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Bertako Gaia

El guipuzcoano enamorado de Wroclaw

Donostia comparte capitalidad cultural Wroclaw. Pero, ¿qué sabemos de esta ciudad polaca? Si hay un guipuzcoano que puede hablar de Wroclaw, ese es el zumarragarra Jonmikel Intsausti: vivió allí y está casado con una polaca. El lunes que viene abrirá una exposición sobre Wroclaw en Ordizia.

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Martes, 1 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Jonmikel Intsausti, con la foto del rascacielos más alto de Polonia.

Jonmikel Intsausti, con la foto del rascacielos más alto de Polonia.

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Jonmikel Intsausti, con la foto del rascacielos más alto de Polonia.

Poco imaginaba el zumarragarra Jonmikel Intsausti cuando fue a trabajar a Wroclaw para una cooperativa vasca, que allí conocería a la que hoy es su mujer y que la ciudad polaca sería Capital Europea de la Cultura el mismo año que Donostia. Estos dos hechos le han llevado a montar una exposición sobre la ciudad polaca, que se inaugurará el lunes que viene en el instituto Oiangu de Ordizia. Si hay un guipuzcoano capacitado para hablar sobre Wroclaw, ese es Intsausti.

Este zumarragarra apenas sabía nada sobre Wroclaw antes de ir allí. “De Polonia solo conocía al papa Juan Pablo II y a los expresidentes Jaruzelski y Walesa. Esos siguen siendo los iconos de Polonia. Es un país muy desconocido para nosotros”.

Intsausti fue decidido a integrarse en el país y, de hecho, incluso se defiende en polaco. “Aquella etapa de mi vida era idónea para trabajar en el extranjero y, además, siempre había tenido ganas de hacerlo. Cuando me ofrecieron ir a trabajar a Polonia, no lo dudé. Aprendí algo de polaco y eso me sirvió para relacionarme con la gente y conocer mejor lo que sucedía en Polonia”.

Cuando llegó, le llamó la atención el gran contraste que se vivía en el país. “Todavía había mucha burocracia y perduraban algunas costumbres y actitudes de la época comunista, pero también se veía que el país se estaba abriendo. En los supermercados había una oferta mayor que la de aquí, pero las carreteras eran peores”.

El país le enamoró. “Conocía a gente muy buena. Hice muchos amigos. Polonia ha sido muy importante para mi desarrollo personal y la exposición es también un modo de homenajear a todos mis amigos polacos”.

Dice que entre la sociedad vasca y la polaca hay puntos en común, pero también diferencias. “La arquitectura, el clima, las costumbres, la comida, el idioma... son diferentes. Vivimos en el mismo continente, todos somos europeos, pero hay grandes diferencias entre nosotros”.

Una de las características de Polonia es el gran peso que sigue teniendo la religión en aquella sociedad. “De todos modos, tengo entendido que durante el comunismo la religión tuvo aún más peso. El régimen estaba en contra de la religión y eso hizo que la gente abrazara aún con más fuerza el cristianismo. Desde entonces, la religión ha perdido algo de fuerza, pero el cristianismo sigue teniendo mucha más fuerza que aquí”.

El peso de la religión no ha sido lo único que ha cambiado en Polonia. “Wroclaw se ha occidentalizado: han abierto más centros comerciales, se ha renovado la ciudad, se han hecho nuevas carreteras...”.

Añade que es un país que merece ser visitado. “Es un país desconocido, pero tiene un gran atractivo turístico: cuenta con unos quince parques nacionales, ciudades maravillosas, una gastronomía fabulosa, una historia impresionante... Es un país lleno de contrastes y es imposible que te aburras de él”.

El tiene a su familia política allí y suele viajar casi todos los años. “Fui hace dos años por última vez y tengo unas ganas enormes de volver. He recorrido el país varias veces y me parece maravilloso. Estoy enamorado de Polonia”. Así, le hace mucha ilusión que Donostia y Wroclaw compartan capitalidad. De hecho, también vivió en Donostia, pues estudió y trabajó allí. Cree que deberíamos poner un poco más de nuestra parte para conocer la ciudad que comparte capitalidad cultural con Donostia. Por ello, ha decidido montar una exposición. Presentó el proyecto al programa Olas de Energía, pero no fue aceptado. Los del instituto Oiangu de Ordizia, en cambio, se mostraron interesados. La muestra permanecerá allí dos semanas y después está dispuesto a llevarla allá adonde le inviten.

En la muestra se pueden ver 55 fotografías sacadas en Wroclaw. Cada una de ellas está acompañada por un texto y un código QR que permite leer los textos y ver las fotos también en el ordenador o en el móvil. Wroclaw es una señora ciudad de más de 600.000 habitantes, que cuenta con muchos lugares de interés: el rascacielos más alto de Polonia (212 metros), edificios modernistas, el barrio judío, la universidad, la estación de ferrocarril, un jardín japonés, puentes que no tienen nada que envidiar a los de Donostia...

Y, sobre todo, es una ciudad llena de historia. Perteneció a Alemania y en la Segunda Guerra Mundial se destruyó el 80% de la ciudad. Los 600.000 alemanes fueron expulsados y Wroclaw se pobló con polacos que vinieron de Ucrania. Incluso trajeron una estatua como recuerdo de su ciudad de origen. Todo esto y más se puede ver en la exposición que se abrirá le lunes en Ordizia.


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