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Nueve héroes

El libro ‘Remando como un solo hombre’ relata cómo unos chicos estadounidenses de origen humilde lograron el oro en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936

Un reportaje de Néstor Rodríguez - Miércoles, 24 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Los ocho remeros y el timonel estadounidenses que ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de 1936.

Los ocho remeros y el timonel estadounidenses que ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de 1936. (Foto: N.G.)

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Los ocho remeros y el timonel estadounidenses que ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de 1936.Remando como un solo hombre.

los Juegos Olímpicos celebrados en 1936 en Berlín fueron concebidos para mayor gloria del régimen nazi, pero son recordados sobre todo por Jesse Owens, el atleta de raza negra que logró cuatro oros, lo que supuso una deshonra para aquella Alemania. Pero no fue el único que logró humillar a Hitler, convencido de la superioridad de la raza aria también en el deporte. Hubo un bote de remo estadounidense, formado por ocho remeros y un timonel de la Costa Este de Estados Unidos, que logró un oro contra pronóstico. Una historia de superación personal y trabajo en equipo que recrea Daniel James Brown en el libro Remando como un solo hombre. La historia del equipo de remo que humilló a Hitler.

En los años 30, en Estados Unidos, el remo era uno de los deportes más populares y mediáticos. Por ello, eran muchos los chicos que ingresaban en la universidad y se apuntaban a remo. Así lo hicieron en 1933 los jóvenes que tres años después alcanzarían la gloria olímpica. Algo impensable en ese momento, ya que muchos de ellos ni siquiera habían remado antes. Pero los duros entrenamientos programados por Al Ulbrikson, el exigente preparador de remo de la Universidad de Washington, hicieron ya una importante criba desde el inicio: no solo se trataba de los que mejor remaban, sino de los que aguantaban durísimas sesiones de trabajo de noche con frío, viento, lluvia o incluso nieve.

la superación de joe rantzUno de los chicos que apuntaba maneras desde esos comienzos fue Joe Rantz. Si uno de los nexos entre los futuros campeones era su origen humilde -hijos de trabajadores afectados por la Gran Depresión económica que azotó Estados Unidos aquellos años- la de Joe Rantz fue una vida extremadamente difícil desde que era un niño. Cuando su madre falleció y su padre volvió a casarse, las penurias económicas eran importantes en la familia y un día el matrimonio le dijo que ellos y sus dos hijos pequeños se marchaban. “¿Y no puedo acompañaros?”, preguntó el adolescente Joe. “No funcionaría. Mira hijo, si algo he aprendido en la vida es que, si quieres ser feliz, tienes que aprender a serlo solo”, le respondió su padre. Y el coche arrancó, dejando a Joe Rantz solo y sin dinero. Pero salió adelante y un año antes de ingresar en la universidad se fue a vivir con uno de sus hermanos mayores, fruto del primer matrimonio de su padre.

En la universidad, Joe Rantz destacó tanto por su buen expediente académico como por su buena predisposición a la hora de entrenar. Con las penurias que había pasado en su vida, entrenar un par de horas con frío y lluvia no era un sacrificio tan grande. El caso es que Al Ulbrikson pronto se dio cuenta de que tenía entre manos a unos cuantos chicos muy prometedores, que se impusieron a otros botes en la competición nacional de remeros de primer año universitario. Ese triunfo hizo que el entrenador comenzara a pensar en que disputar los Juegos Olímpicos de 1936 con ese bote era una opción real. Aunque para eso quedaban dos años y sus chicos tendrían que superar varios duelos contra otras universidades. El problema es que al año siguiente de ese primer impacto, el bote flaqueó y surgieron dudas. Así, Al Ulbrikson empezó a mezclar remeros de distintos cursos universitarios, pero no conseguía dar con la fórmula adecuada y, pese a que había potencial individual en muchos chicos, los grupos no funcionaban. Joe Rantz, por ejemplo, estuvo cerca de quedarse fuera del bote que luego haría historia.

Tras muchas pruebas fallidas, el entrenador volvió a la fórmula original, a esos chicos que en su primer año habían maravillado. Una de las claves fue la entrada a última hora de Rantz, que dio consistencia al bote, de nombre Husky Clipper y construido por George Pocock, un personaje importante en la historia ya que sus consejos resultaron vitales para los protagonistas de esta historia. Joe Rantz, Don Hume, Shorty Hunt, Stub McMillin, Johnny White, Gordy Adam, Chuck Day, Roger Morris y el timonel Bobby Moch fueron finalmente los elegidos, y tanto su alto nivel individual como la gran compenetración entre ellos hizo que ganaran la regata clasificatoria de Estados Unidos con relativa facilidad. El sueño de acudir a Berlín se hacía realidad.

imprevistos de última horaYa en la localidad alemana, y ante los mejores botes del mundo, los representantes de Estados Unidos tuvieron que lidiar con un importante problema de última hora: la enfermedad de uno de sus hombres más importantes, Don Hume, que se pasó varios días en la cama y que a duras penas aguantó dentro del bote en las semifinales. De cara a la final, Hume no se había recuperado y Al Ulbrikson decidió sustituirlo por otro remero que había acudido a Berlín como sustituto en caso de que surgiera algún contratiempo de última hora, como era el caso. Sin embargo, en la mañana de la final, mientras desayunaban, el resto de componentes del equipo hablaron y decidieron decirle al entrenador que Don Hume debía remar con ellos: “Hemos estado todo este tiempo juntos y Don también tiene que estar hoy con nosotros”. El compañerismo entre todos había sido una de las claves para llegar hasta allí y querían continuar así.

Al Ulbrikson aceptó, pese a que era consciente de que en esa situación subir al podio, un objetivo que a priori parecía al alcance de Estados Unidos, se complicaba. Hubo otra sorpresa desagradable un rato antes de comenzar la final, ya que a los americanos les tocó en el sorteo la calle más complicada. Joe Rantz y compañía, en cambio, creían firmemente en sus opciones. Empezaron mal la regata de dos millas de longitud, pero poco a poco fueron remontando y llegaron a los metros finales un poco por detrás de Italia y Alemania. Cuando parecía que se debían conformar con el bronce, un extraordinario sprint final, con un renacido Don Hume, les dio el oro con seis décimas sobre Italia y un segundo sobre Alemania. Un desenlace con un toque muy yanqui por esos problemas de última hora, pero una recompensa más que merecida para unos chicos humildes, que lograron el éxito a base de mucho sacrificio y trabajo en equipo. Unas cualidades que refleja de maravilla el libro de Daniel James Brown.

ficha libro

Remando como un solo hombre. La historia del equipo de remo que humilló a Hitler

Autor: Daniel James Brown

Editorial: Nórdica libros


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