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Las propuestas olvidadas del socialismo vasco

Elementos como la autodeterminación, la bilateralidad o la misma existencia del pueblo vasco como nación fueron argumentos dialécticos del socialismo vasco en el pasado pero hoy están proscritos en su discurso federal

Por Iñaki González - Domingo, 28 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

López, Guevara y Prieto, en una comparecencia ante la prensa.

López, Guevara y Prieto, en una comparecencia ante la prensa. (Foto: N.G.)

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López, Guevara y Prieto, en una comparecencia ante la prensa.

el PSE-PSOE se ha asentado en los últimos tiempos en el discurso más uniformizador que se le recuerda en materia de identidad y realidad jurídica y política de Euskadi, asumiendo una concepción federal del Estado de la que han desaparecido elementos diferenciadores y específicos vascos que no hace tanto tiempo aún se podían encontrar en sus propuestas. Al calor del pacto de Pedro Sánchez con Albert Rivera en el Estado, desde Euskadi no se ha escuchado cuestionamiento alguno a un documento que, en materia de definición territorial, es decepcionante por sus carencias, la inconcreción del propio enfoque federal que se supone seña de identidad del socialismo español y la nula receptividad a las realidades nacionales del Estado. El pacto da la espalda a Catalunya desde todos los ámbitos: ni se la mira a los ojos, ni se la seduce ni se le ofrece vía de diálogo alguna.

El concepto nacional vasco;las implicaciones jurídicas que pudiera tener el pueblo vasco en tanto que sujeto de derecho;la ampliación horizontal del autogobierno, en sentido de más amplias competencias y no solo de reordenación de las vigentes en el propio Estatuto de Gernika;la bilateralidad como base de la relación con el Estado en una relación basada en el consenso y no solo en los límites del marco legal vigente. Todos estos elementos han desaparecido de la propuesta política del socialismo vasco y se han convertido en motivo de reproche cuando se plantean desde el nacionalismo. Pero estuvieron en el eje de la propuesta política del PSE a los vascos en un pasado no tan lejano.

No se puede decir que el PSE haya tenido en el pasado un enfoque soberanista. Su orientación siempre ha sido la de compartir un proyecto de ámbito español de naturaleza federal. Pero sí concedía en el pasado al Estatuto vasco, como eje de esa relación, la calidad de norma constituyente. E igualmente defendía la concertación bilateral como eje de la relación con el Estado.

En honor a la verdad, si se vuelve la mirada se puede ver que esos cambios en la concepción de Euskadi son paralelos a los del propio PSOE, que abanderó en el histórico Congreso de Suresnes en 1974 el derecho de autodeterminación para las nacionalidades del Estado, tal y como recogía en su documento congresual en el primer punto relativo a la configuración del Estado español y que rezaba así: “Ante la configuración del Estado español -sostiene el documento-, integrado por diversas nacionalidades y regiones marcadamente diferenciadas, el PSOE manifiesta que:

1.“La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español”.

Ha llovido mucho desde los primeros años de la democracia, cuando los líderes del PSE del momento compartieron pancartas reivindicativas del derecho de autodeterminación de los vascos. Luego, al calor del susto del 23-F, llegó la Loapa y, aunque su desarrollo no fue completo porque el Tribunal Constitucional anuló una tercera parte de su articulado por invadir los estatutos ya en vigor, su espíritu arraigó.

Empezó aquí un camino que se fue diluyendo hasta borrar el reconocimiento de la especificidad de las nacionalidades y del discurso del socialismo español y vasco desapareció el principio de plurinacionalidad hasta que lo rescató Rodríguez Zapatero antes de convertirse en el líder socialista más denostado por mor de los efectos de la crisis de 2008 y su incapacidad para cumplir sus compromisos con Catalunya.

Pero, en sus primeros años, hubo un atisbo de rescate de parte de ese enfoque, coincidiendo con el proceso de reforma del Estatuto de Gernika promovido por el Gobierno de Juan José Ibarretxe. En un documento lleno de descalificaciones al proyecto apadrinado por el tripartito de PNV, EA y Ezker Batua, el PSE de un recién llegado Patxi López a su Secretaría General propuso en 2004 lo que llamó Bases para la Actualización y Reforma del Estatuto de Gernika. Hasta la fecha, el último documento presentado a la opinión pública vasca por parte del PSE en esta materia.

El texto, elaborado por Emilio Guevara, ex diputado general de Araba y reconvertido desde el nacionalismo a una breve carrera política como parlamentario del PSE, contiene más que guiños a los actuales anatemas del discurso del PSE: el pueblo vasco, su carácter de nación y la relación bilateral con el Estado.

