Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Tribuna abierta

Valores para crear o padecer

Por Ander Gurrutxaga - Viernes, 19 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Imagen

Galería Noticia

Imagen

La sociedad desarmada de valores primigenios, la que los ‘vende’ y no instituye normas claras de elección y decisión o no sabe qué hacer con ellos, está llamada a vivir a la intemperie.

Es frecuente leer o escuchar opiniones del tenor siguiente: la generación joven es la “mejor preparada de la historia”;otros citan el talento que atesora;los más, la falta de oportunidades;pero, por otra parte, las estadísticas sociales recogen tasas elevadas de desempleo en esta cohorte de edad y transiciones problemáticas e irregulares hacia la madurez. La cuestión transita, o así debe ser, por otra vía: las oportunidades contrastadas. Si no ocurren, se corre el riesgo de no realizar las expectativas, pero no porque no tengan talento, creatividad, capacidad de trabajo, imaginación, formación, etc, sino por falta de ocasión, azotados por la precariedad laboral, con dificultades para el acceso a la vivienda, para la creación de oportunidades vitales y con niveles de renta sustancialmente más bajos que los ocupados mayores de 30-35 años.

En la reflexión sobre el conocimiento social de las cosas, las llamadas al futuro laboral de los jóvenes se encuentran, casi siempre, con el poder de los intangibles y con el peso de los valores en las decisiones públicas que afectan a los empleos. El dato del descubrimiento es que los procesos sociales, la política o la economía siguen, en más ocasiones de las necesarias, caminos ciegos y sin salida. Requieren, por contra, de una ética, moral y sistemas de creencias que manifiestan respeto, responsabilidad y coherencia por lo que dicen y, sobre todo, por lo que hacen. Tendemos a pensar que la ética es un asunto de la moral privada y de la vida de cada individuo, olvidándose que “se ve mejor”, paradójicamente, en contraste cuando no se tienen o no funcionan.

Esta llamada pugna con lo que es uno de los problemas de nuestro tiempo: la “crisis de valores”, olvidando que la cuestión básica es la decisión sobre cuáles son los más importantes. La fuerza de la argumentación no está en el “regreso a valores” sino en las buenas prácticas que los sostienen. Estas tienen que ver con la invención y la recuperación de soluciones institucionales, nuevas formas de organizar la participación social y las relaciones civiles, crear conocimiento social, alumbrar la importancia de las relaciones sociales -los hilos invisibles que cuando están no se notan, pero cuando no se tienen, casi todo se derrumba a su alrededor- y promocionar valores que producen buenas prácticas frente a los que propician malas acciones. No puede olvidarse que la creación de empleo para los jóvenes son, sobre todo, buenas prácticas que dependen del arsenal de valores y formas de hacer de las que dispone la sociedad concreta.

En el recorrido por el mapa de las buenas prácticas y las hemerotecas se encuentran mil y un ejemplos de la confusión en la retórica pública, aquella que dice “hay que hacer”, “vamos hacer”, pero nunca da cuenta de “lo hecho”, no evalúa lo realizado, en la mayoría de las veces porque los resultados son exiguos y la propaganda es lo único real. La crisis financiera es una muestra, pero no es la única, las políticas de empleo dicen y definen lo difícil que es mantener valores y buenas prácticas, el discurso político está, también, atravesado de similar problema, de ahí la vulnerabilidad de muchas de sus afirmaciones. Ciertamente, la vida pública no carece de imposturas mil. No olvidemos que, en ocasiones, no importa tanto lo que se dice sino lo que se oculta o no se explica porque no se puede.

