Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Tribuna abierta

El resurgimiento del barroco

Por Xosé Estévez - Jueves, 18 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

belén Esteban y Jorge Javier Vázquez

Galería Noticia

belén Esteban y Jorge Javier Vázquez

El Barroco no es solo un estilo artístico sino también y sobre todo una mentalidad y un modo de entender la vida que atravesó como hilo conductor toda la sociedad del siglo XVII. Un análisis desapasionado de esa época permite encontrar notables analogías con la sociedad actual.

La tendencia al fasto, el espectáculo circense parlamentario con corbata o sin ella, la suntuosidad, la afición a la ostentación televisiva, el despojamiento interior ante la cámara, la teatralización, la pompa, la etiqueta, el ritualismo, la ceremonia cabalgan de nuevo por doquier como en los mejores tiempos del barroco calderoniano, aunque se disimule bajo vestiduras informales o peinados exhuberantes y estrambóticos. La teatralización llega a tales extremos que existen pugnas por la ocupación del espacio: platea burguesa, tribuna aristocrática o gallinero plebeyo. Los nuevos y repentinos magnates y políticos recientes no escapan a la tentación y algunos peces mueren por la boca de la incoherencia en virtud de ese afán barroco de demostración externa. Resucitan las lujosas bodas con ceremonial litúrgico, aunque los contrayentes y comensales se declaren agnósticos o ateos, porque el ritual de los juzgados resulta excesivamente impersonal y frío.

La fachada, la ornamentación, la exageración y la pantalla adornan los folletos de marketing. Conozco centros de enseñanza, que venden en su engañosa propaganda la excelsitud de sus métodos didácticos, enseñanza personalizada, formación integral, eficacia pedagógica, entrañables aulas, atención permanente tutorial y utilización de postmodernos y sublimados instrumentos informáticos y on line. Pero la realidad no cumple con las expectativas prometidas.

La hipocresía y el tartufismo colorea, al estilo de la comedia de Molière, todas las relaciones humanas, externamente revestidas de sonrisa forzada, cuando la espalda es testigo de desprecios, reproches, odios y zancadillas. En las comedias de Lope de Vega no existía mengua de la honra, si el pecado no era público y notorio. En el clima actual se alardea de banalización, notoriedad y morbo en el deshonor, de tal manera que es conveniente proporcionar eco inmediato a las desvergüenzas y la externalización de las bajezas en los medios de comunicación para mantenerse en candelero al precio que sea, como en el clásico proverbio: “ladran, luego cabalgamos”.

Ni siquiera se lee al Quijote, manipulado como símbolo, prez y culmen del hispanismo más rancio. Frente a la utopía delirante de Alonso Quijano, sublimador de las glorias imperiales e ignorante de la crisis de la sociedad española de la época, surgía la voz profética y realista de Sancho Panza, conocedor de la triste situación del común de los mortales, asediados por la inmediatez del logro del manjar cotidiano. Los hidalgos españoles preferían vivir de glorias pasadas y del idealismo de un imperio “donde no se ponía el sol”, padeciendo “un sublime encantamiento”, en frase del arbitrista Cellorigo. El IV aniversario del fallecimiento de Cervantes en este año 2016 debería ser aprovechado para que en el Estado español reflexionase sobre las sabrosas enseñanzas que emulsionan de sus obras más emblemáticas, entre ellas El Quijote.

El humo del incienso adulatorio encumbra a los altares de la popularidad y en la misma proporción el olor a la chamusquina inquisitorial rebaja repentinamente a los infiernos de la impopularidad. La confesión, la dirección espiritual y los ejercicios ignacianos han sido sustituidos por instrumentos similares laicos, el sicólogo, el coaching y la inteligencia emocional. Estos dos últimos son inventos magistralmente diseñados por sicólogos norteamericanos para domesticar y eliminar la lucha de clases.

La mentalidad barroca incidía más en el sentimiento que en la reflexión, en el exterior más que en el interior, en la pasión más que en la convicción, en la procesión más que en el recogimiento, en la forma más que en contenido, en la apariencia más que en fondo, en la fiesta más que en el trabajo callado, en la iglesia más que en la capilla, en la escena más que en el camerino y en la grandiosidad más que en la humilde sencillez. ¿No ocurre otro tanto en la actualidad?. ¿La vida no es un continuo reality show, que rueda entre el arco de triunfo de Luis Bárcenas y las redondeces de Belén Esteban? La grandeur de un Hollande, el zarismo de un Putin, la ciudad de la cultura de Valencia, el Guggenheim, la capitalidad cultural y de ya no sé quién suscitan más entusiasmos que las desconocidas tareas de una asociación cultural de barrio. La manifestación de la insapiencia antes se escondía o se silenciaba con vergüenza, ahora ampulosamente se manifiesta sin ningún tipo de rubor ni pudor, como he podido comprobar durante mis 40 años de docencia.

Las procesiones, ritos y ceremonias litúrgicas, donde las damas de alcurnia y los ilustres próceres, desde marqueses hasta fijosdalgo de gotera y bragueta, lucían sus prendas, vestimentas y atavíos, son equivalentes a los desfiles de moda, tertulias televisivas, bodas cortijeras y galas de premios Goya. El sentido hidalgo e idealista de la honra y el honor, patrimonio del alma, tan bien iluminado por Lope de Vega en sus comedias, solo ha sufrido un ligero desplazamiento hacia un concepto burgués y pragmático del dinero, hedonista y poderoso din-don quevedesco, sensación vislumbrada ya por Cervantes en El Quijote.