El cuestionamiento de la existencia del pueblo vasco como sujeto de derecho ha sido compartido por los partidos de ámbito estatal. PP, PSOE UPyD y el recién llegado Ciudadanos, coinciden en negar la existencia del mismo o su carácter de nación, indistintamente.

Sin embargo, el PSE asumía en 2004 en el documento de Guevara que “de acuerdo con el artículo 2 de la Constitución Española, se constituye Euskadi como una nacionalidad, entendida como una comunidad nacional de ciudadanas y ciudadanos libres, iguales, abierta…”. Inscrita, eso sí, en lo que califica como “la España Democrática que se instauró con la Constitución de 1978”.

El refuerzo de la licitud del proyecto de nación vasca se encuentra en el mismo documento cuando sostiene que “el Estatuto representa la creación de un ámbito de convivencia para la realización, superando las diferencias ideológicas y partidistas, de un proyecto de vida y de progreso en común, de un proyecto nacional”. Y contrapone lo que considera un proyecto “radical y rupturista” representado por la reforma estatutaria del Gobierno de Ibarretxe, con la oferta socialista en la que “el pueblo vasco puede seguir siéndolo, sin ninguna limitación ni problema, dentro de la España plurinacional”.

Es difícil escuchar al PSE en 2016 tan nítida declaración que ratifique la existencia del pueblo vasco -si “puede seguir siéndolo” es porque ya es-, no digamos del derecho a un proyecto nacional, con independencia de que, legítimamente, el pensamiento socialista quiera orientar ese proyecto a la integración en el Estado. Abundan, en cambio, las declaraciones de miembros destacados en las ejecutivas actual y anteriores del PSE, que hacen negación del derecho inherente a la condición de pueblo, a su mera existencia y, por supuesto, a su carácter de nación. La España federal de este socialismo que intenta formar gobierno con la derecha española no es plurinacional.

Entre las líneas rojas que dificultan el encuentro transversal con el PSE en la profundización del autogobierno figura el concepto de bilateralidad. Es otro anatema para el socialismo vasco sobrevenido del hecho de que admitirlo supone reconocer una relación de consenso entre iguales y no de supeditación a la norma emanada del marco institucional español. Porque el único modo de que no haya bilateralidad entre Euskadi y España es que una está supeditada a la otra.

Sin embargo, la propuesta de reforma estatutaria de Patxi López estaba cargada de guiños a la bilateralidad. Así se percibe cuando sostiene: “El PSE-EE (PSOE) entiende que la CAV debe participar activamente en este proceso de reformas y aprovechar el impulso autonómico de la política española, para adaptar y mejorar nuestro autogobierno y reafirmar nuestras instituciones singulares todo ello sin perjuicio de mantener y consolidar las relaciones bilaterales que corresponden a nuestra comunidad con las instituciones del Estado”. Su objetivo es propiciar una mayor cohesión, no una segregación, pero el principio de bilateralidad es uno, con independencia de los resultados de su aplicación.

Alude también con insistencia a la fórmula de las comisiones bilaterales de Euskadi y el Estado en asuntos comunitarios o la planificación y ordenación de la economía. Y, aunque sostiene con firmeza su defensa del criterio de caja única de la Seguridad Social, reconoce el derecho de “complementar y/o ampliar el cuadro de prestaciones que el Estado establezca” en esta materia.

En aquel tiempo, Carlos Martínez Gorriarán, quien sería mano derecha de Rosa Díez en UPyD y -desfondado el proyecto- abogaba recientemente por la disolución del partido tras no obtener escaño en las últimas elecciones, arremetía contra la propuesta en los siguientes términos: “Lo que hoy propone el PSE a la sociedad vasca es una aproximación lateral al Plan del lendakari: identidad nacional vasca, sujeto de Derecho Internacional, soberanía judicial sobre los ciudadanos, etc.”.

El Plan Guevara no hizo fortuna en su día y hoy está enterrado al fondo de un cajón. Algunas voces históricas del socialismo vasco lo reivindicaron entonces, como Ramón Jáuregui, más allá de que en su origen estuviera la “vocación de derrotar electoralmente al Plan Ibarretxe”, según admitía en su blog. Porque veía en él, además de una propuesta autonomista dispuesta a profundizar en el autogobierno, “una expresa vocación irrenunciable de consenso” entre las fuerzas vascas.

Primó la primera función y la derrota socialista en 2005 lo convirtió en papel mojado. Hoy, incluso esa “propuesta autonomista” sería cepillada. Concepto político que sí hizo fortuna años después en boca de otro histórico socialista que coprotagonizó en Suresnes el Congreso que reivindicaba el derecho de autodeterminación: Alfonso Guerra.


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