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Tribuna abierta

Fútbol, el deporte que fue

Por Igor Filibi - Jueves, 25 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

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¿Cómo puede haber deporte sin competición, sin que el rival tenga verdadera oportunidad de vencer? El negocio manda. No se valora el esfuerzo, sino el marketing;no se comenta el juego sino el espectáculo.

En los últimos meses, diversas autoridades de la cúpula directiva del fútbol mundial han comenzado a ser investigados y procesados. Han sido las autoridades judiciales de EEUU quienes han lanzado la ofensiva por corrupción. Ojalá sirva para regenerar el funcionamiento de la FIFA, pero la noticia es que EEUU está mostrando un gran interés en el fútbol (lo que allí llaman soccer). La liga norteamericana está comenzando a invertir grandes cantidades de dinero en fichar grandes futbolistas y hay quienes piensan que lo que realmente quieren es controlar la estructura mundial del fútbol.

China también se mueve. En los últimos años, los clubes chinos han comenzado a invertir ingentes cantidades de dinero para fichar grandes jugadores de nivel mundial para impulsar su liga. Es sintomático que la principal potencia mundial y la principal potencia emergente desembarquen de repente en el fútbol.

Junto con los Juegos Olímpicos, el campeonato mundial de fútbol es el principal espectáculo televisivo global. Y entre copa del mundo y copa del mundo, las principales ligas (inglesa, española, italiana, alemana) son de los pocos espectáculos televisivos capaces de fijar la atención de cientos de millones de espectadores. En el caso norteamericano, el fútbol es probablemente el único gran espectáculo de masas mundial que no controlan.

Es obvio que hace mucho que el fútbol dejó de ser un deporte en manos de los aficionados. En la actualidad, tras una etapa de profesionalización, el fútbol se ha convertido ya en otra cosa, en un fenómeno mundial que mueve cantidades astronómicas de dinero y con intereses mundiales. Es tal el volumen de dinero generado que las casas de apuestas florecen por doquier. El dinero que mueven estas empresas, cada vez más en medios online, es de tal magnitud que ha empezado a adulterar las competiciones. Es difícil resistirse a la tentación de un dinero tan fácil. Lo mismo podría decirse de muchos deportes, como el tenis, etc., que van comprobando el poder de las mafias que amañan partidos.

La publicidad de las casas de apuestas es cada vez mayor, casi omnipresente en los estadios, televisiones y en las propias camisetas de los futbolistas. ¿Cómo podrán las instituciones que gobiernan el fútbol regular y controlar a quienes comienzan a ser sus principales patrocinadores? Es imposible. Del mismo modo que un club ya no puede elegir el horario que facilite la asistencia de sus seguidores al campo, porque vendiendo los derechos televisivos ha entregado el control al financiador;el fútbol no podrá controlar la compra de partidos. No se puede morder la mano que te alimenta.

Otros que han visto grandes oportunidades de negocio son los fondos de inversión. Hace mucho que invierten en empresas, controlan los consejos directivos y las venden convenientemente troceadas, sin importarles lo más mínimo su viabilidad económica o los puestos de trabajo que desaparecerán con la lucrativa operación. Ahora, desde hace unos años, han comenzado a comprar los derechos federativos y publicitarios de los futbolistas. Da igual si el futbolista es feliz en su club, si le va bien ahí, si los aficionados le quieren o no. Es una simple inversión en carne humana. Un fondo de inversión que mueve miles de millones de euros al año, ¿cómo no va a hacer todo lo que esté en su mano antes que se devalúe su mercancía?

Cuando se cambió la normativa y se obligó a los clubes a convertirse en sociedades anónimas, se dijo que era para limpiar el fútbol, para dotarle de mayor control económico y evitar las gigantescas deudas que habían acumulado los clubes. Unos años después el panorama es desolador. Los clubes han ido reduciendo lentamente sus deudas, es cierto, pero todo lo demás está mucho peor que antes. Ahora, una gran parte de los clubes son propiedad de multimillonarios que los usan para ganar popularidad y hacer negocios en los palcos, cuando no para lavar dinero sucio.

