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La dignidad de los perdedores

Por Juan Zapater - Martes, 1 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

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Al contemplar el palmarés de la última edición de los premios de la Academia de Cine de EE.UU., siempre con su alfombra roja, siempre dando lecciones de glamour con escotes de vértigo, uno recuerda la frase atribuida a Jorge Luis Borges: “La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”.

En el país que solo cree en el número uno, en una cultura que exalta la consecución del éxito, el palmarés -hecho público en la última noche del mes de febrero de 2016-, arroja datos de innegable interés. Por ejemplo, parece haber unanimidad en apuntar que, a última hora, por sorpresa,Spotlight le arrebató el título de mejor película a El renacidodel excesivo Alejandro González Iñárritu. Esa ha sido, dicen, la nota más definitoria de lo que fue esta edición.

También ha habido consenso en reconocer la ágil retórica del presentador Chris Rock, de cálida piel negra en una edición donde precisamente en las afueras dos centenares de personas protestaban por la falta de sensibilidad de Hollywood ante el (re)conocimiento de las minorías étnicas y en concreto de los profesionales de origen afroamericano. La frase de Rock dedicada a Will Smith, “es injusto que no esté nominado pero también fue injusto que cobrara 20 millones por Wild Wild West” denota una habilidad de lengua propia de la antología de chistes de Slavoj Žižek. Por cierto, esa locuacidad maquiavélica prueba la proverbial capacidad de EEUU para reconocer sus errores sin que nadie pague los platos rotos. En consecuencia, el año que viene el profesional negro ya tiene garantizado al menos medio Oscar.

Pero volvamos a Borges, retornemos a la dignidad de los premios. Ya se sabe que hay al menos tres categorías, tres niveles de importancia en este tipo de reconocimientos, sea el Oscar, el Goya, el César o cualquier otro certamen, que premia este arte en el que intervienen tantos oficios.

Quedémonos pues con la dignidad de los no convocados en esta edición: a ellos volveremos en el futuro

Un repaso a la primera división de los galardonados evidencia una obviedad: ha habido un reparto salomónico. Una manera de reconocer que este año no existe una gran película. Al menos no entre las que optaban a los mayores premios. Spotlight, El renacido, La habitación, La chica danesa y El puente de los espíasse reparten las seis principales categorías. Si se descuenta el Oscar a Leonardo DiCaprio, recibido más que por su interpretación en El renacido por todo lo que antes injustamente no fue reconocido, la cosa quedaría en un Oscar para cada uno.

En el otro lado, en la categoría de los premios técnicos, ha habido un vencedor absoluto, Mad Max: Furia en la carretera. Entre las 3,14 horas y las 3.57, (hora española) minuto arriba, minuto abajo, el filme dirigido por George Miller se llevó seis Oscar. Probablemente un récord al que, la miopía de los académicos de Hollywood, la misma con la que (no) miraban a Hitchcock, le negó los principales premios al confundir entretenimiento con superficialidad;apariencia de transcendencia con verdadera calidad.

Si se repasa lo que el Oscar reconoce: problemas de pederastia, abusos sexuales, cambios de sexo, la conquista del Oeste y la guerra fría según Spielberg, queda claro cuáles han sido los criterios. De ahí que Star Wars haya sido ninguneada, Mad Max reducida a los premios técnicos y el resto de categorías víctimas de un prorrateo escasamente interesante. Así, optar por Del revésfrente a Anomalisa es un claro ejemplo de los prejuicios que conlleva el cine de animación como espacio para el cine destinado al público infantil. Esa actitud también afecta a públicos de todos los sitios, salvo quizá Japón, donde no es necesario reivindicar que el cine de dibujos puede abordar temas profundos.

La principal conclusión, a la vista de los filmes nominados y/o premiados es evidente: uno tiene la impresión de que la verdadera historia del cine no se inscribe en estos premios aunque alguno de los oscarizados sí hará historia o ya la está haciendo. En la mayoría de los filmes destacados predomina una sensación de falta de rotundidad, de sólida consistencia. No hay malos títulos pero, salvo casos muy concretos, El hijo de Saúl, Carol, el citado Anomalisa,…, tampoco se puede decir que entre los nominados hubiera muchos filmes extraordinarios.

Quedémonos pues con la dignidad de los no convocados en esta edición. A ellos volveremos en el futuro, cuando algunos de los que ayer tanto brillaban sean pasto del olvido.


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