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Mienten como respiran

Por Iosu Perales - Martes, 1 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Todo el mundo sabe que el Partido Popular y Podemos fueron los vencedores de las elecciones del 20 de diciembre que han creado un mapa político abocado, casi inevitablemente, a una nueva cita en las urnas. En un escenario así, tanto el PSOE como Ciudadanos se sabían destinados a lograr peores resultados, según sondeos y opiniones generalizadas en los medios de comunicación. No obstante, Pedro Sánchez soñaba con ser presidente y quiso ensayar un acuerdo de izquierda evitando el calvario de una nueva derrota. Ese impulso inicial le llevó a un viaje simbólico a Lisboa. Pero llegó el famoso Comité Federal del 28 de diciembre que marcó un antes y un después. Todo cambió para el candidato. Prohibido negociar con Podemos fue la orden que recibió. Sánchez quedó desde ese momento en estado de obediencia y con malos pronósticos electorales. Las previsiones también pintaban mal para Ciudadanos.

De tal manera Pedro Sánchez y Albert Rivera, necesitándose mutuamente, decidieron montar un sainete que les diera ante la opinión pública el supuesto mérito de haber intentado poner en marcha un gobierno, a sabiendas que no cuentan con posibilidades numéricas para lograrlo. Un sainete que justificado para formar gobierno es en realidad el inicio de una campaña electoral de ambos partidos para corregir sus resultados a la baja. El resultado es un gran fraude que se asienta en la creencia de que la ciudadanía es estúpida y manipulable y se lo traga todo.

Sánchez se hartó de acusar a Rivera y su partido de ser de derechas. Lo dijo mil veces durante la campaña electoral. Lo dijo hasta el insulto. Con semejante antecedente lo lógico era pensar que los socialistas buscaran un acuerdo con Podemos e Izquierda Unida. En realidad esto hubiera sido posible si el afán del PSOE fuera formar un gobierno de izquierda. Pero no es así, el objetivo principal está situado en evitar a como de lugar un ascenso de Podemos que lo coloque por encima suyo en las preferencias electorales. El PSOE tiene pánico a esa posibilidad. La sombra del Pasok griego que ha terminado en la marginalidad es alargada. Por eso ha preferido pactar con un partido cuyo líder aseguró horas antes de que firmaran el acuerdo: “Ciudadanos sólo firmará si el 80% de nuestro programa está incluido en el documento final”. Lo dijo Rivera, el mismo al que Sánchez llamó agente de la derecha. Y lo cierto es que ha cumplido con su promesa.

La verdad es que en la historia del PSOE desde 1978 hasta hoy, el engaño ha sido una de sus armas. El referéndum “OTAN de entrada no” se convirtió en una campaña socialista por el sí. La consulta hecha ahora a su militancia para refrendar su pacto con Ciudadanos vuelve ser una traición a su propia gente, un insulto a la inteligencia, tal y como ha dicho el dirigente socialista Pérez Tapias. En lugar de preguntar por el pacto concreto que acaba de firmar se hace una pregunta genérica: “El PSOE ha alcanzado y propuesto acuerdos con distintas fuerzas políticas para apoyar la investidura de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno. ¿Respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista?” La mayoría de síes obtenidos con un 50 % de participación es menos significativa que los nueve mil militantes perdidos en año y medio (de todos modos, ¿son reales los datos que da el PSOE? ¿por qué la consulta no ha estado bajo control notarial?)

Este modo de actuar, retorcido, oscuro, ya lo utilizó en Euskadi para llevar a Patxi López a la lehendakaritza con el apoyo del PP, ese apoyo que tres días antes de las votaciones López repudiaba. Cabe recordar asimismo la modificación del artículo 135 de la Constitución, hecho junto al PP -con nocturnidad por cierto-, que sanciona la prioridad del pago de la deuda externa sobre necesidades internas de gasto social. El tándem PP/PSOE han hecho demasiadas averías.

Pienso que el sainete PSOE-Ciudadanos es una gran mentira, montada sobre todo en clave electoral. En ningún momento Pedro Sánchez ha creído que podría ser presidente con el apoyo de Ciudadanos. Sabe contar. Lo que ocurre es que él, sometido a la tiranía de los barones y otros veteranos de su partido hace tiempo que sabe que la única forma de salvar su liderazgo es obedeciendo y trabajando desde ya la campaña electoral en la que quiere asegurarse el puesto de candidato. Otra cosa es si de milagro le salen a Sánchez los votos que necesita para ser presidente y de ahí su empeño en convencer a Podemos, lo que parece inútil.

He leído el documento firmado. Lleno de propuestas vaporosas redactado con la mirada puesta en el Partido Popular, como insiste una y otra vez el propio Rivera. Y por supuesto mira al IBEX 35. En él no se habla de derogar las reformas laborales del PP y del PSOE, a pesar de las promesas de Sánchez. Las medidas que contiene dicho pacto son la introducción de un sucedáneo del “contrato único” propuesto por Ciudadanos. Es patético que se prometa subir el salario mínimo en 1% en 2016. Tampoco se habla de derogar la ley mordaza, aun cuando se dice que se modificarán algunos artículos. No se concreta la derogación del artículo 135 de la Constitución, algo que Sánchez había repetido una y otra vez. No se deroga la ley de educación Wert. No se suspende el copago farmacéutico. El documento no prohíbe las puertas giratorias, que es el modo como ex altos cargos políticos llegan a la administración de las empresas estratégicas. No se aborda una reforma fiscal progresiva ni la rebaja del IVA. No se reconoce la plurinacionalidad, ni mucho menos el derecho a decidir. Las reformas de la Constitución son propuesta vacías pues para ello hacen falta mayorías cualificadas muy por encima de los 130 votos que suman ambos partidos. Lo cierto es que es sorprendente que con todo lo que viene cayendo, con un régimen del 78 hecho jirones, los firmantes del documento lo presenten como el eje del cambio. ¡Ah! y de reforma electoral nada de nada.

En realidad era y es una quimera pensar que uno de los partidos del bipartidismo, responsable junto con la derecha de un declive de la democracia, vaya a ser la solución cuando es parte del problema.

En este escenario general la representación teatral de la investidura de Pedro Sánchez es un insulto a la ciudadanía. Porque sabe que los números no le dan;porque el contenido del documento es una continuidad de las políticas antisociales como ya lo están denunciando las mareas que en los últimos años han llenado calles y plazas. Sin embargo Rivera y Sánchez siguen afirmando que es un acuerdo de progreso. Mienten como respiran.


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