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Ángel Illarramendi

Compositor

“El artista tiene que ser valiente, es la única forma de crear”

El compositor zarauztarra Angel Illarramendi estrenó ayer la pieza ‘Obertura Zarautz’ junto a la Orquesta Sinfonica de Bilbao en el Palacio Euskalduna

Una entrevista de Araitz Garmendia Fotografía Pablo Viñas - Viernes, 19 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Ángel Illarramendi, compositor.

Ángel Illarramendi, compositor.

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Ángel Illarramendi, compositor.

Bilbao- Ángel Illarramendi (Zarautz, 1958), compositor de numerosas bandas sonoras de películas de directores como Montxo Armendáriz, Elías Querejeta o Pedro Olea, asegura que dedica la “misma energía” a escribir para el séptimo arte que a componer sus propias sinfonías. Ayer, Illarramendi estrenó en Bilbao la pieza Obertura Zarautz de la mano de la BOS, a la que dirige el maestro Nabil Shehata y que tiene como solista invitado al pianista getxotarra Miguel Ituarte. Esta tarde, a las 19.30 horas, volverá a sonar en el Palacio Eukalduna en la segunda cita del estreno.

Estreno absoluto en el Palacio Euskalduna, ¿tuvo nervios o con los años ha ganado en tranquilidad?

-Cuando estrenas una obra, siempre estás nervioso, pero esta vez desaparecieron los nervios. No conocía al director Nabil Shehata, pero es un hombre fantástico y me he entendido muy bien con él. Por otro lado, la Orquesta Sinfónica de Bilbao está en un momento buenísimo, me he quedado muy gratamente sorprendido, suena realmente bien. Una orquesta se tiene que sentir segura con el director, y Sehata es un tipo elegante que les marca muy bien y que ha entendido la obra.

Asegura que la inspiración le tiene que pillar receptivo, ¿cuándo y en qué se inspiró para ‘Obertura Zarautz’?

“Esta obra me supuso una gran responsabilidad porque yo soy de Zarautz y no podía hacer cualquier pendejada”

-No solo los artistas tenemos que estar siempre receptivos, debemos estarlo todos los humanos. La creatividad es como cuando uno va abriendo caminos: cuando abres uno, se abren varios. Esta composición es un encargo del ayuntamiento de Zarautz del año 2002. Me supuso una gran responsabilidad porque yo soy de Zarautz, y no podía hacer cualquier pendejada. Tenía muy presentes los conceptos básicos que debía tener esta pieza: debía ser una obra con un sabor vasco y también ser alegre. Me apetecía mucho hacer algo rítmico y vital.

Ha dirigido muchas de sus obras, ¿por qué no lo hace en esta ocasión?

-Me pongo muy nervioso, soy un desastre, no es lo mío. Soy muy temperamental y gesticulo muchísimo. Lo bueno es que cuando dirijo, sé lo que quiero y suena como yo espero. No hay peor cosa que un director que no sabe lo que quiere, porque si no transmites a los músicos lo que deseas, saldrá mal.

¿Qué le acercó al séptimo arte?

-Fue una casualidad. Me llamó Montxo Armendáriz, que iba a grabar Tasio. Yo ya había creado para Luis Iturri, un bilbaino que dirigió el Teatro Arriaga, la música para Las Troyanas, de Eurípides, en versión teatral. Después conocí a Elías Querejeta, y el resto llegó rodado;fue un no parar. Me encanta hacer cine, pero me entusiasma también la música sinfónica. Me divierten las dos cosas, y pongo la misma energía en el cine que en las composiciones sinfónicas, porque no hay trabajos menores.

“Tenía claro que esta pieza tenía que tener sabor vasco y ser alegre, quería hacer algo rítmico y vital”

Fue alumno de Francisco Escudero, ¿cómo le recuerda?

-Era un hombre entrañable, un músico con una gran técnica y un buen maestro. Yo me llevé muy bien con él. Recuerdo que me daba clase en su casa y después solía ir al conservatorio. Yo muchas veces le acompañaba paseando y charlando. Fue un hombre de gran calidad humana, y guardo un gran recuerdo de él.

Dicen que a través de las sinfonías se puede seguir la vida del autor, ¿en que momento vital se encuentra ahora?

-La sinfonía es como un diario. Mi primera sinfonía la terminé con 25 años. La novena la he terminado con 56. Son momentos distintos de la vida. Con los años sabes más y la madurez artística es otra. También suele decirse que la época juvenil de un músico es más fresca y vital. Personalmente, cuando comencé a componer, el intelectualismo estaba tan instalado que yo quise hacer lo contrario. Siempre he sido un niño travieso, y sigo siéndolo. Creo que el artista tiene que ser valiente, es la única manera que tiene de crear y de serlo, y desde luego merece la pena vivir valientemente.

¿Qué metas se ha marcado a corto plazo?

-Hace años compuse una ópera de cámara, Zapatos de mujer, y me sentí muy a gusto. Ahora, de alguna forma, la ópera me persigue, y tengo varias cosas en el aire que espero que terminen cuajando. También quiero seguir con mi música sinfónica. Comenzar a componer una sinfonía siempre es una aventura.


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