Empezaban a pulular en villas y en la Corte personajes advenedizos, ávidos de encumbramiento social, que habían obtenido el título nobiliario mediante compra, matrimonio o falsificación de hidalguía para eliminar cualquier sospecha de mácula conversa. Eran objeto de hilaridad generalizada. Sus congéneres de clase baja los consideraban traidores y el estamento receptor de abolengo ancestral los motejaba de intrusos de humilde ralea. Lope de Vega en su comediaEl villano en su rincóndescribe perfectamente este fenómeno social.

Las culturas estatales barrocas eran cerradas en sí mismas, proclives al recelo mutuo, pireinizadas frente al mestizaje, con predominio del alarido sobre el silencio y de la sombra frente a la luz. Hoy la caja tonta subyuga las miradas, bloquea el pensamiento e impone una inexplicable laxitud incomunicadora. Los estridentes altavoces discotequeros acallan la vida interior y la soledad no se comparte, se interioriza tanto que induce a la búsqueda de sustitutivos ficticios y en el último extremo a la evasión definitiva, el suicidio.

La política exterior se amparaba bajo los principios teóricos de la búsqueda del equilibrio y de la razón de estado, utilizando como argumento la defensa de la religión y de la patria. Pero en la práctica todos los convenios internacionales terminaban con la salida a la escena internacional de una potencia hegemónica, que imponía sus condiciones, sembrando los gérmenes de un nuevo conflicto y originando una permanente situación de persistente agresividad. España primero, más tarde Francia y después Inglaterra monopolizaron ese dominio. Hoy, la teórica defensa de la libertad y del orden internacional sirven de pretexto para la intromisión y el predominio monopolístico de poderes económicos transnacionales, que intervienen y provocan teatros de operaciones bélicas fuera de sus propias fronteras.

El mercantilismo, teoría político-económica del esplendor barroco, se ha reinstalado, en su vertiente más estricta y radical, el crisohedonismo o bullonismo, en la sociedad actual. El olor y placer del oro y el dinero engendra adhesiones idolátricas. La elusión fiscal de los estamentos privilegiados, nobleza y clero, no está muy alejada de la actual evasión a paraísos fiscales, ínsulas baratarias y Sicav. La marginalidad y las desigualdades sociales, denunciadas por Cervantes en el Quijote, tienen hoy sus altavoces proféticos en Oxfam o Cáritas. La corrupción reinaba por doquier y enhebraba todos los hilos de la maquinaria burocrática. Incluso el propio Cervantes estuvo encausado por un delito de malversación de fondos públicos. Hoy es un problema palpitante y generalizado. Recuerdo al respecto un dibujo del caricaturista gallego Xaquín Marín. Al observar el paso lento y el porte cabizbajo de un político bien trajeado y encorbatado, un anciano gallego, con su clásica retranca, le comenta a otro:”!Mira ese!, es un político tan fracasado, que ni siquiera ha llegado a imputado”.

El poder y la cúspide jerárquica se alcanzaban por herencia, sangre, vínculos parentales o amicales, poder económico, nepotismo y adulación. La erótica del poder ha creado auténticos especialistas del peloteo y la bisagra y ha encaramado, tal como advierte el principio de Peter, a los más ineptos a las cotas más altas del validazgo. Los gobiernos de distinta índole, las empresas y los centros de enseñanza están plagados de una variopinta caterva de incapaces, cuyos únicos méritos son la elasticidad de su columna vertebral, el asentimiento pleno, externo y continuo y la incapacidad del discurso metódico.

solo advierto una clara diferencia y se refiere al lenguaje. Ya fuera la opción ampulosa y culterana de un Góngora, ya la conceptista y sobria de un Quevedo, ambas estaban dotadas de un rico, amplio, incisivo, irónico. sabiamente respetuoso y literariamente bello dominio del lenguaje. Por el contrario, proliferan en la actualidad la repetición de anacolutos y muletillas, los epítetos groseros y soeces, el reduccionismo del vocabulario, la reiteración de frases, la ausencia de argumentos, la alusión a defectos personales, la confrontación estentórea, la carencia de sutil y fina socarronería y la intervención inaudible colectiva.

Esta cultura conservadora, débil y acrítica ha generado controles inquisitoriales, sutiles y sibilinos, con sus dosis de teatralidad moderna y su vulpínea pedagogía del miedo, contra los disidentes y heréticos, convirtiendo a los intelectuales en estómagos agradecidos y amedrentados pesebristas.

Y no se atisba en el horizonte cambio inmediato, a pesar de la euforia existente ante la irrupción de nuevas fuerzas emergentes. Ojalá, y me alegraría equivocarme, pero presiento que se cumplirá el dicho de Castelao, aquel eminente, honrado e íntegro galaico:”¿Qué diferencia hay entre los viejos y nuevos caciques?. Los viejos ya están hartos y los nuevos traen mucha hambre!”.

La confesión, la dirección espiritual y los ejercicios ignacianos han sido sustituidos por instrumentos similares laicos, el sicólogo, el ‘coaching’ y la inteligencia emocional


La mentalidad barroca incidía más en el sentimiento que en la reflexión, en el exterior más que en el interior, en la pasión más que en la convicción. ¿No ocurre otro tanto en la actualidad?


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902