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Atlético 3 - 0 Real Sociedad

Una rendición en toda regla

Inaceptable Eusebio sufre un ataque de entrenador y tira la toalla antes de jugar en el Calderón al alinear un once sin ninguna posibilidad

Mikel Recalde - Miércoles, 2 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Reyes introduce el balón en su propia portería en el primer gol del Atlético.

Reyes introduce el balón en su propia portería en el primer gol del Atlético.

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Reyes introduce el balón en su propia portería en el primer gol del Atlético.

Vamos a intentar ser serios, al menos mucho más de lo que lo fue la Real ayer. En el fútbol hay que tener siempre presente a tu afición. Cuando no la tienes, es que vives ajeno a la realidad. Seguro que hubo algunos aficionados blanquiazules, aunque fuesen muy pocos, que recorrieron muchos kilómetros y pagaron una entrada cara para seguir ilusionados a su equipo del alma. Tenían motivos para la esperanza y, probablemente, en el camino se lanzaron apuestas sobre una hipotética gran victoria. Todo se acabó cuando se conoció la alineación donostiarra. Con esos once jugadores era materialmente imposible que la Real no ya pudiera, sino que tuviera una mínima opción de puntuar ante el Atlético. El ataque de entrenador de Eusebio fue de los que marcan época y no hay que olvidar que no era la primera vez que sus inesperadas revoluciones salen mal, porque el lunar de la Copa está ahí presente. En Primera y en un club como la Real estas cosas no funcionan. Nunca. ¿Nadie se lo ha explicado aún en el club? El Atlético es el equipo que mejor compite de la Liga. ¿A cuántos jugadores cambió pese a jugar el derbi ante el Madrid el sábado? A uno. Vietto por Torres. Espero que, ahora sí, aprenda la lección y que no la vuelva a repetir jamás. Porque si lo hace, el problema es mucho más inquietante de lo que queremos pensar.

Simeone dijo que todos los equipos solían variar la forma de jugar en el Calderón. La Real también lo hizo. ¡Vaya que si lo hizo! A Eusebio se le fue la mano con un once incomprensible que no había por donde cogerlo. Cuando todos se protegen más en uno de los campos de los grandes, el pucelano optó por sacar un once más ofensivo que el del Málaga en Anoeta y, lo que es más grave, mucho más blando. Lo peor de todo es que su innovadora apuesta, con seis novedades respecto al sábado, no la pudo preparar ni trabajar más que en un solo entrenamiento. Estas cosas se pagan ante todo un Atlético, el rival que mejor desnuda tus miserias de la Liga. Además, su planteamiento no coincidía con sus declaraciones de la víspera: "Es un equipo al que es difícil contraatacarle y encontrarle huecos porque cierran bien los espacios. Cuando atacan generan mucha superioridad por dentro y en el área cuenta con gente muy peligrosa. Debemos tratar de limitar al máximo sus virtudes y explotar las nuestras".
Un centro del campo formado por tres jugadores técnicos, como Illarra, Granero y Xabi Prieto, no parece la mejor fórmula para afrontar la batalla ante cuatro mediocentros de primer nivel, que conquistaron sin conceder ocasiones el Bernabéu. Para colmo, colocó a De la Bella de central, donde no había jugado desde que aterrizara en Donostia en 2009. Es decir, ninguno de los cuatro entrenadores anteriores le vieron cualidades para rendir en esa posición. Esto motivó que Héctor, que cada vez que ha jugado ha demostrado sufrir unos problemas defensivos tan graves que los contrincantes se pasaban el choque buscando su espalda, actuase de lateral. En resumen, el flanco izquierdo de la zaga lo formaban Héctor y De la Bella y la banda zurda, el vallisoletano y Prieto. A nadie le sorprendió que a los ocho minutos la Real ya iba perdiendo después de que Juanfran y Koke rompieran por su costado sin ningún esfuerzo, tras hacer una pared en un saque de banda.
La conclusión lógica que se puede sacar es la de una rendición antes de tiempo, la de asumir tu previsible inferioridad antes de jugar y eso, simplemente, resulta inadmisible. Menos aún cuando la Real se presentaba a la cita con la meritoria carta de presentación de los cinco partidos sin perder. El equipo parecía haberle dado la vuelta ya a su pobre inicio y al relevo en el banquillo y, con Eusebio al frente, daba la sensación de ser un conjunto mucho más competitivo y complicado de superar. La virtud que más se destacaba del técnico era el sentido común que estaba aplicando en cada partido. Por eso lo de ayer, escoció más. Que no se le olvide al entrenador que la mochila de amargura que arrastra esta campaña es muy pesada y no se arregla solo con ganar en Bilbao. Ayer hubo que sacar boli y papel para empezar a colocar su once cuando se hizo oficial, y fueron muy pocos, o casi ninguno, los que los colocaron bien. Fue una cosa de locos. Como venimos repitiendo muchas semanas, los técnicos están para tomar decisiones y en la mayoría de las ocasiones se valorará su trabajo en función de sus aciertos . Ayer Eusebio se confundió por completo, porque ese equipo que sacó en la guarida del segundo de la Liga tendría serios problemas para salvarse.