Las corporaciones globales como Real Madrid, Barcelona, Manchester United o Bayern de Munich hacen valer sus marcas mundiales, capaces de crear mercados globales para acumular cientos de millones de ingresos anuales, lo que adultera las competiciones al ser virtualmente imposible para el resto de clubes competir en serio por los títulos. ¿Cómo puede haber deporte sin competición, sin que el rival tenga una verdadera oportunidad de vencer? El negocio manda, y los medios de comunicación, controlados por poderosos intereses económicos que quieren crear esos grandes mercados mundiales, disfrazan la realidad mediante comentaristas que alaban constantemente a estos equipos y sus estrellas. No se valora el esfuerzo, sino el marketing;no se comenta el juego sino el espectáculo;el locutor de un Real Sociedad-Valencia no deja de mencionar constantemente las habilidades de los jugadores del Real Madrid;todas las cadenas estatales dedican a dos corporaciones el 90% del tiempo de deportes;ya no se celebra un partido competido sino la goleada, la supuesta hazaña. Pero si se repite todas las semanas, no es tal hazaña, sino simple desigualdad.

¿Qué valor puede tener que un equipo plagado de cracks mundiales y con quinientos millones de presupuesto golee a un equipo que dispone de veinte, treinta o sesenta millones? Ninguno, es obvio. Por eso, el deporte ha dejado de ser lo más importante. Ahora lo que vende es el espectáculo, el glamour, las novias de los jugadores y sus ingresos por publicidad. Ahora, las estrellas no van algunos días a entrenar porque deben atender sus compromisos publicitarios. El fútbol mueve tanto dinero que cuantos más partidos haya más ingresos se generan. Por eso hay partidos cada tres días desde agosto hasta mayo. Y en verano, cada dos años, Eurocopa o Mundial. Los jugadores no aguantan la presión física y mental y las lesiones se suceden. Es mejor no pensar qué deben hacerles para que aguanten así un año tras otro. Jugar con dolor debe ser ya la norma.

Mientras tanto, los aficionados comienzan a preferir ver el fútbol en su casa, mientras cenan. ¿Para qué hacer el esfuerzo de ir a San Mamés desde Lekeitio o a Anoeta desde Eibar, tragarte una hora de autobús, mojarte, regresar a casa a la una de la mañana y trabajar al día siguiente, si puedes verlo cómodamente en tu sillón? El fútbol es ya un espectáculo televisado. Sólo los últimos románticos siguen peregrinando a sus estadios, tratando de defender la esencia de aquel fantástico deporte que era el fútbol. Hay niños y niñas que apenas han estado en un campo de fútbol porque los precios son abusivos y a duras penas se puede hacer el exceso una o dos veces al año. Esos niños casi no han olido la hierba recién regada, no han visto el aura mágica de los grandes partidos, reñidos, competidos, en los que su equipo tenía opciones reales de vencer, de ser el mejor, siquiera un año, al menos en una competición. Y qué decir del triunfo. La Copa. La Liga. O una final, pero disputada. Un hincha de un equipo muy humilde lo expresó perfectamente en el comienzo de la liga de hace dos años: “¡Qué bien! Comienza otra liga que sé que es imposible que gane mi equipo”. El seguidor de una corporación le respondió: “¡Perdedor!”

Nuestros niños apenas pueden ir al campo. Y los niños africanos y latinoamericanos son comprados a precios de saldo, antes de que exploten, para ser formados en canteras mundiales de los grandes clubes. La UEFA, tras años de denuncias, decide comenzar con algunas sanciones y los clubes se quejan. Es bueno para los niños, dicen. Así que, previendo que no podrán fichar el año que viene, han anunciado que se gastarán el doble este año.

Pero si te quejas de todo esto, si dices que te asquea, que echas de menos el deporte al que jugabas de niño en el patio o en la calle en Deusto, si te indignas, en los foros y en los bares siempre aparece algún seguidor de una de las corporaciones que te invita a la resignación y te recuerda sus glorias. ¡Qué pena!

Y a pesar de todo, con todo en contra, nuestros chavales van y levantan una copa. Y son capaces de disputar con cualquiera en la Europa League. Aunque no lo sepan los cretinos de los despachos y del marketing ni los voceros de las goleadas o los henchidos fans internacionales, por eso es tan grande el fútbol. Por eso, y no por las goleadas previstas, cientos de millones de personas seguimos amando este deporte.

Una gran parte de los clubes son propiedad de multimillonarios que los usan para ganar popularidad y hacer negocios en los palcos, cuando no para lavar dinero sucio


La publicidad de las casas de apuestas es cada vez mayor, casi omnipresente en los estadios, televisiones y en las propias camisetas de los futbolistas


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