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Aniversario

Por Ignacio Pérez-Ciordia - Miércoles, 17 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

En marzo de este año se cumple el tercer aniversario de la proclamación del Papa Francisco. Su elección tuvo un componente de karma que le acompañó en los primeros meses del papado;hoy día ha entrado en una fase de adormecimiento mediático, preámbulo de críticas internas apadrinadas con frecuencia por cardenales de solsticio, de relumbrón.

En este tiempo, el primado de la Iglesia Católica ha dado un vuelco a los dictados que han imperado en la misma, al menos desde el Concilio Vaticano II. Los antecesores del Papa Francisco estaban en las antípodas del día a día de la sociedad, con el consiguiente alejamiento de las bases en pro de movimientos más cercanos en fachada pero más radicales en sus postulados, cuando no del abandono de la religión.

El Papa actual es mas social y, quizás, menos teologal;más preocupado por problemas cotidianos, cercanos a la población, con un lenguaje más popular.

El año mariano se ha trocado en preocupación por el medio ambiente;la canonización de figuras montaraces de la Iglesia, en un reconocimiento de personas como el arzobispo de San Salvador asesinado por escuadrones de la muerte;la expulsión de la iglesia de separados y homosexuales, en la aceptación de formas de familia no tradicionales;el consentimiento implícito de la pederastia, en una condena tajante de la misma e incluso de sus consentidores. El cambio es notable, tan notable que incluso personas alejadas de la Iglesia y críticas con la misma reconocen la labor humana de una persona que parece actúa más como presidente de la Ciudad del Vaticano que como representante de Dios en la tierra. Incluso se ha llegado a debatir, por el propio interesado, la fiabilidad de su ministerio.

Podemos seguir contrastando lo previo con lo actual, la iglesia negra, rancia y conservadora con la iglesia social y humanista;la iglesia de pecado, charanga y rosario diario con la iglesia capaz de aunar voces marginadas, incluso marginadas por la propia iglesia.

El Papa despierta atracción, incluso cierta mitología, amplificada por los medios, por las manifestaciones que proclama en defensa de unos valores denostados para la jerarquía. Año mariano, pecado (original), colectivización de la culpa, infierno, castigo eterno, penitencia, dogmas, milagros y un sin fin de palabrería para justificar el poder y dominio del clero sobre la sociedad creyente, sirviendo de grupo de presión ante actividades no beneficiosas para ellos o sus intereses. Y ello se ha trasladado a las diferentes conferencias episcopales. La Iglesia ha dejado de codirigir manifestaciones convocadas por organizaciones católicas extremistas en defensa de los valores patrios. El actual Papa se ha distanciado de todo ello, aduciendo que para escuchar mensajes políticos ya están los políticos. Por contra, su encíclica medioambiental es de contenido social, dirigida a la humanidad entera con independencia de su religión y no solo a sus fieles;por fin se empieza a debatir y criticar el infantilismo de las leyendas bíblicas.

La Iglesia necesitaba un cambio radical, no solo pintar la fachada;todos necesitamos una catarsis.

Sin embargo, además de profundizar en esa labor de limpieza de la Babilonia, tan denostada incluso por los mismos creyentes, presenta también algunas carencias referentes a los tempos.

Primero: se precisa un mayor control sobre esos lobos solitarios de obispos que actúan usando los viejos métodos. El Papa habla o calla, pero los obispos hacen o deshacen. Vienen a decir, en argot administrativo;tú (vos) pon la cara y haz las leyes, que nosotros haremos las normas. Se han creído imperecederos, con poder omnímodo, y malconfunden el predicar con dar trigo,

Segundo: conceder indulgencias es un atavismo;administrar indulgencia plenaria con excusa del Jubileo a la Legión de Cristo, cuyo fundador, pederasta, ha sido el paradigma de una iglesia corrupta, nos chirría. No hay justificación posible, ni siquiera la del retroceso para coger impulso. ¡Y todo por dinero!

Tercero: las inversiones en empresas no éticas y las irregularidades económicas descubiertas del Instituto de Obras de Religión como protagonista del blanqueo de dinero entran en contradicción con la Iglesia de los pobres. Los postulados a santos con candidaturas que se pagan a precio de oro y la propiedad vaticana de la tercera parte de los edificios de la ciudad eterna lo corroboran. La discreción fue siempre más teologal que la virtud.

Y todo ello en una órbita contradictoria con los intereses del Vaticano y sus próceres a perder sus privilegios. Sin duda, las batallas más crueles del Vaticano, de sus cardenales, tienen que ver con el poder y el dinero, auténticos Don Corleone de chaleco amarillo por sus modos operandi;y la organización religiosa “una viña devastada por jabalíes” (Benedicto XVI).

Cuarto: la caldera de Pedro Botero es un eufemismo barato con que castigar los abusos brutales que han puesto en la picota la Iglesia como institución. La presencia de la mujer en la Iglesia continúa a la espera de mejores tiempos.

La religión como factor unificador en la convivencia necesita una catarsis social y episcopal que facilite la misión de cohabitación. Las declaraciones del Papa denunciando el uso fraudulento de la ONU para legitimar guerras suponen un punto de equilibrio con los abusos de las grandes potencias;la defensa del medio ambiente supone una defensa de los derechos humanos y una guerra contra las nuevas formas de esclavitud o cinturones de pobreza de las grandes ciudades.

Es ciertamente meritorio el intento de eliminar los ideales más rancios y anacrónicos de la institución;el Papa Francisco necesita coraje y ayuda para evitar la oposición de los rigoristas, pero también velocidad en sus reformas para que éstas no se conviertan en puro populismo

Estando Voltaire falleciendo, le pidieron que renunciara al diablo y él respondió: “No es momento de hacer enemigos”.


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