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Un pequeño gran paso

La declaración del socio de Urdangarin entierra un poco más la podrida monarquía española. Y los hijos de los monarcas no se libran de los desmanes paternos

Xabier Lapitz - Miércoles, 24 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Xabier Lapitz

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El caso Nóos tiene fonéticamente un plural mayestático. Podían haber elegido otro nombre, pero escogieron ese. Cada vez que lo escucho, veo al emérito diciendo “nos, nos embolsamos...” y a partir de ahí dólares que sobresalen de turbantes, trenes dorados, veleros de ensueño y robo a espuertas en nombre de un sistema feudal.

Pero el imaginario se hizo realidad al escuchar a Diego Torres. Llegó, habló, señaló y se defendió. Esto último no es baladí: pasen sus acusaciones por el filtro de la defensa. Está en su derecho. Por lo tanto, vayamos más a analizar si es creíble su testimonio o soltó una fantasiosa historia muy labrada para salir lo más airoso posible del trance.

Su declaración es sólida, pero dispara sobre un saco vacío. No me creo que nadie supiera en la Casa Real lo que sucedía en el Instituto Nóos y los chanchullos de lo que parece que era un mero apéndice de monarquía española. Pero Torres apunta a un señor mayor, vividor hasta el límite y que aparece ahora ligando con una presentadora de televisión norteamericana como si fuera un elefante abatido, como su último trofeo junto al capricho de un balandro vintage de madera a bordo del que le han fotografiado. Ese ha sido el rey al que los españoles han admirado. El dueño del El Bribón. Deplorable señor, pero pasado histórico.

Torres no es un tuercebotas, ESADE no ficha como profesor a cualquiera, pero su estrategia ha resultado fallida. El día que Juan Carlos I traspasó los bártulos a Felipe VI, el socio de Urdangarin perdió su defensa. Los correos electrónicos se devaluaron, solo quedaron en España los jueces de MasterChef como garantía de un sistema que tratara a todos por igual y ayer, incluso señalando a esa moderna Cruella de Vil de carne y hueso llamada Corinna, todo tenía un aire a pasado, a canto de cisne por un sistema que caerá. Como se abolió el sistema feudal, la esclavitud, como se pondrá final a la pena de muerte, a las peleas de carneros y a los alardes machistas. Es una cuestión de tiempo. Una declaración veraz contra un monarca corrupto y un cantante parando un concierto ante una agresión a una mujer son la misma cosa. Un avance.

En la monarquía, y puede que sea injusto, los hijos no se libran de los desmanes paternos. Porque si de ellos viene el poder, de ellos heredan la maldición. Ayer se acabó, un poco más, la podrida monarquía española. Puede que sea un pequeño paso para Torres. Ha sido un gran paso para la democracia.


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