría o todos los senegaleses afincados aquí. Venimos a trabajar y a ayudar a la familia que dejamos en nuestro país. Nunca creamos problemas y creo que la gente lo valora.

¿Qué es lo que más les choca a ustedes del carácter vasco y de los hondarribiarras?

-La gente, de entrada, es más reservada, o como se suele decir aquí, más cerrada. Pero una vez haces amistad y te van conociendo, la gente es estupenda y te acoge y trata muy bien. Los senegaleses, en cambio, somos un pueblo más abierto, que acoge al que viene como si fuera de la familia. Tenemos entre nosotros un trato muy familiar, somos un pueblo acostumbrado a cuidar unos de otros, a acompañarnos.

¿Ese carácter se acentúa de alguna forma al vivir muy lejos de su país?

-Sí, se acentúa un poco. Nos ayudamos en todo, nos apoyamos si tenemos problemas o estamos tristes por algo y nos reunimos y convivimos mucho, tanto entre amigos en casas, como en ocasiones especiales, como el 4 de abril, que es la fiesta nacional de Senegal. Es nuestro carácter, sí, pero supongo que es algo que le pasará a cualquiera que viva lejos de su país;haces piña con los compatriotas que tienes en tu entorno. Lo vimos hace un par de años, cuando falleció un senegalés y entre todos, también con la ayuda de muchos hondarribiarras, recaudamos el dinero para poder repatriarlo y que su familia pudiera darle un entierro digno.

También ha aprendido algo de euskera. ¿Por qué?¿Qué le pareció el idioma a la hora de estudiarlo?

- Me apunté al euskaltegi durante un año porque quería, por lo menos, poder comunicarme con la gente. Con esa gente que llegaba al bar del camping y me pedía Ardo bat, mesedez. Por lo menos, he aprendido algunas bases para comunicarme en el trabajo, para hacer las cuentas en euskera y cosas así. La verdad es que es un idioma complicado, pero me gusta poder utilizarlo con la gente, aunque sea de forma básica.

Usted llegó en avión, pero muchos compatriotas se siguen jugando la vida por llegar a Europa. ¿Qué piensa cuando ve las imágenes de las pateras o las de los refugiados que huyen desesperados de conflictos como el de Siria?

-Es un horror y me dan ganas de llorar. Es gente desesperada que se lanza al mar porque lo que dejan atrás es incluso peor que jugarse así la vida. Deberíamos todos pensar un poco y ponernos en su lugar.

Gipuzkoando

Su txoko guipuzcoano. El paseo Butrón de Hondarribia y también Donostia.

Un monte. Aiako Harria, donde me lesioné la única que vez subí, y Larrun. Son muy bonitos.

Un paisaje. Las vistas al mar desde el faro de Higer.

Una playa. La de Hondarribia, para pasear al anochecer.

Una fiesta. El ambiente y la música del Hondarribia Blues Festival.


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