En este escenario a nadie le cogió de imprevisto que el primer tiempo fuese patético. Los locales remataron con una facilidad pasmosa todos los balones que llegaron al área realista. Bueno, todos menos dos. Uno que tocó Mikel González, que estuvo a punto de repetir su gol en propia meta del curso pasado, y otro que desvió Reyes y que acabó superando a Rulli. Era el minuto 8 y el Atlético ya había dispuesto de tres opciones para anotar.

Lo único salvable de la Real antes del descanso fue que solo recibió un tanto. La explicación fue que los madrileños confirmaron sus problemas de cara a puerta, ya que la zaga txuri-urdin era una broma. Blanda, con constantes errores infantiles, muy mal colocados y sin enterarse de nada tácticamente. Reyes trataba de apagar fuegos, pero no lo lograba ni en la medular ni entre los centrales. Y los dos extremos no ayudaban casi nunca a sus laterales, algo también esperado conociendo a Prieto y Bruma.
Godín rozó el gol hasta en tres ocasiones y Rulli repelió un remate de Vietto que se coló por el medio como Pedro por su casa.La única posibilidad que dispuso la Real no fue ni ocasión, ya que, tras una atrevida internada, Aritz Elustondo no atinó con sus dos intentos de centro.

En el entreacto, Eusebio lo tenía complicado, puesto que igual no se había dado cuenta de que solo podía sustituir a tres jugadores de su superonce. Su única variación fue situar a sus jugadores en el campo como casi todos habíamos pensado en un primer momento. Pero el cambio le salió horrible, ya que, cuando todavía no se había cumplido ni un minuto, De la Bella devolvió de forma horrible un balón a Reyes, cuyo despeje lo robó el Atlético y el centro de Vietto lo remató a la red con un bonito escorzo Saúl.

Con el 2-0, Simeone sintió la absoluta certeza de que el resultado no iba a correr ningún peligro ante el chiste de rival que tenía enfrente, por lo que comenzó a reservar hombres. Eusebio sacó a Pardo y Vela, que tampoco iban a poder solucionar demasiado. Menos aún cuando, a los pocos minutos, Griezmann se dejó caer al sentir un mínimo contacto de De la Bella, que coronó su gran noche, y el colegiado más casero de Primera no dudó en señalar un penalti inexistente. El galo transformó la pena máxima para seguir con su racha ante su exequipo y fue sustituido al segundo para evitar una lesión en el partido más fácil del curso para los colchoneros.
A partir de ese momento, en lo que parecía un partido de fútbol, pero no lo era al estar finiquitado, la Real se acercó al gol en una buena acción de Bruma que Vela remató fuera en boca de gol y, poco después, Pardo botó una falta y Lucas, en su intento de despeje, cabeceó al palo de Oblak. Tras dos remates de Jonathas, el esloveno detuvo el primer remate en el minuto 89 obra de un talentoso Capilla, antes de que le cazara Augusto.

Eusebio: con el 5-1 de Gijón y el lamentable arranque ya teníamos suficientes disgustos. Anoeta se está vaciando. La afición reclama ambición y exigencia. El escudo que lucen las camisetas de tus jugadores merece un respeto en todos los partidos. No era un mal día para intentar dar un susto al Atlético. Lo que no se admitirá jamás es una rendición antes de jugar. Porque en realidad lo que demuestras es que confías tan poco en este equipo como lo hacía tu predecesor. Y eso sí que sería grave. El ridículo de ayer es inaceptable...


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