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Idiazabal el pueblo de los indianos

Idiazabal es el pueblo de Gipuzkoa donde más huella dejaron los vascos que en los siglos XIX y XX hicieron fortuna en América. Se pueden ver varios palacetes construidos por ellos y el objeto de sus donaciones.

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Domingo, 21 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Un palacete construido por un indiano.

Un palacete construido por un indiano.

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Un palacete construido por un indiano.

Idiazabal es el pueblo del queso que lleva el nombre de la localidad, el de los huevos de las granjas Gorrotxategi y San Blas, el de las válvulas que produce Ampo... y el de los indianos. Fueron muchos los idiazabaldarras que partieron a América con el objetivo de hacer fortuna y bastantes de ellos lo consiguieron. A la vuelta, intentaron dejar constancia de su éxito. Así, construyeron palacetes, plantaron especies exóticas, hicieron donaciones... Los indianos dejaron huella.

El historiador idiazabaldarra Joseba Agirrezabala es una voz autorizada para hablar del tema, pues eligió el tema de los indianos de Idiazabal para su proyecto de fin de carrera. Su trabajo se basó en la familia Altolagirre, propietaria de una casa ocupada que está situada en la plaza del pueblo. “Esta familia vivía en el caserío Zabarain y a mediados del siglo XIX cuatro hijos se fueron a América: dos a Argentina y otros dos a Cuba. Allí se enriquecieron y a la vuelta compraron el caserío Txomenane. Lo tiraron y construyeron una casa. La llamaron Altolagirre Enea. En el jardín plantaron palmeras y especies de todo el mundo”.

En Idiazabal se pueden encontrar muchas casas del estilo. “Hacían estas casas y estos jardines para mostrar que habían triunfado en América y para tener un lugar donde pasar los últimos años de su vida. En muchos casos, las siguientes generaciones prefirieron vivir fuera de Idiazabal y utilizaban los palacetes solo en verano. Tenían criados que se encargaban de cuidar las casas durante todo el año. En Txomenane, por ejemplo, un hombre se encargaba del jardín y la huerta y una mujer de mantener limpia la casa. Una vez a la semana, les llevaban a Donostia los productos de la huerta. Hace unos 20 años prescindieron de los sirvientes y han tenido sus más y sus menos con el Ayuntamiento porque les expropió el parque. Esta casa ha acabado muy mal”.

En Idiazabal hay otras diez casas construidas por indianos: Jauregialtzo Enea fue vendida y el nuevo propietario construyó pisos, Pilar Enea acabó en manos del Ayuntamiento y acoge el centro de día, el hogar del jubilado y una cafetería...

Todas no son de la misma época. “Eso se nota en el tamaño de las casas. La más grandes son las construidas a comienzos del siglo XX. Además, son de diferentes estilos arquitectónicos. Las primeras que se construyeron son las típicas casas de indianos. Todas tienen jardines parecidos, con palmeras. Este árbol les servía para dejar constancia de que en esa casa vivía un indiano. Muchos vivieron de las rentas y las generaciones posteriores decidieron añadir una planta más al edificio”. Las casas que se construyeron después de 1950 son distintas. “Estás tienen aspecto de chalet”.

A Agirrezabala la casa que más le gusta es Jauregialtzorena. “En esta familia, fueron dos hermanos los que fueron a América. A la vuelta, uno construyó Jauregialtzorena y el otro Pilar Enea. Le puso este nombre en honor a su mujer. En muchos casos, en el lugar donde construyeron sus casas había un caserío. Tiraron el caserío y a la nueva casa le pusieron de nombre su apellido. El objetivo era recalcar su presencia y su éxito”.

Los indianos, además de construir palacetes, hicieron muchas donaciones. “Uno de los Jauregialtzo regaló al pueblo el reloj que estuvo en la parroquia. Además, el cementerio se construyó con la donación de los indianos. Pero no se trataba de simples obras de filantropía. También buscaban su beneficio. Necesitaban un cementerio más grande para poder construir sus panteones. En el cementerio de Idiazabal, toda la vuelta está llena de panteones. Las lápidas del pueblo llano están rodeadas de los panteones de los indianos”.

Además, la antigua escuela (actual ayuntamiento) la construyeron los indianos y uno de ellos, Demetrio Jauregialtzo, compró el órgano de la parroquia. “Más que ejercicios de buena voluntad, eran acciones para ganar prestigio”.

La huella de los indianos es mucho más fuerte en Idiazabal que en cualquier otro pueblo de Gipuzkoa. ¿Cuál puede ser el motivo? “Si un vecino emigra y tiene éxito, eso anima al resto de los vecinos a emigrar. Además, es más fácil emigrar habiendo gente de tu pueblo en el lugar al que vas. Los Altolagirre fueron de los primeros en salir fuera”.

Los dos Altolagirre que fueron a Argentina se enriquecieron trabajando en la agricultura y la ganadería, mientras que el azúcar fue la fuente de riqueza de los dos que emigraron a Cuba. “Después, invirtieron bien el dinero ganado: cédulas hipotecarias, acciones en el tranvía de La Habana y en la compañía telefónica de Cuba...”.

Otro IdiazabalAlgunos, además de hacer fortuna y construir palacetes en su localidad natal, llegaron a fundar pueblos. “Demetrio Jauregialtzo fundó un pueblo llamado Idiazabal en Argentina. Los Altolagirre le pusieron de nombre Zabarain (el caserío donde nacieron) a un pueblo, pero después se lo cambiaron. Aquí les ponían sus nombres a sus casas y allí ponían el nombre de los sitios de aquí a sus casas y pueblos para recordar Idiazabal”.

Por lo tanto, dejaron huella tanto en Idiazabal como en América. “En el mencionado pueblo de Argentina hay una calle llamada Altolagirre. Esta familia todavía tiene terrenos en Argentina y uno de ellos suele ir todos los años en época de cosecha”.

Agirrezabala quiere dejar claro que no todos los emigrantes tuvieron éxito. “Ha quedado una imagen distorsionada. Vemos los palacios que construyeron los indianos, pero otros muchos fueron a América y fracasaron. Algunos no consiguieron ni el suficiente dinero para volver. Los indianos fueron una minoría”.


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