La sociedad desarmada de valores primigenios, la que los “vende” en ese mercado y no instituye normas claras de elección y decisión o la que no sabe qué hacer con ellos, está llamada a vivir a la intemperie. Las crisis eliminan espejos para que no miremos con atención a los que hacen y erigen la impostura y la mediocridad como valores que funcionan bien en el ejercicio de mucho liderazgo banal. Si ocurre, la enseñanza es clara y el decálogo a seguir, también: no aspire a las buenas prácticas, no las practique, transfórmelas en retórica;diga a los demás lo que hay que hacer, pero absténgase de hacerlo;insista en la importancia de los valores, pero vacíelos de contenido y, sobre todo, elija los que menos exigen y den más beneficios e insista mucho, mucho, en los valores, incluso sea el apóstol seglar de los mismos, pero no elija aquellos que puedan desenmascararle. Simule, es decir, elija la retórica para ocultar aquello que dice tener pero no tiene.

En la era creativa, ningún país ni región dispone de la llave que cierre la puerta de la creatividad ni pueda erigir el cartel de “esto es propiedad privada”. Los países que avanzan fomentan nuevas industrias, mantienen la sociedad libre y abierta, invierten en creatividad (formación, investigación científica y tecnológica y cultura) y, sobre todo, atraen y no dejan que se marchen personas con energía e inteligencia y talento. En estos casos, las economías son fluidas y la creatividad social, activos a cultivar. El pronóstico es que los países líderes del futuro no serán necesariamente gigantes económicos sino las sociedades que mejor construyan climas dinámicos, generen productos creativos y les doten del conocimiento social adecuado. Por eso, hay que prestar atención, mirar y mirarse en países y regiones que concentran esfuerzos para atraer todo tipo de personas y fomentar la creatividad. Este hecho -cree, por ejemplo, R. Florida- es el elemento clave de la competitividad mundial, más que los flujos de bienes y servicios o capital. La amenaza, como se detecta, es que personas creativas con talento ya no quieran acudir a esa ciudad, quedarse en el país o, peor aún, que deban marcharse por falta de oportunidades, porque no lo encuentran atractivo debido a que otras ofertas son más interesantes.

Hay una narrativa que constituye los cimientos básicos desde los que se organiza el conocimiento social de las cosas. La metáfora es la historia de Aladino y la lámpara maravillosa. Aladino sabe las dificultades que tiene manejar al genio de la lámpara cuando este abandona el lugar de descanso: el interior del artilugio donde se deposita encogiendo el cuerpo. Problemas similares tiene el sentido de la industria y el de los entornos productivos pero, como ocurre con el genio de la lámpara, admite los usos y también la importancia estratégica del empleo. Con salarios inadecuados, sin ofertas cualificadas y sin el relevo generacional asegurado, todo es más difícil, las sociedades se empobrecen, se quedan sin recursos básicos para promocionar la innovación y la creatividad. No debemos olvidar que las sociedades también deben responder a la tentación de la decadencia y la implosión de sus expectativas.

La conclusión es que el problema de nuestro tiempo no es tanto la crisis -periódica y conocida por la naturaleza humana- sino la debilidad. Este es el problema. El conocimiento social de las cosas indica el valor de los liderazgos, asociados con buenas prácticas en múltiples ámbitos e instituciones sociales porque si no se tiene éxito con este objetivo, la impresión que se transmite es que estamos ante la generación educada en la escuela de la intemperie, la retórica del ensimismamiento, la falta de esfuerzo, políticas sin futuro o valores light. Es el tiempo en el que hay que elegir entre líderes dirigidos por la inteligencia práctica, eficaces, largos de mira o líderes sin un conocimiento profundo de los hechos y cosas, que huyen del estoicismo, de los valores del esfuerzo y la austeridad y reclaman la sociedad a la intemperie. Este, me temo, es otro desafío que espera respuesta.

Los países que avanzan fomentan nuevas industrias, mantienen la sociedad libre y abierta, invierten en creatividad y, sobre todo, atraen y no dejan que se marchen personas con energía, inteligencia y talento


La conclusión es que el problema de nuestro tiempo no es tanto la crisis -periódica y conocida por la naturaleza humana- sino la debilidad o la ausencia de respuesta a la misma. Éste es el problema


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902