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Personas refugiadas y responsabilidad política

Por Olaia Duarte - Jueves, 25 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

el pasado jueves tuve la oportunidad de asistir a un coloquio sobre políticas migratorias en Europa organizada por el Instituto de Gobernanza Democrática en el marco del programa European Dialogues y Donostia 2016. Y es que la Capitalidad Cultural está intrínsecamente ligada a las políticas de migración, la convivencia, la solidaridad y los derechos humanos. La crisis de las personas refugiadas, que día a día estamos siguiendo, y el aumento de los flujos de migración desde los países más pobres nos obliga, como pueblo, a hablar de derechos humanos y a realizar una profunda reflexión.

La Unión Europea siempre ha presumido de tener la defensa de los derechos humanos como uno de sus principios fundamentales. En ese sentido, ha puesto en marcha mecanismos para facilitar la libertad de movimientos de las personas entre los estados miembros. ¿Qué ocurre, en cambio, con las personas, fuera de las fronteras de la Unión Europea? Si consideramos la defensa y la reivindicación de los derechos humanos como parte de nuestra entidad, ¿qué tipo de respuesta colectiva va a dar la Unión Europea a la solicitud de refugio por parte de miles de mujeres y hombres?

La conferencia de la pasada semana en San Telmo nos ofreció un marco inmejorable para reflexionar sobre todos estos temas en el contexto de la Capitalidad Cultural. Me alegró ver la sala llena: técnicos de instituciones, representantes de asociaciones que trabajan directamente con personas refugiadas y migrantes, estudiantes de la universidad… Pero también percibí ausencias destacables. Un refugiado político angoleño, dos personas empujadas a salir de Marruecos y Honduras por la situación económica y la canadiense Joanna Anneke Rummens, socióloga e investigadora en materia de identidad, diversidad, salud y bienestar, nos hablaron de experiencias migratorias personales, de nuevas políticas de integración o de las conclusiones de diversos análisis económicos.

De boca de Rummens pudimos escuchar que la política de acogida de Canadá se encuentra muy lejos de nuestros parámetros. Que en Canadá validan las credenciales académicas de los y las migrantes, porque consideran que las personas cualificadas son un activo para el desarrollo del país y no una amenaza. Que el sistema educativo cuenta con expertas o expertos en integración, y que las madres y padres reciben cursos personalizados gratuitos para aprender el idioma del país. Que disponen de centros donde realizar los trámites necesarios para las personas migrantes (alta en la Seguridad Social, empadronamiento, libro de familia, relación con trabajadores y trabajadoras sociales, acogida en el sistema educativo…) y que incluso, en dichos centros, utilizan en muchos casos su lengua de origen.

Pero, tal vez, la principal lección de Rummens fue que, según los estudios, la forma en la que una persona refugiada o migrante es recibida en el país de llegada -especialmente, el proceso de acogida- es más determinante que la vivencia de esa persona desde que salió de su país de origen. Es decir, que la bienvenida y el proceso de acogida que se ofrecen a una familia que huye de la guerra de Siria tienen una influencia psicológica y emocional mayor que el miedo, el riesgo, el hambre o las enfermedades sufridas en el camino. Lo cual evidenciaría la importancia, para cualquier institución europea, de estar preparada y disponer de los recursos necesarios.

En el Ayuntamiento de Donostia hemos intentado reiteradamente que el gobierno de PNV y PSOE comenzara a preparar la acogida a las familias que llegan en busca de refugio. En septiembre del año pasado realizamos las primeras propuestas en la línea de dinámicas de colaboración con los agentes que trabajan en esta materia (Cruz Roja, Cáritas, Plataforma Solidaria de Gipuzkoa…). Este mismo mes hemos propuesto la constitución de un grupo de trabajo o comisión específica sobre personas refugiadas. Desgraciadamente, la única respuesta que hemos recibido del gobierno municipal ha sido, una y otra vez, la negativa: no a realizar una lista de recursos, no a constituir un grupo de trabajo específico, no al trabajo conjunto con otros agentes. Eneko Goia y Ernesto Gasco han utilizado el tema de las personas refugiadas para sacarse la foto, pero en realidad, no solo no han dado ningún paso en esta materia, sino que han convertido la negativa en respuesta habitual a las propuestas que el resto de grupos municipales realizamos. Y, en coherencia con esa actitud, nadie del gobierno municipal acudió a la conferencia de San Telmo. Es sumamente preocupante. Porque las políticas en materia de personas refugiadas y migrantes tienen cada vez una importancia mayor en Europa. Y porque, a pesar de ello, el gobierno municipal de Donostia está haciendo gala de una dejadez muy llamativa. Hablamos de prioridades y responsabilidad política. Y es evidente que en Donostia, PNV y PSOE prefieren mirar hacia otro lado.


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