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Olvidados

Por Alberto Antxotegi - Lunes, 22 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Siglo va siglo viene, por parte de los que manejan la podrida geopolítica del mundo mundial, hay pueblos y personas sumidos en el más profundo de los olvidos. Creo sinceramente que los kurdos representan uno de los ejemplos más palpables de esta afirmación. Buena prueba de ello es que en las negociaciones de Ginebra sobre el conflicto sirio no han dispuesto para ellos, no ya de un sillón, sino ni tan siquiera de una puñetera banqueta. Ese olvido interesado es la prueba fehaciente de la podredumbre reinante en la “diplomacia” occidental. Mientras los aliados norteamericanos o franceses y sus medios de comunicación siguen trenzando coronas de laurel sobre la valentía de los combatientes kurdos, catalogándoles de su mejor aliado sobre el terreno, que ellos sobrevuelan, sin embargo a la hora de negociar los ignoran olímpicamente. Y se preguntarán ustedes el por qué de tamaña desmemoria. La respuesta resulta tan ramplona como la geopolítica misma: porque Turquía y Arabia Saudita los han vetado. Mientras Hollande y Fabius miraban a un lado sin intervenir en pro de los Kurdos, turcos, saudíes y qataríes incorporaban a las negociaciones a Ahrar al Cham, representante del Frente Al Nusra, que no es otra cosa más que el brazo sirio de Al Qaeda. Los tres fieles amigos y clientes armamentísticos de norteamericanos y franceses han completado su póquer ganador con los herederos de Osama bin Laden. A buen entendedor…

Pero los olvidadizos no disponen únicamente de sede en Ginebra o en Bruselas, porque en sus respectivos feudos son tres cuartos de lo mismo. En París y Madrid siguen igual de desmemoriados. Hace algo más de tres años que tres militantes kurdas, Sakine Causiz (54 años), Fidan Dogan (29 años) y Leyla Saylemez (25 años) fueron fríamente asesinadas en el piso parisino que albergaba a la Asociación Kurda en Francia. Por primera vez, y quizás sirva de precedente, las autoridades judiciales que investigan estos crímenes han tomado posición con claridad sobre la posible implicación de los servicios de inteligencia de un estado extranjero en un asesinato político de esta envergadura cometido en suelo francés. Apuntan, eso sí con prudencia, al MIT turco o a otros aparatos de ese estado que se oponen al proceso de paz iniciado en 2012 entre Erdogan y el PKK. El supuesto autor material, un infiltrado turco de 32 años, fue detenido a los 15 días de los hechos, pero como ocurre a menudo, la identidad de sus mentores queda por aclarar en un juicio que se está dilatando en el tiempo. Mientras a derecha e izquierda, políticos franceses como Sarkozy, Juppé o la defenestrada Taubira publican libros con títulos tan sugerentes como La France pour la vie, Pour un État fort y Murmures à la jeunesse, los bombardeos de la coalición y de los rusos no cesan, machacando no solo al Estado Islámico sino a la indefensa población civil, y de rebote, a los resistentes kurdos. Por cierto que la misma Taubira dimisionaria del Ministerio de Justicia que murmura a la juventud, no dice ni mu sobre la situación de los presos vascos, ni tan siquiera en casos tan dramáticos como el de Lorentxa Gimon, gravemente enferma.

En cuanto al panorama hispano se encuentra tan inundado de sobres, franqueos, franquicias y blanqueos que han acabado por colapsar tanto los medios de comunicación, los de Euskal Herria incluidos, como las componendas postelectorales. La derecha oficial reinante, desbordada, propugnando unidades nacionales para una nación en avanzado estado de descomposición, mientras las izquierdas oficiales o emergentes tratan de centrarse en una izquierda de centro, eso sí nacional e indivisible, que les conduzca a la siempre vigente sopa boba del poder. Un panorama corrupto, vacío de contenido y que resulta hasta entretenido para la sobremesa vasca y catalana. Viendo a tanto político estresado en busca de poltrona, hasta algunos jueces han acabado por liberarse un poco de sus presiones y a quitarse sus pesadas mochilas de encima para impartir justicia algo mejor que antaño. Si sirve para limpiar un poco las cloacas repletas de corrupción y para sanear las mentes de los votantes con un poco de frescor, tanto mejor. En ésta nuestra Comunidad Autónoma, anestesiada por debates tan artificiosos y artificiales como los de la diversidad y la convivencia seguimos relativamente abotargados en nuestro caminar hacia la libertad. Aquí vivimos, a mi entender, en buena armonía dos o más comunidades distintas con un ideario identitario bien diferenciado. El factor diferencial no supone un obstáculo para convivir bajo el mismo techo, siempre que fijemos con meridiana claridad la naturaleza del techo que nos cubre. Si se trata de la España una, grande e imperial, ya la hemos jodido, porque su unidad y los supuestos derechos a la igualdad borran de un plumazo el fundamental derecho a la diferencia entre pueblos, ni mejores ni peores pero diferentes. El “todos somos vascos” se convierte automáticamente en un global label de españolidad por un puro birlibirloque de índole estrictamente catastral. Los olvidados votantes abertzales somos mayoría absoluta en nuestra casa de Hegoalde, pero ésta sigue secularmente bajo el peso de una hipoteca hispana sin fecha de caducidad. De Iparralde hablaremos en una próxima entrega.


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