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Evo Morales se juega su futuro

Los bolivianos deciden hoy en referéndum si el presidente puede presentarse a una nueva reelección en 2019

Marta Martínez - Domingo, 21 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:08h

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donostia- Evo Morales se enfrenta a la cita con las urnas más incierta desde que llegó al poder hace 10 años. Hoy, más de 6,5 millones de bolivianos decidirán si el primer presidente indígena del país puede presentarse a una nueva reelección en los comicios previstos para 2019. ¿Usted está de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la presidenta o presidente y la vicepresidenta o vicepresidente del Estado puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua? Esa es la pregunta que aparecerá en las papeletas y a la que todavía esta semana muchos bolivianos no sabían qué responder.

El presidente, que ganó en 2014 la última elección presidencial con el 61% de los votos, goza, diez años después de su llegada al poder, de una importante popularidad en el país (70%), sin embargo, este hecho no le asegura la victoria en esta ocasión. Según han mostrado las encuestas durante toda la campaña, los indecisos decidirán el resultado y el último escándalo de corrupción puede costarle caro al oficialismo.

El zapatazo es el primer caso de corrupción que salpica directamente al mandatario en sus diez años de gobierno. Se trata de un presunto tráfico de influencias en favor de una expareja de Morales, Gabriela Zapata, actual ejecutiva de la empresa de ingeniería china Camce, que ha obtenido contratos con el Estado, la mayoría por invitación directa, por valor de 566 millones de dólares. Por si fuera poco, las contradicciones en las que han caído el presidente y sus colaboradores en este caso no han hecho más que agrandar el escándalo. Y mientras el culebrón ha ido creciendo, con la vida privada del presidente expuesta y debatida en los medios de comunicación, el oficialismo ha acusado a Estados Unidos de estar detrás del escándalo. “No vamos a perdonar la conspiración”, dijo tajante Evo Morales el pasado lunes. Dos días después, el Parlamento, de mayoría oficialista, formaba una comisión para investigar si hubo o no tráfico de influencias.

PlebiscitoA pesar de que el referéndum de hoy busca la aprobación de la población para cambiar un artículo concreto de la Constitución, la consulta se ha convertido en un plebiscito sobre la figura de Evo Morales. De hecho, algunos sectores de la oposición instan a celebrar un referéndum revocatorio en caso de victoria del no -Morales ya superó una consulta así en 2008 con el 67% de los votos-.

La bonanza económica que ha protagonizado Bolivia en la última década es el principal argumento del oficialismo para promover el en el referéndum. Así lo expresa el diputado oficialista Manuel Canelas: “Para mantener la estabilidad económica es muy importante el liderazgo del presidente Morales, para que se mantenga ese modelo tiene que seguir el presidente. Además, ahora hay fuertes turbulencias y el país ha demostrado tener buenas políticas económicas”. A las críticas de sectores de la oposición de que la intención del mandatario de gobernar hasta 2025, si saliera reelegido dentro de tres años, responde a una impronta personalista a la hora de ejercer el poder, Canelas sostiene que “puedes encontrar líderes del MAS (partido oficialista) reconocidos a nivel local, con mucha aceptación, pero, desde luego, por las circunstancias de liderazgo del presidente Morales es prácticamente imposible emular ese liderazgo nacional”. “Evo Morales representa una época”, concluye. Una época, sin duda, de estabilidad política y económica.

A su llegada a la presidencia boliviana, Evo Morales comenzó la nacionalización en los sectores de hidrocarburos, telecomunicaciones, minería, electricidad, aeronáutica y producción cementera, que han llevado al Estado boliviano a controlar, en estos momentos, un 35% de la actividad económica del país. Así, en la última década, Bolivia ha registrado un crecimiento medio del 5% gracias, en parte, a los altos precios de las materias primas que el país exporta. La buena marcha de la economía ha sido avalada por organismos internacionales como el Banco Mundial, con datos objetivos como la disminución de la pobreza extrema del 38,2% al 17%. Sin embargo, Morales afronta este año dificultades debido al bajo precio internacional del petróleo -al que está indexado el del gas- y los minerales, que ya llevaron a Bolivia a ingresar 4.000 millones de dólares menos que el año anterior.

Otro de los logros que se atribuyen al Gobierno de Morales es haber hecho de Bolivia un país libre de analfabetismo, según Naciones Unidas, así como el empoderamiento de las poblaciones indígenas, mayoritarios en el país pero discriminados hasta entonces. De hecho, con la Constitución del año 2009, el país pasó de denominarse República de Bolivia a Estado Plurinacional de Bolivia.

Los detractores de Morales, sin embargo, acusan al Gobierno boliviano de autoritarismo, corrupción y de despilfarrar millones en iniciativas que no eran imprescindibles para el país -como un satélite, un enorme museo de regalos en el pueblo natal de Morales y cientos de canchas de césped artificial- en detrimento de inversiones en los precarios sistemas de salud y educación.

“Nos vendieron que la bonanza era producto de la buena gestión y de las nacionalizaciones, pero tenía más que ver con la dependencia de los precios de las materias primas, y muchos de los recursos obtenidos no se utilizaron para resolver problemas estructurales sino para costear grandes sueños del presidente”, asegura Jimena Costa, diputada opositora del partido Unidad Demócrata. “La oposición no tiene un proyecto alternativo de país”, responde Canelas.

La Constitución impulsada por el oficialismo en 2009 establece el límite de una sola reelección continua. Sin embargo, Morales obtuvo la autorización del Tribunal Constitucional para postularse en las elecciones de 2014, bajo el argumento de que las gestiones presidenciales debían contarse a partir de la aprobación de la Carta Magna, por lo que su primer mandato (2006-2010) no se tuvo en cuenta. Sin embargo, parece que los 14 años que pasará en el poder, el mandato más largo en la historia de Bolivia, se le están haciendo cortos.


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